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2 de junio de 2025 2 /

Humildad y amor y octavillas

(Por Manuel Gutiérrez Algaba) –

En uno de estos vídeos que se ven por internet– es gracioso que ahora la principal fuente de formación sea la televisión a la carta por móvil–, un señor ingeniero industrial llamado Alfonso Longo, especialista en sicología social, hablaba de como todas las relaciones humanas entre dos personas crean una jerarquía: alguien manda y otro obedece. Los casados me entenderán perfectamente. No sólo eso, él afirmaba que, además, había una «fuerza invisible», desde arriba, del amo o amos de la sociedad, que hacía que cuanto más fuerte fuese la opresión, estas jerarquías personales entre dos personas cualesquiera se acentuaban. Él ponía el ejemplo de la plandemia, cuando veíamos que los cajeros o los guardias de seguridad privados se volvían leoninos y draconianos exigiendo normas absurdas y humillantes a los clientes, a los «débiles» de esa relación cliente-segurata. Esa crueldad, esa desigualdad, se volvía casi inhumana, porque, a sí mismo, el abusador se sentía abusado desde arriba.

Según la teoría matemática de las categorías, la forma primaria de relacionar dos elementos arbitrarios es algún tipo de relación de orden. Es decir, a nivel abstracto, hemos descubierto que siempre habrá alguien que «sea más» que otro. Así que las soluciones anarquistas simplemente son contrarias a la lógica, matemáticas, más simple, además de la observación de la realidad. Es decir, las relaciones de orden van a existir siempre. Pero, ¿ y si nos fijamos en esa fuerza vertical, la del amo? ¿Qué ocurre en esas fuerzas «verticales» ? ¿Qué ocurre si metemos a Jesucristo en la ecuación, si amamos al prójimo? Resulta que el poder del «amo», sea quién sea, y, dado que no es Dios, se diluye, desaparece. Jesucristo se convierte en un verdadero liberador, y, no sólo eso, las relaciones «horizontales», pero relaciones de orden, pierden fuerza, dejan de ser crueles y maximalistas. La fuerza vertical de Dios impide que la fuerza vertical del amo aliene al esclavo y éste haga valer sus pequeños y ridículos poderes transitorios frente al prójimo. La humildad hace que tratemos con amor a nuestro prójimo, incluso en las situaciones en que estamos por encima de él. La humildad desactiva ese disparo de despotismo que se nos induce desde arriba, desde los amos de la sociedad.

Por todo esto, es esencial en la reciente escalada hacia el infierno en la tierra, hacia la dictadura satánica total, que desaparezca Jesucristo, que desaparezca esa fuerza diluyente del odio, del poder de los hombres sobre los hombres.

¿Y qué podemos hacer nosotros, además de rezar? Amar. Es curioso como Alfonso Longo no sabía que hacer frente a los abusos del gobierno o a la plandemia, y eso que es un experto en psicología social. También es curioso como otros muchos «expertos» y factotums en la «disidencia» o en el «pensamiento de derechas» no vayan más allá de un poco de rezos y unas semanas de Daniel y un buen sofá donde leer el último libro publicado por ellos bajo una editorial del sistema hasta las trancas. Volvamos a Cristo, siempre a él, también a la Virgen, y su actitud de ofrecerse a los designios de Dios. Amar. ¿Cómo podemos amar? Ayudando personalmente. ¿Qué clase de ayuda? Pues en Valencia sigue haciendo falta ayuda material, y la buena ayuda es la directa de mano a mano, sin intermediarios, sin almacenes cerrados donde se pudren las cosas, sin funcionarios de la caridad. De tu mano a la mano de quien lo necesita. ¿Qué más ayuda? Ayuda de conocimientos, de evitar que la gente caiga en medicamentos y vacunas ponzoñosas, o que esté ignorante frente abusos como expropiaciones, leyes injustas, abusos del poder. También es una ayuda pertenecer a grupos políticos, como la CTC, que luchan para consolidar una oposición a estos abusos. La militancia política católica es un acto de caridad.

También, ayudar es un acto de humildad. Sí, es dedicar tu tiempo a lavar los pies de otros, a dejar de «ser importante», aunque lo seas, a dejar de ser «alguien con curriculum», para ser un hermano que ayuda. Amor y humildad están muy cercanos, siempre. Y odio y soberbia y abuso también suelen ir de la mano. Claro. Tanto experto famoso y «consolidado» quizá no haya tenido contacto con la Religión Católica, quizá no sepa lo de «coge tu cruz y sígueme», ni «el que quiera ser más que sirva a todos». Es lo que tiene la «intelectualidad liberal», incluso cuando se le dé un barniz de catolicismo, por aquello de que queda aparente a la vista. La humildad es una fuerza que disuelve y modera esas relaciones ordenes interpersonales, esas tendencias, a que el marido esclavice a la mujer, o viceversa, el segurata abuse del ciudadano que entra en su ámbito, el jefe destroce a sus empleados. Frente a las fuerzas del odio, la humildad permite entrar al amor, a Cristo, y tener una malla de relaciones humanas muy atractiva para todos, exceptuando para las élites, que son quienes recogen esas pequeñas plusvalías de opresión en cada nivel de la jerarquía.

Sin embargo, falta una pata más, una pata «política«, la pata «vertical», el poder. Porque, a veces, ayudar sirve de muy poco, si seguimos teniendo » a los de arriba» robando y masacrándonos en guerras. La humildad y el amor exigen, paradojicamente, la templanza y la lucha, la de «yo vengo a traer la espada», porque «cuidar a los pobres» sin fijarse en quienes les roban es perpetuar la pobreza y subyugación de los pobres, o incluso su extensión. No hay que perderle la vista al eje vertical, porque sigue la misma dirección que la de Dios. Por último, no hay que olvidar la «comunicación», es decir, lo que «transforma» a los manipulados en señores de la realidad, lo que «transforma» a las masa en élites, ya que éstas si se preocupan por mantener continuamente engrasada la comunicación y las relaciones públicas entre ellos mismos . Es la «comunicación» la que evangeliza, la que crea comunidad, por supuesto, la comunicación es completa cuando va acompañada de caridad material, pero también es significativa cuando solo se limita a hacerle ver al otro que estamos aquí que le importamos y que somos sus hermanos. Los «ricos del mundo» nos quieren incomunicados, aislados, odiosos y odiándonos unos a otros y sin Dios. Por todo ello, me decidí, entre otras acciones, a promover el reparto de octavillas masivas por parte de cualquiera, con la perspectiva de Cristo y las miradas ojerizas de la élite, lo hice en foros y también escribiendo un libro «Élites, octavillas y Dios»: https://www.lulu.com/es/account/projects/nyrgvd

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2 comentarios en “Humildad y amor y octavillas

  1. José Miguel

    1. identicon

      Manuel Gutiérrez Algaba

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