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9 de agosto de 2023 0

Juan Sánchez Galera analiza la grandeza del Imperio Español

(Una entrevista de Javier Navascués).-

Licenciado en Derecho (Universidad Complutense de Madrid). Máster en Derecho Privado (Universidad Complutense de Madrid). Doctor en Derecho (Cum Laude. Departamento de Filosofía del Derecho. Universidad Complutense de Madrid) Arquitecto Naval (Autorización CE código D.O.G. Comité Europeo de Normalización Bruselas – Secretaría General) Autor de numerosos libros y ensayos.

¿Qué representó el Imperio Español en la lista de los mayores Imperios de la historia?

Sinceramente, no creo que se trate de una cuestión de puro ranking estadístico. En todo caso, y ya que esa es la pregunta, y respondiendo en términos estrictamente numéricos -tan en boga en nuestros tiempos- , el Imperio Español representó el cuarto puesto en el pódium de los mayores imperios de la historia, atendiendo exclusivamente a su extensión geográfica. En dichos términos, el medallero quedaría de la siguiente forma:

1º Imperio Inglés…….31.000.000 Kms2
2ª Imperio Mongol….24.000.000 Kms2
3º Imperio Ruso………23.000.000 Kms2
4º Imperio Español….20.000.000 Kms2
5º Imperio Romano……5.000.000 Kms2

Evidentemente, no tiene sentido una catalogación en la que el Imperio Romano aparece como el último de la lista, como el perdedor…Es por ello que a la hora de hablar de la “lista de los mayores imperios de la historia”, necesariamente hemos de olvidarnos de parámetros actuales, como pueda ser la superficie en Km2, o cualquier otro estándar cuantificable, para atender otros aspectos, ciertamente más difíciles de explicar, pero incuestionablemente más transcendentales en la historia, ya que la grandeza de los grandes imperios, no viene, por tanto, determinada por su extensión geográfica, sino por sus aportaciones a la humanidad.

En ese sentido, y para empezar, el Imperio Inglés, fue el más grande que ha existido en extensión, de la misma forma que esa superficie no llegó a estar cohesionada más que unas pocas décadas -entre la segunda mitad del S. XIX, y la primera del XX-, en claro contraste con los siglos de armonía de los territorios que conformaron el Imperio Español o Romano. Igualmente cabe destacar, que en la mayor parte de esa superficie -en la que apenas estuvieron unas décadas- su presencia, en el mejor de los casos, no aportó absolutamente nada. Y allí donde aparentemente aportaron algo, caso de los actuales EEUU, Canadá, Australia, o Nueva Zelanda, lo único que realmente hicieron fue aniquilar todo lo anteriormente existente, para trasladar hasta allí sus formas de vida. Con todo, podemos concluir que las aportaciones del Imperio Inglés a la humanidad han sido, básicamente, el relativismo protestante y el capitalismo, éste último, con su innegable contraste entre progreso tecnológico y desprecio a la vida.

El Imperio Mongol es el segundo en el ranking de los metros cuadrados. Sin duda los mejores jinetes y arqueros de la historia. Si Guillermo Tell era capaz de acertar con una flecha a una manzana sobre la cabeza de su hijo, los mongoles hacían lo mismo, pero al galope y entre ceja y ceja de cualquier hombre que no fuese mongol, y viviera en el Siglo XIII en cualquier sitio que se encontrase entre las actuales Korea y Rumanía. Con las mujeres eran más generosos…Los actuales estudios de ADN estiman que un 0,5 % de la población mundial son descendientes de las violaciones llevadas a cabo personalmente sólo por su líder, Gengis Kan. Afortunadamente, este segundo imperio pronto fue sustituido por el tercero de la lista…

