2 de febrero de 2018 0

Los cincuenta años de don Felipe

La celebración del evento, del que han dado amplia noticia los telediarios, exige nuestro comentario.

En el discurso que ha acompañado a la imposición del Toisón de Oro, hay un aspecto altamente positivo, que no podemos dejar de comentar: las repetidas alusiones al papel que in Rey tiene que representar con total entrega que un Rey debe ejercer sus funciones. Con el sacrificio y abnegación que ello supone.

A ningún niño de su edad se lo están diciendo en estos momentos. A ningún político en ejercicio se lo dijeron cuando tenía diez años.

Esa es la esencia de la Monarquía: una familia dedicada íntegramente al servicio de España.

En estos momentos en que se discute la permanencia de la Monarquía, tenemos que hacerlo resaltar. Ningún político accede al poder con la carga mental que supone haber crecido en un ambiente de permanente incitación al sacrificio.

Y es que, no sabemos si los revolucionarios son conscientes de ello, la Monarquía es útil hasta para la Revolución. La gran descomposición a que hemos llegado hoy en España, ha sido posible gracias ha que al frente del estado ha habido un rey. La experiencia revolucionaria de 1931, fracasó al adoptar la república como forma de estado. La forma monárquica ha dado a la gobernación de España la estabilidad que la Revolución ha necesitado para su lenta y constante acción disolvente.

Las mejores máquinas son funestas cuando se las emplea para un fin malo.

Los carlistas nos venimos oponiendo a la familia que hoy encarna nuestra monarquía. Y, por amos a España, tenemos que seguir haciéndolo. La Constitución de 1978, que Don Felipe indicaba a su Hija como guía de sus acciones, ha demostrado su fracaso. El ejemplo del “proces”, que lleva ocupando el escenario político desde hace meses, es una de las muchas pruebas de ello. Tenemos un conflicto, letal para España, que nadie es capaz de resolver. Porque la Constitución no ofrece los medios legales. Es más; impide la actuación de una autoridad.

Porque, en definitiva, el mensaje de Don Felipe a su hija, le ha recomendado entregar su vida, con el sacrificio que ello supone, a la destrucción de España.

Y, como de una destrucción se trata, dudamos que la destinataria del mensaje alcance a desempeñar la misión.

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