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25 de marzo de 2026 0

Santificar las fiestas no se reduce a ir a misa el domingo

(Una entrevista de Javier Navascués).-

Entrevistamos a Francisco Martín, que acaba de publicar un libro sobre el tercer precepto del Decálogo Santificar las fiestas no se reduce a ir a misa

Con lo que está pasando y puede pasar, ¿Usted cree importante hablarnos de esto?

Es el precepto más repetido en la Biblia con mucha diferencia. Y recordemos que la infracción de este precepto, cuando Moisés, estaba penado con la muerte, tanto como el adulterio o herir a los padres. Ahora está todo muy frivolizado e incluso se bendice el adulterio, pero tiene esa gravedad (aunque ahora no se lapide al pecador).

Y quizá no lo conocemos suficientemente…¿Por qué no es suficiente ir a misa?

Exacto. No podemos quedarnos con el conocimiento de la doctrina que aprendimos de pequeños, que suele reducir cada precepto a una frase o poco más. Más con éste que parece «facilón».

Nos quedamos con el precepto de la Iglesia (de asistir a misa todas las fiestas de precepto), y nos olvidamos que hay una ley de Dios «por debajo» (o por encima), que es «santificar las fiestas», que en tiempos bíblicos, como no había misa y los sacrificios sólo se hacían en el Templo de Jerusalén, donde no todos podían asistir, es decir, que no formaba parte del precepto del Sábado, pues santificaban las fiestas no trabajando y dedicándolas a rezar, aprender religión, o hacer obras de misericordia.

Desde luego que no hay que caer en los errores de los fariseos, que prohibían desatar un nudo en Sábado, pero quizá estamos cayendo en el extremo opuesto por desconocimiento de la doctrina.

Y muchos dedican los domingos a fiestas nocturnas y diurnas poco santas.

Sí, porque además las fiestas de los sábados noche entran en el domingo.

Muchos dirán que después de pasar la semana trabajando, lo que apetece es levantarse tarde el domingo y pasarlo de diversión con la familia o amigos.

En este libro se recuerda la doctrina, luego (como también explica el libro), cada uno debe ver si no le queda otro remedio o puede hacerlo mejor. Es decir, hemos de conocer bien la doctrina para saber «a qué distancia», o «cuánto nos apartamos» de la ley, para darnos cuenta si lo que hacemos está justificado o no. Si no sabemos cuál es el límite de velocidad en una carretera, no sabemos cuánto nos estamos «pasando», o si estamos dentro de la legalidad.

Explíqueme más del libro.

El libro tiene dos partes:

La primera es una breve introducción al tema usando un escrito del siglo XIX, traducido del francés, porque entonces hubo en Francia mucho debate sobre este precepto: se pronunciaron obispos, e incluso el famoso cardenal Pie. El escrito contiene varias citas de ellos recordando los principios básicos del tercer mandamiento, apoyados por citas de la Biblia, y del Catecismo para Párrocos del Santo Concilio de Trento, o incluso de lo que decía y hacía el santo cura de Ars, que murió por aquella época, es decir, que se guardaba fresca su memoria, los testigos todavía vivían.

La segunda parte es información adicional que he añadido para completar el tema.

Oiga, ahora que no nos oye nadie… ¿pasar los domingos sin diversiones y sólo rezando, estudiando de religión, no será algo aburrido?

Ahora que no nos oye nadie: eso pensaba yo también hasta que lo probé. Contestando en detalle: una cosa son las santas recreaciones, como los paseos que nos demos con la familia, y otra las recreaciones pecaminosas. Por otro lado, esto que me dice es como cuando estamos alejados de Dios, que no entendemos a los que están cerca de Él, y pensamos ¡que debe ser una vida aburrida! Cuando, por la gracia de Dios llegamos a Su lado, nos damos cuenta de lo errados que estábamos, y de lo infinitamente mejor que es esta vida.

A mí me parece claro que podemos llegar a niveles de santidad muchísimo mayores de los que alcanzamos, y a mayor santidad mejor nos lo pasamos. Me parece evidente que cuanto más santos, más felices somos (¡ya en la tierra!), porque los santos han sido gente felicísima.

¿Alguna cosa más?

Sí. Solemos ver los mandamientos como imposiciones, como cosas «malas» porque nos coartan nuestra libertad. Es un poco como cuando éramos jóvenes y percibíamos igual lo que nos decían nuestros padres. Hay en parte una causa puramente biológica en ello. Nosotros tenemos un cuerpo animal, y ese cuerpo tiene unos instintos que nos dicen que los demás son competidores. Y los primeros con los que topamos, lógicamente, son con los de la familia: padres y hermanos. Si no tenemos una educación correcta podemos quedarnos en ese rol, con esa percepción de los demás de nuestra familia. Y nunca nos faltan motivos, porque como nuestros padres sólo eran santos y no santísimos (sin pecado), pues siempre tenemos algún motivo real de que acusarles.

Y peor si encima nos hemos creído que el amor es un «dar y tomar», o sea, contabilidad, etc. Como le digo, la educación nos debe ayudar a sobreponernos a esos instintos, darnos cuenta que nuestros padres nos amaron como supieron, y por tanto llegar a limpiar todo rencor. Igualmente nos pasa con los mandamientos, podemos quedarnos en esa actitud de rechazo, o pasar a reconocer que son los consejos de nuestro Padre bondadosísimo, por tanto para nuestro bien, y que por tanto, cuanto mejor cumplamos ¡más nos benefician! (y para cumplirlos mejor hemos de conocerlos mejor, claro, no quedarnos en una frase: «santificar las fiestas», «no matarás», etc.).

Yo ya me veo muy justo. Aún así, ¿todavía me conviene el libro?

Sí. Por un lado, recuerde que no hay manera de tener 100% de certeza de estar en gracia de Dios. Que podemos tener indicios muy probables, pero nunca certeza absoluta. Por otro lado, recuerde que el Evangelio nos dice que «el justo peca siete veces al día», y que «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros» (I Juan 1,8). No es por hipocresía, es porque a veces nos cuesta mucho vernos los pecados. Por eso necesitamos la ayuda de otras personas o libros que «nos abran los ojos», para así no dar pie a que el Demonio, el día de nuestro Juicio, diga: «El encausado rechazó las ocasiones de aprender lo que debía saber: ignorancia ¡culpable!».

O quizá no estamos pecando gravemente (Dios no lo quiera) pero sí venialmente, con lo que sí podemos santificar un poco mejor las fiestas. Y ese poquito mejor nos dará un poco más de mérito para toda la eternidad.

¿Y cómo puedo conseguir el libro?

De momento sólo en Amazon (en papel o ebook)

(https://www.amazon.es/Santificar-las-fiestas-reduce-misa/dp/B0GQPLTHTN)

Está también previsto venderlo en España en librerías. Cuando esté disponible se informará en la reseña del libro en la web martin13.com.

(https://martin13.com/r/resena-libro-santificar-las-fiestas.html).

Muchas gracias y que Dios le bendiga.

A usted, igualmente.

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