Y ese tercero en la lista, el Imperio Ruso, es -a mi juicio- el único del ranking en el que importancia geográfica e histórica, van de la mano. Al borde de la Tercera Guerra Mundial, sólo podemos comparar la gran importancia de este imperio, con el desconocimiento que tenemos del mismo. Hace ya más de mil años, una tribu de salvajes vikingos, conocidos como los Rus, salieron de la actual Suecia, y desembarcaron en lo que hoy es San Petersburgo, para ir bajando en busca de tierras más cálidas. Llegaron a una gran llanura fértil, bañada por un caudaloso río, y fundaron allí su primera ciudad; Nóvgorod. Pocos años más tarde, y siguiendo el curso de los ríos, como buenos vikingos, los Rus llegaron a otra llanura, más amplia, más cálida, más fértil, y con un río que les permitía mejores comunicaciones; El Dniéper, y fundaron allí su nueva capital; Kiev.

En esa nueva ciudad, el Príncipe de los Rus, Vladimir, decidió que ya era hora de que su pueblo se refinase un poco, y así dejar de ser unos bárbaros. Y para ello no tuvo mejor ocurrencia que pedirle al emperador de Constantinopla la mano de su hermana Anna, a lo que la chica accedió, a condición de que antes del matrimonio Vladimir se bautizase. Y sin duda, su conversión fue sincera, pues para empezar renunció a sus más de 800 concubinas, destruyó todos los ídolos y templos paganos de Kiev, para convertirlos en iglesias cristianas, pero sobre todo infundió en su pueblo una espiritualidad que lo llevó durante mil años a ser la vanguardia del cristianismo y la civilización en el inmenso continente asiático. Sin duda, una desconocida epopeya en la que fueron integrando y respetando a cuantos pueblos se encontraron en su camino, desde las aguas de Escandinavia, hasta el pacífico.

Rusia es la Roma de Occidente, de hecho, la palabra “Zar” es la traducción directa de Caesar, César.

El Imperio Español, el cuarto en la lista, mantuvo sus veinte millones de kilómetros cuadrados durante nada menos que tres pacíficos y prósperos siglos, en los que abundaron las guerras, pero no por parte de quienes formaban parte del Imperio, sino de los que lo codiciaban, especialmente Inglaterra. Evidentemente, no voy a contar aquí su historia, pero si algunos hechos que le hacen merecer, al menos, la medalla de plata en el ranking imperial.

Creación del estado moderno, lo que hoy día se entiende por estado de derecho. Con sus Cortes, ministros, administración, ejército permanente, administración de justicia, etc. Junto con nuestros hermanos portugueses, descubrimos y dibujamos el mundo, hasta entonces apenas se conocía Europa, Oriente Próximo, y la cuenca mediterránea. Nuestros matemáticos y astrónomos crearon el actual calendario moderno. El Juliano venía heredado del Egipto de Cleopatra. Dimos origen a las primeras embajadas modernas y postulados de derecho internacional. Igualmente desde nuestras universidades se inspiraron los principios de la Economía de Mercado y los Derechos Humanos. Iniciamos las modernas sociedades mercantiles, y el tráfico marítimo internacional.

Levantamos los primeros sistemas de hospitales, colegios y universidades públicos. Y otros tantos hitos, sin los cuales sería imposible explicar el mundo moderno, al punto de que sin España, sencillamente seguiríamos en la Edad Media…

Y por último, Roma, que alcanzó en el año 117 d.C. su máxima expansión geográfica, al alcanzar los 5.000.000 kms2 con la conquista de la Dacia -la actual Rumanía- , en tiempos del cordobés Trajano. Cabe destacar, sin embargo, y en contra de lo que se cree, que el Imperio fue el periodo de paz por excelencia, y donde apenas hubo conquistas territoriales; apenas el norte de Hispania, tras las Guerras Cántabras, y la Dacia antes mencionada. El resto de territorios conquistados, fue en tiempos de la República, una época en la que sólo tenían la condición de seres humanos los ciudadanos de Roma, ciudad en la que bajo la demagógica figura de una república democrática, las familias patricias ejercían un poder omnímodo sobre los plebeyos, quienes al menos tenían derechos, y sobre el resto de la humanidad, que no los tenían. Hubo que esperar a la creación del Imperio por Augusto, y a las mejoras de los sucesivos emperadores, para que todos los habitantes del imperio tuviesen los mismos derechos, o para que se condenase a muerte al que diese muerte a su esclavo. Y con todo, Roma, el más pequeño de los imperios, es el que ha conformado el mundo occidental, que siglos más tarde, su fiel hija Hispania, extendió por el resto del mundo.

