24 de octubre de 2020 0

Moción de censura a la partitocracia

Por Javier Garisoain

Acaban de emitir en la tele un “reality show” llamado “Moción de Censura”. Ha sido interesante porque ha puesto de manifiesto, una vez más, qué es lo que puede dar de sí este sistema político que llamamos partitocracia. Esto de censurar al mal gobierno está muy bien. Era necesario. Pero la próxima moción de censura habría que hacerla contra el sistema. O sea, contra la Constitución, la falsa monarquía, los partidos y sus ideologías.

Hay quien prefiere tomárselo a broma asumiendo que el Parlamento es un teatro, pero el hecho de que los partidos hayan convertido la política en un enfrentamiento teatral es un gran problema. Y es un problema porque debajo de esos aplausos y esos discursos llenos de autobombo, chulería y faltas a la caridad, se esconde un sistema tiránico y corrupto. Sí, la corrupción no son casos aislados sino el funcionamiento habitual del sistema de partidos. Un sistema que necesita matar el alma de España para medrar alimentándose de su cadáver. Un sistema ladrón que no respeta a los españoles.

La corrupción no son solo las tarjetas black, o la caja B, o el desvío de los fondos del paro. También es corrupción el currículum sorprendente de los políticos profesionales así como su convicción declarada de que los partidos son empresas y los políticos sus empleados. También son corrupción los impuestos abusivos, y las multas recaudatorias, y las leyes inmorales.

En este sistema todo resta. Los partidos parten. Sustraen energías al cuerpo social y son correas de transmisión de quienes les financian desde el extranjero. Todos los partidos al final, por encima de sus muletas ideológicas, responden al mismo esquema porque son la puerta de entrada para los intereses que se dedican a mangonear en las cosas de España. Son los hilos con los que otros nos manejan y vacían de sentido la palabra soberanía. Los partidos políticos institucionalizados deberían estar prohibidos. Son un invento de la revolución francesa – de la Revolución- para cumplir con sus objetivos en forma de carrera de relevos. Los partidos, los bandos, son inevitables en las guerras civiles. Fuera de ahí solo representan la corrupción del cuerpo social y la puerta de entrada para los enemigos externos.

Por eso no es buena idea la de utilizar un partido político para enfrentarse a los partidos políticos. Es una tentación que también nos ha afectado a los carlistas. Sin embargo el Carlismo ha sido mas de partidas que de partidos. Y cuando más allá de una organización política hemos querido ser un partido y entrar en el juego del sistema hemos perdido nuestra esencia y sido parte del problema.

Pero volvamos a la puesta en escena del circo parlamentario. Los insultos que se reparten unos a otros no son insultos. Si al menos hubiera en estos actores alguna expresión de auténtica ira, algún pronto… eso sería un gesto de humanidad. Lo que hay es puro teatro, pura partitocracia. Así funcionan los partidos, con la bronca permanente, el menosprecio como gesto habitual y la representacion de unos papeles acartonados.

En definitiva, en esta última moción, Casado lo tenia muy fácil. Le bastaba con abstenerse y decir “Mira, Abascal, tienes razón en que este gobierno es un desastre, pero tú tampoco me gustas”. Eso lo habrían tragado el 90% de sus asustadizos votantes. Pero no, eso era mucho pedir. La partitocracia es destructiva. Corroe el sentido común. Ciega el orgullo. Mata la empatía. RiP PP.

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