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26 de diciembre de 2018 0

Polémica sobre el liberalismo

En Intereconomía hemos presenciado una polémica sobre el liberalismo. En ella participaban partidarios y contrarios al mismo. Creemos necesario decir algo sobre la misma.

Alegaron los partidarios del liberalismo que sus raíces están en la escuela de Salamanca de los siglos XVI y XVII. Esa falsedad, que ha sido difundida por la Escuela de Viena, ya ha sido conveniente refutada. No insistiremos en ello.

Alegaban los defensores del liberalismo el adelanto material que la humanidad ha experimentado durante los cuatro últimos siglos. Vivimos mejor que nuestros antepasados. Nuestra generación ha experimentado esa mejora con respecto a las generaciones de nuestros abuelos y de nuestros padres. Este argumento ya fue utilizado por Ortega y Gasset. Y es una falacia. Porque, como ya apuntaba Balmes, de la coincidencia o sucesión de dos acontecimientos, no se deduce que el uno sea consecuencia del otro.

La mejora de nuestras condiciones vitales, no tiene nada que ver con el liberalismo, aunque exista una simultaneidad en la aparición de ambos. Vivimos mejor porque han aparecido muchos inventos. Y estos han sido posible por el adelanto de las ciencias físicas.

El progreso en el conocimiento de la naturaleza ha sido posible gracias al invento de aparatos que permiten conocerla mejor. Los telescopios y microscopios, junto con el reloj, desde el principio. Los medios de observación actuales constituyen verdaderas maravillas. Quienes nos acercamos a los noventa, y venimos padeciendo de una enfermedad crónica desde nuestra
juventud, henos experimentado los adelantos que se han dado en los aparatos de exploración y en los medicamentos. No creemos que la mejora experimentada tenga nada que ver con el liberalismo.

Es más, podemos afirmar rotundamente que el liberalismo y el progreso material han seguido dos caminos divergentes. En efecto: el liberalismo es el resultado de una elucubración filosófica que no tiene nada que ver con la realidad. El progreso de las ciencias naturales es el resultado de un estudio de la realidad.

Respecto a los argumentos esgrimidos por los contrarios al liberalismo, pasaron por alto el más importante: El rechazo, o al menos el olvido, por parte del liberalismo, del hecho de la Redención. La Redención es un hecho. Ha ocurrido en un tiempo y lugar determinado. En estos días conmemoramos el nacimiento del Redentor.

N. S. Jesucristo no solamente fue Redentor. También fue Verdad. Y prescindir de la Verdad, en nuestra vida social, es un perjuicio para todos. También para los que no creen en la Redención, porque se les oculta la necesidad de la misma.

Hace uno días, en estas mismas líneas, llamábamos la atención sobre la protesta pública de un grupo de mujeres a las que la aplicación de un artilugio anticonceptivo les ha supuesto complicaciones para su salud. Y recalcábamos que el rechazo por parte de ellas y de sus médicos de las enseñanzas de la Humanae Vitae las había producido el mal del que ahora se quejan. Pues eso mismo ocurre en todos los órdenes de la vida. El olvido de Dios trae gravísimas consecuencias, no solo para la vida eterna, sino para la temporal.

El liberalismo es más que pecado, si se nos permite la expresión. Los pecados se arreglan en la Confesión. Los males del liberalismo, no tienen arreglo. Y a quienes nos digan que exageramos, les remitimos a la situación actual.

 

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