Así, que el Imperio Romano, siendo el último de la lista, fue el creador de la Civilización Occidental -antes Cristiandad- , y el Imperio Español, penúltimo, creó el mundo moderno, haciéndolo universal, sobre el legado de su madre Roma.

El Imperio Español fue el único que abarcó todos los continentes.

Hemos sido el único imperio verdaderamente universal. Cierto es que el Imperio Inglés también estuvo presente en África, América, Asia, Oceanía…pero no en Europa, donde ciertamente tenían su metrópoli, pero no colonias o provincias europeas, como si fue el caso de España.

El Imperio Español contó con media Europa, buena parte del contorno africano -que era todo lo que se conocía- , tras la anexión de Portugal, América, desde Alaska hasta el Polo Sur. Múltiples enclaves en Asia, desde la India a Filipinas, y no nos olvidemos de Oceanía, toda vez que Australia fue descubierta por nosotros.

La diversidad de nuestras fronteras intercontinentales fue tal que llegamos a estar en guerra con Rusia, disputándonos la costa noroeste de América, una guerra en la que no hubo muertos, y de la que increíblemente firmamos la paz hace escasamente un par de décadas.

El Pacífico y Filipinas eran además parte esencial de ese imperio, ¿Por qué al Océano Pacífico se le llamó el lago español?

Pues por la misma razón por la que los romanos llamaron orgullosamente al Mediterráneo “Mare Nostrum”. Todas las rutas marítimas del Océano Pacífico fueron descubiertas por españoles, al igual que la mayoría de sus islas y archipiélagos. Cuando los primeros estadounidenses llegaron a las islas Hawaii, los nativos chapurreaban castellano y sus utensilios eran de manufactura española…

España descubrió y conquistó el Pacífico, pero sobre todo hizo que nuestro mundo fuese por primera vez universal, abriendo las rutas marítimas y comerciales de ambos hemisferios. Una indiscutible hegemonía que duró tres siglos, y sin la cual es imposible explicar el mundo moderno. Y al igual que nuestra presencia intercontinental nos llevó a la guerra con Rusia, el dominio del Pacífico tuvimos que defenderlo contra los samuráis japoneses, si bien en esas batallas, como la de Cagayán, si hubo bajas que lamentar, sobre todo por los samuráis, que en superioridad numérica de diez a uno, siempre terminaron rindiendo sus catanas al acero toledano.

¿La preocupación por la evangelización, moral y ética fue el rasgo que más distinguió a nuestro imperio de otros?

No es el rasgo que “más distinguió a nuestro imperio de otros”, sino clarísimamente “el rasgo que distinguió a nuestro imperio” de cuantos otros han existido en la historia. El Imperio Portugués, católico, si bien es cierto que promovió notablemente la evangelización, siempre fue su objetivo secundario, por detrás de su interés en establecer rentables puertos comerciales. No olvidemos que, desgraciadamente, fue la católica Portugal la que inició el mercado esclavista negrero a gran escala, si bien después les superaron en la explotación de tan rentable negocio, primeramente los holandeses, y después los ingleses.

A Francia, la Francia de los Borbones, antes de la Revolución, hay que reconocerle un interés evangelizador parejo al comercial. Está claro que en las breves y limitadas posesiones de América – Canadá o Luisiana- no se esforzaron en invertir en infraestructuras ni grandes proyectos de civilización, pero igualmente respetaron la vida de los indios y realizaron notables esfuerzos evangelizadores.

