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6 de diciembre de 2022 1

Pues nada que celebrar ni idolatrar este 6 de diciembre…

(Por José Fermín Garralda) –

No pensemos que lo sabemos bien. Hemos hecho de la Constitución un dios, aunque ya muchos de sus amantes se ríen de él, dejando constancia que la utilizaron para engañar -la gran Mentirosa le llamaban algunos-, paralizar todo y a todos, y meter al lobo con piel de oveja

Tampoco digamos que es inútil manifestar lo que pensamos, y que no hay que molestarse. No es inútil y hemos de molestarnos, porque no querer a Dios en la Constitución -expulsarlo de ella como el gnóstico o el ateo-,  ha hecho que Dios permita negativamente (tolere) que la convirtamos a ella misma en dios. En un ídolo. Y somos idólatras. Por eso nadie se mueve contra ella, ni contra toda o parte de la corrupción «legal» que, trampeando el texto constitucional en la práctica, o porque ella lo permite y estimula, con mil trampas, se ha generado durante cuarenta y cuatro años.

Hagamos un breve recorrido. En efecto, con la Constitución de 1978 -y por ella- el Estado pretende anular matrimonios naturales y cristianos (ley del divorcio del Sr. Suárez), e incluso la misma realidad del matrimonio y que sea entre hombre y mujer.

Con la Constitución de 1978 -y por ella- se asesinan miles de criaturas en el seno materno (proyecto de despenalización el aborto con Suárez y ley de González en 1985), se asesinan a una multitud de embriones fuera del vientre de la madre, porque dicen que las madres consienten. Y se pone a disposición del matarife y laboratorios todos los medios públicos. Y se pasa de la despenalización, a dar medios, a aprobarlo y a reconocer un derecho.

Con la Constitución de 1978 -y por ella- se asesinan ancianos y enfermos porque dicen que ellos lo piden. Y se pone a disposición del matarife los medios públicos al efecto.

Con la Constitución de 1978 -y por ella- se arrincona la religión en la escuela, y se corrompe abiertamente a los niños en la escuela aunque sus padres no quieran. Y se pone a disposición del corruptor todos los medios públicos.

Con la Constitución de 1978 -y por ella- la ministro Celáa dijo que los hijos no son de los padres, y las leyes actúan en consecuencia.

Con la Constitución de 1978 -y por ella- la mentira es sistemática en política, se genera y extiende la corrupción, la leyes más corrosivas se introducen con trampas flagrantes y por la puerta trasera, el Gobierno controla los tribunales de justicia, se frena todo lo que se puede cualquier declaración de inconstitucionalidad, el Gobierno se apoya en los separatistas, y los amigos de los terroristas mantienen al Gobierno.

Con la Constitución de 1978 -y por ella- se destruye a los hombres y mujeres de España, a los españoles y a España misma. Y el Estado se afana en ello con entusiasmo y todos los medios públicos. Y las movilizaciones duran dos días, carecen de efecto, y caemos en el silencio. Y nadie se mueve más.

Dijeron que la Constitución era para el progreso material, y hemos caído en una profunda crisis biológica, material y poblacional, además de moral. Dijeron que abría en camino de la reconciliación, cuando todos ya lo estaban, y hoy se ha abierto artificialmente el guerracivilismo.

Dijeron que la Constitución era para expresar la variedad de los pueblos de España frente al centralismo, y han engañado a tales pueblos con los nacionalismos, han dividido la nación, y hay 17 poderes centrales mucho más eficaces en su uniformismo y centralización, y en la ruina de la nación, que el lejano «poder de Madrid». Los estatutos de autonomía crean pequeños Estados, por delegación del gran Estado, lo contrario al gobierno de lo propio en lo que corresponda y en libertades, esto es, lo contrario a los Fueros.

Tengamos presente lo que decíamos saber. En 1978 nos mintieron. Hubo muchos cómplices, tanto políticos del viejo sistema y gran parte del alto clero (menos ocho señores obispos  que apoyaron al cardenal primado)… como los advenedizos de los partidos liberales, socialistas y comunistas, amén de separatistas.

