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28 de mayo de 2022 0

José Manuel Aparicio agradece a Dios recibir un trasplante de riñón y también la enfermedad y el sufrimiento

(Una entrevista de Javier Navascués) –

José Manuel Aparicio Adarbe quiere dar gracias a Dios, tras ser sometido a un trasplante de riñón, después de tener los dos riñones completamente inutilizados y dependientes de una máquina. La experiencia le ha marcado y le ha acercado más a Dios y tiene grandes deseos de compartirla para demostrar al mundo la importancia de hacer la voluntad de Dios por dolorosa que sea.

¿Qué supone para usted haber recibido un trasplante de riñón tras estar tantos años dependiente de una máquina?

Pues Don Javier, gracias a Dios, y gracias al alma que deseo descanse en paz del donante, sin el cual no tendría este órgano, por el que he vuelto a tener a tener una vida, prácticamente normal, aún supeditado a tener que tomar un cóctel de fármacos muy amplio y con contra indicaciones, le doy las gracias a Dios.

La sensación es extraña al principio, como si después de tanto tiempo, pareciera mentira que el milagro ocurrió.

¿Cómo esa limitación física le hizo ser más humilde y crecer interiormente?

De una forma extraordinaria Don Javier, lo acontecido en todos los niveles de la vida, físicamente, psicológicamente, moralmente, y espiritualmente durante el padecimiento de esta dolencia, a realizado en mí, una persona un tanto diferente, mas Fe en Dios, mas fuerza para luchar ante las adversidades, y también descubrir las personas que de verdad se han ocupado de mi, y de ayudarme en todo. Le doy las gracias a Dios, por todo, incluida la enfermedad.

No es la primera vez que llega un encuentro fuerte con Dios a través del dolor, de la enfermedad, que puede ser una bendición si se acepta por su amor.

Por supuesto, conocerás la grandeza de Dios, a través de todo lo que te acontezca en la vida, ya que todo tiene un sentido para hacernos crecer, y se nos brindan las oportunidades para acercarnos mas a la realidad, que no es otra que somos hijos de Dios, y que nuestro cuerpo es finito, pero nuestra alma es eterna.

Usted es una persona de fuerte fe y más que conseguir el trasplante pedía que se hiciese la voluntad de Dios.

Exacto, lo repetimos en el Padre nuestro, “Hágase tu voluntad, aquí en la tierra como en el cielo”. Si comprendemos que es lo que decimos con esto, mediante la oración, acatamos a Dios en todo, e intentamos obedecerle cada día y respetar su Palabra tal y como está escrita, nos acercamos a El a pasos agigantados.

Sin embargo, recibió una gran alegría cuando le informaron que le iban a realizar el trasplante.

Al principio no me lo creía, pero enseguida, cuando me ingresaron para las pruebas previas, comprendí que era el momento, no sabía como saldría, y tampoco tenía miedo a morir, si era con el perdón de mis pecados por Nuestro Señor, que se hiciera de nuevo su voluntad.

¿Qué tal resultó la operación y el posoperatorio?

Hubo problemas hasta que el riñón empezó a funcionar, y los médicos temían que no funcionara. Pero Dios al quinto día, me bendijo con que el riñón funcionara. Hubo problemas y los sigue habiendo en menor medida, pero todo se solucionará, y si no, será por que Dios quiere un futuro distinto para mí.

Ahora tiene muchas ganas de hacer cosas, pero sobre todo dar gracias a Dios de forma especial.
Así es, tengo pendiente algunas cosas que usted conoce a nivel espiritual. Dios lo sabe, y las acometeré en breve, una es visitar a San Padre Pío, y rezar allí.

Más que viajar por viajar, usted tiene ganas de peregrinar a lugares santos, por ejemplo, a San Giovani Rotondo. ¿Qué supondría para usted ir allí?

Algo muy grande, San Padre Pío fue un hombre tocado por Dios, y Él hablaba la palabra exacta de Dios, sin mentiras, tergiversaciones y “modernizaciones” a las que algunos nos empiezan a tener acostumbrados para desgracia de la cristiandad.

¿Qué proyectos apostólicos tiene, ahora que ha recuperado la salud?

Los de siempre, combatir al mal, allí donde se encuentre con todas mis fuerzas, dar testimonio de la palabra de Dios, abrir los ojos de personas muy perdidas en dogmas políticos que contradicen la sagrada palabra de Dios, y que se están condenando en vida.

¿Qué diría a aquellas personas que llevan años esperando un trasplante y parece que nunca llega?

Que Dios está con ellos, que no pierdan la esperanza, que sigan luchando cada día, y que recen en Sagrado Rosario. Quien no cree en el poder de Dios perece.

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