El resto de imperios nominalmente cristianos, entre los que destacan Holanda e Inglaterra (y por extensión EEUU), no sólo carecieron de espíritu evangelizador, sino que fieles al puritanismo protestante, y su concepción teológica de un mundo predestinado a favor de sus selectos escogidos, mostraron un desprecio absoluto hacía aquellos millones de personas sometidos a sus dominios, y cuyas razas, culturas y religiones inferiores, eran un claro designio divino de que habían nacido con la única finalidad de servir a quienes se habían dado a sí mismos el privilegio de reescribir las Sagradas Escrituras, y refundar la Iglesia de Cristo.

España, tuvo como principalísimo objetivo la evangelización, y al mismo tiempo fue la creadora del actual comercio internacional, pionera en el desarrollo tecnológico y científico, o artífice de los primeros postulados de Derechos Humanos, pero dichos logros no fueron secundarios en su misión histórica, sino consecuencia directa de un espíritu católico y evangelizador, siempre en busca de la verdad, la justicia, y el progreso material para todos los hombres.

Es por ello, que en justicia, podemos afirmar que los grandes logros del mundo moderno son fruto material del espíritu evangelizador de la Monarquía Hispánica.

¿En qué medida las Leyes de Indias fueron un gran freno al esclavismo?

No es que las Leyes de Indias fuesen un freno al esclavismo, sino que precisamente el anti-esclavismo fue el germen de las Leyes de Indias. Ya que los habitantes de los nuevos territorios no eran esclavos, sino súbditos de la Corona, precisaban de unas leyes, al igual que el resto de los súbditos, pero evidentemente acondicionadas a sus peculiares circunstancias, exactamente como ocurría en Aragón, Castilla, Navarra, Nápoles….Y esas especiales circunstancias consistían en una especial protección, dado su evidente atraso humano y cultural.

España tuvo la suerte de contar, antes del descubrimiento de América, con un precioso laboratorio humanístico, que fue la conquista de Canarias. A 2.000 kms del territorio peninsular, y habitadas las islas por pueblos sumidos todavía en la Edad de Piedra, pero de una gran belicosidad -como eran los Guanches-, su conquista planteó por primera vez el dilema de qué hacer con unos vencidos que no sólo habían ofrecido una fortísima resistencia, sino que además eran paganos y bárbaros. La respuesta de los Reyes Católicos, con quienes concluyó la conquista de Canarias, fue la de recibirlos como súbditos de pleno derecho, al punto que sus caudillos, hasta entonces feroces enemigos, fueron reconocidos con títulos nobiliarios.

Es por ello que no es de extrañar que cuando Isabel la Católica se enteró de que un niño consentido de Sevilla -Bartolomé de las Casas- se dedicaba a usar como cobaya a un indio americano que su familia le había comprado a Cristóbal Colón, ordenase devolver a América a cuantos indios se habían traído en contra de su voluntad, y firmase una Real Cédula prohibiendo la esclavitud, nada menos que en el tempranísimo año de 1500, tres siglos antes que el resto de las naciones…esas mismas que ahora tanto gustan de darnos lecciones…

A partir de entonces, la diversa legislación que se va promulgando a favor de los indios americanos, va compilándose con el tiempo como Leyes de Indias, y no es más que la lógica adaptación jurídica a una realidad teológica, inscrita a fuego en el ADN español, la catolicidad…

Por cierto, ese niño al que le quitaron su esclavo -Bartolomé de las Casas-, se disgustó mucho desde entonces con la Corona…

¿España tuvo realmente colonias o provincias ultramarinas, o era una simple cuestión de nombre?

El significado de los nombres cambia con los tiempos. De hecho, algo que hoy día suena fatal, como pueda ser el término “Colonia”, nace en época romana referido a asentamientos de ciudadanos romanos fuera de Roma. Primeramente en la península Itálica, y más tarde en provincias, como Hispania. Dichas colonias tenían una doble finalidad; por una parte servían para que los soldados licenciados del ejército, o los parados que vivían de ayudas públicas, tuviesen unas tierras que cultivar para ganarse la vida sin tener que recurrir a los subsidios o el saqueo, mientras que por otro lado servían como extraordinario instrumento de romanización.