Se ha ido diciendo que en Navarra ganó el «sí» por una abrumadora mayoría, pero no es cierto. Esto es mentira. En realidad es lo que indica la imagen:

Habrá que decirlo a los «entendidos», y eso es molesto y comprometido: cuando Dios no existe todo está permitido, tanto en el ámbito personal como en el ámbito social. Los liberales dicen que no es así, que sólo lo es en el ámbito individual y que un ámbito no influye ni afecta al otro. Sin embargo, se equivocan como los hechos han demostrado hasta la saciedad. ¿Quién puede parar el deslizamiento pendiente abajo, como si de un tobogán de máximo riesgo se tratase? ¿Quién evita la contaminación ambiental fruto de que todos puedan decir todo lo que les venga en gana, siempre que sea hacia el mal camino? Sabemos que el mal y el error son algo abiertamente tramposo, lo que impide darles los mismos derechos y equipararlos jurídicamente con el bien y la verdad. Y sabemos también que no se debe fingir en la plaza, el foro o el ágora, que todo es igual, cuando no lo es y en  cuestiones gravísimas.

No hablamos de teorías al decir que el hombre sociable por naturaleza. Lo que se vive en el ámbito público se proyecta en el ámbito privado, cuando no es al revés. ¿Y no decía Rousseau que el hombre entrega sus derechos a la voluntad general y ésta se los devuelve «leídos» o concretados de una nueva forma? ¿No fue éste el primer socialismo del fundador del liberalismo? Los liberales se empeñarán en poner a salvo la intimidad del hombre frente a los excesos del Estado liberal con el objeto de no caer en el totalitarismo, pero sin fundar todo en Dios, en Cristo, y lo espiritual-religioso en su Iglesia, tarde o temprano se cae en el relativismo. Que el relativismo sea insostenible hace que el hombre busque  su Norte en el Estado -que en realidad es una criatura-, y finalmente en el Estado todopoderoso, llegando hoy también a la omnipresencia del NOM.

Hemos llegado al presente dejando vidas como despojos por el camino. Teniendo a Dios y el pan nuestro de cada día, nos engañaron para querer pan sin Dios, y ya no tenemos ni a Dios ni pan. Quitamos al verdadero Dios para adorar finalmente a un becerro de oro algunos y todos a Baphomet.

No estamos en una posición cómoda, tecleando el ordenador. ¿Por qué? Porque aita T. dijo: «fuí a votar no a la Constitución con la misma ilusión que salí a la guerra». ¿Y nosotros qué hacemos? ¿Resguardarnos de lo que ocurre en la ciudad? Cuando el poder civil supremo (suprema potestas) se arranca del reconocimiento confesional religioso que debe a Dios su creador, cava su tumba. Ha llegado su hora, y la hora de que van a por el hombre. Porque -nos enseñó Juan Pablo II en 1989- allí donde Dios muere en la conciencia el hombre, se sigue la muerte del hombre imagen de Dios.

Ya casi hemos llegado al final del proceso, y para unos y otros y unos terceros, la Constitución de 1978, atea práctica y liberal-socialista (esto es, fácilmente masónica), sobra rotundamente. ¡Ah!, y a votación en el referéndum en 1978 fue un fracaso para el Gobierno, que no nos quiten la historia.

Ni queremos esta Constitución, ni hoy día otra frentepopulista que será peor y es la que buscan. Queremos el «volantazo» -tranquilos, que no se descarrila, todo lo contrario- del converso. No hay otro camino.

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Un comentario en “Pues nada que celebrar ni idolatrar este 6 de diciembre…

  1. Carlos Ibáñez Quintana.

    Magnífico José Fermín:
    Aprovechemos la ocasión que de las filas carlistas – la Regencia de Estella- salió una completa crítica a la Constitución que concluía con el mandato de que todos los carlistas teníamos el deber de combatirla.

    Responder

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