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21 de junio de 2022 0

José Miguel, siempre

(Por Cristóbal Castán) –

31 de mayo de 1998, El Escorial. Si tengo que evocar alguna imagen que exprese lo que para mí ha significado la persona de nuestro querido José Miguel Orts, es una fotografía tomada ese día. En ella, un servidor con 24 años menos, acababa de recibir de manos de Javier Garisoain y Javier Barraycoa, su boina roja y se aprecia a José Miguel – de espaldas- esperándome con los brazos abiertos. Recuerdo perfectamente las palabras que me dirigió felicitándome. Esa foto transmite para mí lo que fue José Miguel: una persona con los brazos abiertos para todos y siempre dispuesto a trabajar desde la discreción y la humildad.

Aunque nos conocimos algunos años antes (en el Círculo de la calle Navarro Reverter de Valencia), creo que nuestra relación se empezó a afianzar a partir de ese día. Viajes a diferentes actos de la Comunión en Zaragoza o Toledo, asistencia a reuniones en Valencia y Castellón fueron consolidando esa buena sintonía. Más tarde cuando internet y otros inventos llegaron a nuestras casas la relación se intensificó. A través de estos medios pudimos tener un contacto casi diario y pudimos ensanchar nuestros horizontes, llegando gente nueva y bien dispuesta a nuestras filas. También pudimos empezar a proponer actividades que dejarían su pequeño o gran impacto entre nosotros. Como la celebración del homenaje a D. Javier el día de la Inmaculada de 2002 que él se encargó de organizar recogiendo las propuestas de algunos de los que éramos jóvenes por entonces, invitándome a participar como ponente, también la posterior edición del librito conmemorativo en el que recopilamos todas las intervenciones. Creo que ese día fue un día muy feliz para él y para el carlismo valenciano. También la organización del acto nacional carlista en Morella (2008) que tan buen sabor nos dejó.

Sabiendo de la importancia de no dejar en el olvido nuestra historia, colaboró en la elaboración, publicación y presentación de los libros del también añorado Luis Pérez Domingo, Mártires carlistas del Reino de Valencia (2004) y Cincuenta años de carlismo en Valencia (2010), trabajos que emprendió gustoso y haciéndonos también partícipes a algunos de nosotros.

Las nuevas tecnologías le permitieron intervenir de forma habitual en los diferentes foros carlistas, en los que de forma siempre equilibrada pero contundente defendió sus principios y sus lealtades, hablando claro, pero con respeto y sin caer nunca en servilismos de ninguna clase.

En 2010 dejó la jefatura del carlismo valenciano, pero no por ello cejó su actividad. A partir de entonces se volcó en impulsar el boletín Reino de Valencia, que con los años y gracias a su tenacidad y constancia se ha convertido en un bimensual de gran nivel. En esta tarea nos implicó a unos cuantos, que creo coincidirán en que se hacía difícil seguir su ritmo de trabajo y su entrega. Siento que en más de una ocasión le defraudaría no estando a su altura.

Su casa de Valencia y su residencia de verano en Viver eran puntos de referencia para encuentros de amigos y de carlistas, sabiéndonos siempre bien acogidos y alimentados con la paella que nunca fallaba.

Solía repetir esta anécdota: Pepe Mas (otro gran carlista valenciano que nos dejó hace unos años), decía que la política le impone los correligionarios y la libertad le permite elegir sus amigos. Creo que la Providencia hizo que a través de la relación política surgiese una profunda relación de amistad o como decía José Miguel de “familia espiritual”. En estos años de relación que abarcan más de la mitad de mi vida hemos podido compartir los momentos más dichosos de nuestra existencia: nacimientos de mis hijos, su jubilación como maestro, coincidiendo con la del gran Pepe Monzonís y que celebramos en el Círculo de Llíria, su boda con Elisa hace ahora justo tres años…Y también los más tristes como las despedidas de padres y hermanos, en las que nos supimos acompañar y consolar. Quisiera destacar el afecto que profesaba a mi hijo Javier desde su nacimiento:  como le dijo en una ocasión “eres el nieto que me hubiese gustado tener”. Hace un año, cursando 1º de Periodismo le encargó su primera entrevista para Reino de Valencia, nada menos que a Telmo Aldaz, presidente de la CTC.

También he sentido y agradecido su cercanía en mis modestos trabajos de investigación histórica, asesorándome en los mismos y acompañándome en la presentación de mi libro Lo que la memoria olvida, en Benicarló en el 2011. Debo decir que algún que otro proyecto se ha quedado pendiente para siempre.

La peor palabra es la que no se dice…Ahora entiendo mejor el significado de esta frase… ¡Cuántas palabras se nos han quedado dentro! ¡Cómo nos hubiese gustado haber podido despedirnos de José Miguel!

En estos días, para mí muy duros, en que los recuerdos y las emociones afloran, quiero dar gracias a Dios por haber podido tener un referente tanto en lo político como en lo personal, de la talla de José Miguel Orts. Un hombre bueno, un verdadero caballero de la legitimidad y un enamorado de los más grandes ideales. Gracias por tu amistad sincera, José Miguel, gracias por habernos hecho sentir mutuamente como familia, ahora ayúdanos a seguir la senda que nos trazaste. Hasta el Cielo, amigo.

«No temas: descansa en la paz de Cristo como el que duerme; porque el que muere en Dios, descansa, descansa». (Devocionario del Requeté).

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