Dos mil años más tarde, entre finales del siglo XIX y principios del XX se produce un fenómeno que es el del “Colonialismo”, consistente en que las grandes naciones europeas, en un alarde de prepotencia, deciden repartirse el mundo en el Congreso de Berlín de 1885, una repartición que bajo la dialéctica filantrópica positivista, tan de moda por aquel entonces, no tiene más finalidad que hacer un alarde de fuerza nacionalista, a base de sumar kilómetros cuadrados, sobre unos territorios de los que se espera obtener materias primas con las que elaborar productos manufacturados en la metrópoli, que posteriormente se venderán en régimen de monopolio a los mismos a quienes se ha obligado con trabajos forzados a suministrar esas materias primas.

Por tanto, la España del otro lado de los océanos, puede considerarse colonias en sentido romano, pero no en su acepción liberal. En todo caso cabe aclarar que dichos territorios se administraban bajo la figura jurídica de los virreinatos, al igual que Navarra o Aragón, y no bajo Provincias, pues no aparecen hasta mediados del siglo XIX, después de la pérdida de la mayoría de dichos territorios.

¿Cuándo solo conservábamos al final Cuba y Filipinas seguía siendo un imperio?

Roma sigue existiendo. No es cierto que de la noche a la mañana desapareciera con la invasión de los bárbaros. Roma perdura en nuestra civilización, cosa que no pasa lo mismo con otros imperios que existieron. Roma es una plaza de toros, una red de carreteras, el ancho de vía, el periódico, las campañas electorales, los edificios de vecinos con un bar en el que se ofrece el menú del día, los gaffitis en los aseos públicos, y hasta los pasos de cebra de la Quinta Avenida…

Es por ello que cuando ya sólo conservábamos Cuba y Filipinas, seguíamos siendo un imperio, pues nuestro legado seguía modelando una civilización que habíamos hecho universal.

¿Cuál fue el papel de Estados Unidos en la caída final del Imperio Español?

Si por caída del Imperio Español, se está haciendo referencia al robo de nuestras últimas provincias de ultramar, evidentemente el papel de EEUU, fue decisivo, pero no único. Me explico; pocos años antes, en la Conferencia de Berlín de 1885, los EEUU no estaban invitados al reparto colonial, dado que por aquella época apenas eran una nación de vaqueros sin el glamour que exigía la etiqueta de los salones europeos. Sin embargo, poco después, EEUU es reconocida como nación de pleno derecho de ese nuevo mundo “Occidental”, que había sepultado a la vieja “Cristiandad”. Y como muestra de ese reconocimiento, el mundo civilizado le permite a la joven nación rapiñar en todo aquello que no huela a moderna occidentalidad; Hispanoamérica, Hawaii, Cuba, Filipinas…

De hecho, sin la activa participación de otras naciones, como Inglaterra, EEUU no hubiera conseguido probablemente sus objetivos, pues a nuestros buques se les negó desde el carbón para alimentar nuestras calderas, allá por donde pasaron, hasta el paso por el Canal de Suez, con la subsiguiente pérdida de tiempo, teniendo que reandar el camino hecho, para tener que rodear África entera, antes de llegar a Filipinas, donde nos aguardaba la flota yanqui, abastecida desde el Honk Kong de los ingleses. No solamente nadie protestó por lo que era una agresión claramente injusta, sino que hasta se dio un descarado colaboracionismo pro-yanqui, por parte de las naciones occidentales.

Es por ello, que al papel de protagonista de los EEUU, hay que sumarle el de las naciones cómplices.

En todo caso, el Imperio Español no muere con Cuba y Filipinas, pues allí se sigue rezando a ese Dios hecho hombre que les dieron a conocer los españoles.

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