10 de enero de 2020 1

¿Nación? ¿Naciones?

¿Nación? ¿Naciones?

por Zortzigarrentzale

¿Sabe alguien qué sea una nación? Se habla mucho de la nación. El honorable Pujol decía un día, con la boca llena, que Cataluña es una nación y que España no es nación. La Constitución habla de una sola nación y de nacionalidades. También hay quien afirma que España es una nación de naciones.

Nosotros no hemos encontrado nunca una definición de nación que se ajuste a la realidad. Sí, muchas definiciones, pero ninguna encaja cuando las queremos aplicar a los casos reales.

Un elemento fundamental para definir la nación suele ser la lengua. En casi todas las naciones europeas encontramos grupos que hablan una lengua distinta de la que define la nacionalidad. En Suiza se hablan cuatro idiomas, pero nunca hemos oído o leído que la Confederación Helvética esté formada por cuatro naciones, sino por veintiséis cantones.

¿Es España nación o no lo es? Nos trae sin cuidado. España es España. ¿Habrá quien se atreva a negar su realidad? La Leyenda Negra que denigra a España, es anterior a la Revolución Francesa. Es decir: anterior a los tiempos en que el término nación adquiere su importancia en el derecho político. Los autores de la Leyenda Negra, se encontraron con un enemigo a batir calumniándolo. NO se preocuparon si era, o no, nación. Allí estaba, ante ellos y contra ellos. Estaba en Flandes, Mühlberg, Lepanto, América y había que atacarla. Y nosotros la amamos por los mismo que ellos la atacaban. Y tampoco a nosotros nos preocupa si es, o no, nación.

¿Qué es España? Pues España es España. Pero si lo definido no debe entrar en la definición. A nosotros no nos preocupa la corrección filosófica, sino amar y servir a algo que llevamos en el corazón. De momento, podríamos recurrir a la definición de José Antonio Primo de Rivera: España es una unidad de destino en lo universal.

En nuestra lucha con el nacionalismo vasco, hemos tenido oportunidad de comprobar la falacia tan grande que es eso de la nación y de la necesidad de su independencia. Repetimos que ninguna de las definiciones de nación que hemos leído, se puede aplicar a la nación que soñó Sabino de Arana.

Supongamos que Euskadi es una realidad. Encontramos una dificultad insalvable a la hora de fijar los límites de la misma. Nos atenemos a la lengua. En la Euskadi que hoy sueñan los separatistas, hay más superficie donde no se habla vascuence que donde se habla. Concedamos a los nacionalistas que en otros tiempos se hablaba en territorios que hoy usan el castellano. Pero está demostrado que también se hablaba en tierras de la Rioja, Burgos y Aragón. Y nunca se ha hablado en las Encartaciones de Vizcaya y el occidente de Álava.

Si nos atenemos a nuestra experiencia personal, a lo que hemos vivido, nos encontramos con la dificultad de fijar, de una manera coherente, los límites de la Euskadi imaginada. Hemos nacido y vivido en una comarca limítrofe con el burgalés Valla de Losa. Hemos tenido mucho más trato con los habitantes de ese valle que con los del vecino Orozco, vascongado de lengua. De ponernos una frontera divisoria, vemos que sería menos absurdo nos separaran de los de Orozco que de los losinos.

En el vecino Valle de Ayala, tierra del Canciller don Pedro, hay pueblos en la parte occidental donde la ausencia de toponimia vasca es total. Prueba de que nunca se habló en ellos vascuence. Sin embargo, en la oriental, Barambio, aún se habla vascuence en algunos caseríos. Ayala es una unidad social, vital. ¿No sería absurdo dividirla por una frontera?

La dificultad de definir los límites de Euskadi se refleja en el hecho de que Sarrahil de Ihartza (Federico Kruttwig) en su obra Vasconia, incluía en su nación vasca tierras cántabras se Santoña y Laredo, gran parte de la provincia de Burgos, toda la Rioja, parte de las provincias de Zaragoza y Huesca, y la antigua Aquitania francesa.

Y todo ello por perder el tiempo en logomaquias. España es España y dejémosla unida. Más aún: procuremos corregir el error histórico de la separación de Portugal. La unidad siempre es un bien. El mal está en la centralización política, fruto de la divinización del estado. En esos gobiernos de monstruosa burocracia que, incluso, le prohíben a un padre educar a su hijo.

Nuestros políticos, en vez de perder el tiempo en sutilezas, harían menos estudiar nuestras necesidades y gobernar para remediarlas. O irse a escardar cebollinos.

Zortzigarrentzale

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Un comentario en “¿Nación? ¿Naciones?

  1. Fermin de musquilda

    Muy clarificador y práctico.

    Responder

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