31 de diciembre de 2020 1

Lo que dan los votos

(Por Zortzigarrentzale) –

En un programa televisivo, de los muchos en que hoy se ataca a la monarquía, un participante repetía una y otra vez que a don Felipe y a don Juan Carlos “no les ha votado nadie”. Este mismo argumento se viene repitiendo en otros programas y en medios escritos.

El argumento nace del mítico “Contrato social” de Rousseau: el fundamento de las leyes es la voluntad del ciudadano. En lo que respecta a la persona que ejerce el poder también es la voluntad del ciudadano la que concede tal facultad al gobernante.

Estas falacias han sido rebatidas miles de veces. Por eso nos limitaremos a dejar claro que no son más que eso: falacias.

Los votos no dan poder. Simplemente designan quien ha de ejercerlo. El sistema de votación es eficaz en grupos de pocos miembros en los que todos se conocen. En las comunidades religiosas las elecciones han sido práctica desde su fundación. En la película que narraba el martirio de las carmelitas de Compiegne, el revolucionario que dirigía su apresamiento se maravillaba de que en el convento hubiera instrumentos para realizar la elección de los cargos.

Ningún defensor del sistema republicano osará sostener que los votos otorgan al elegido las virtudes y cualidades necesarias para gobernar bien. Lo que afirman es que los ciudadanos eligen al que ostenta tales dones. Pero saber quien está dotado de los mismos es imposible cuando se trata de elegir al jefe de un estado. De ahí que la sucesión dentro de una familia, que es la práctica de la monarquía, proporciones gobernantes más aptos que la república. La historia está para demostrarlo.

Se repite, y es verdad, que a don Juan Carlos lo puso Franco. Pero no creemos que Franco pensara que con su acción confería a don Juan Carlos el derecho a gobernar y los dones necesarios para ello. Se limitó a designar el sistema que le parecía mejor para el futuro de España. Aunque se equivocase de la manera más rotunda.

La familia que encabezó doña Isabel, has sido un elemento del que se ha servido la Revolución para deshacer España. La docilidad con que ésta abandonó España en1868, entregándola a la Revolución, tuvo su réplica en la de don Alfonso, en 1931, escapando por Cartagena.

Por eso entregar España a la misma familia constituyó un error, cuyas consecuencias las estamos pagando ahora. Cuando veíamos que a don Juan Carlos se le preparaba para suceder, y que muchos españoles confiaban en tal educación, pensábamos: “Es imposible que de un lobezno se obtenga un mastín por mucho que se le adiestre para ello”.

Cierto es que Franco cerró el paso a don Juan. Y confió en el hijo. Pero no advertía que el peligro no estaba en las personas, sino en la familia. Y de nada servía rechazar al uno si el aceptado pertenecía a la misma familia.

Hoy los medios de comunicación nos informan con profusión de la detestable conducta de don Juan Carlos. Desde que ha comenzado la campaña hemos manifestado nuestra extrañeza a que la vituperable conducta salga hoy a relucir y no se la pusiera coto cuando hubo posibilidad de hacerlo.

El ataque más importante se refiere a las actividades económicas del Emérito. No vamos a justificarle, ¡Líbrenos Dios de ello! Pero nos parece lógica su actuación. El Emérito ha sido consciente del poco arraigo que su familia tiene entre los españoles. Es inevitable que haya recordado las veces que sus antepasados han tenido que huir de España, sin que ni una voz se levantara en su defensa. Y se ha cubierto económicamente ante tal posibilidad. Y el que esté sin pecado que tire la primera piedra.

No tenemos los carlistas ningún motivo para defender a la actual dinastía. Pero si muchísimos para rechazar una república. No nos cabe otro deseo que el del jorobado del cuento:” ¡Virgencita, que me quede como estoy!”.

Y seguir trabajando para difundir los principios de la Tradición española. En los cuales se ha de basar una auténtica restauración. No perdamos la fe. Acordémonos de los cristianos que no se rindieron ante los árabes invasores. Eran pocos, no tenían un Rey. Pero confiaron en la Providencia y no les faltó un Don Pelayo.

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Un comentario en “Lo que dan los votos

  1. María Luz Martínez Barañano

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