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3 de febrero de 2026 0

Geopolítica

Geopolítica ( 1 de 128 ) Clase global ( 1 de 16)
( Por Manuel Gutiérrez Algaba )–

En un reciente vídeo de José Luis Montáns Suárez en su canal de «Geopolítica Actual», comentaba unas declaraciones de Alexander Dugin en las que se quejaba amargamente


de que el «occidente colectivo» , es decir, Europa y USA, sobre todo USA y Reino Unido, quieren la sumisión de Rusia y su destrucción como entidad política, algo así, como admitir que la única salida que están dejando a Rusia es la guerra nuclear o su propia destrucción lenta y admitida.
Dugin, un peso pesado en la geopolítica Rusia y con influencia en el ambiente cultural geopolítico del Kremlin, achaca a Vladimir Putin cierta condescendencia o blandura con Occidente, cierta debilidad que ha permitido a Occidente creerse que puede destruir a Rusia.

Alexander Dugin, también, no hace mucho escribió un artículo antológico sobre la «clase global», ese grupo de millonarios de poco nivel, no ultramillonarios, pero que son bastantes en número, una especie de burguesía que en Rusia controla todos los negocios medios y algunos de los grandes. Es una clase social que no está, apenas, atada a la patria, que le gusta ir a Europa o a otras zonas del mundo a divertirse y comerciar, en definitiva una clases de rusos a los que les molesta la autocracia, el aislamiento y el nacionalismo «extremo». Yo, también, en mi libro «Elites, octavillas y Dios», pongo de manifiesto que todo el problema que tenemos es un problema con las élites, sobre todo locales, que han dejado de creer en Dios y, por tanto, en la patria. Son élites más pendientes del materialismo y del hedonismo. Esa cultura anticatólica ha permeado incluso a las protoélites de la masa, a los pequeños burgueses o clase trabajadora acomodada.

Lo que parece no analizar Dugin es que está clase global es la que manda en Rusia, los generales, los grandes empresarios, los intelectuales, los periodistas famosos son quienes conforman esta clase apátrida, por lo que es de suponer que los estrategas del Kremlin, o bien forman también parte de esta clase, o bien tienen problema para puentearla. El meollo está en está clase global y en la clase aburguesada, que no burguesa, que le sigue a la rueda, pero, como ocurría con la nobleza en los estertores del antiguo regimen, esta clase aburguesada ya no puede mantener el tren de vida, ni las mentiras de una grandeza que nunca fue. Son estas dos clases el pilar del globalismo, del post-liberalismo. Son ellos quienes por unas migajas, por retrasar cinco minutos su propio exterminio, dejarán implantar la dictadura tecnocrática a la élite superior, a la única élite realmente.

José plantea un nuevo marco «civilizatorio» que sirva de alternativa a la civilización occidental, al liberalismo, esa supremacía cultural que hace que todos los países del mundo se plieguen a la voluntad del Imperio; pero José más que buscar esa «otra» civilización, que curiosamente casa con el catolicismo, con el carlismo, lo «deja» en una propuesta intelectual o de «organización», pero sin concretar. Es como si alguien está buscando una cosa, pero, en realidad, no la busca, sino que dice que la busca. El carlismo encaja perfectamente con el marco civilizatorio.

José, como otros generadores de contenido, tampoco conecta ni revisa ideas de otros youtubers o de otras fuentes filosóficas o de pensamiento. Enuncia que hace falta una nueva civilización o proceso intelectual, pero le da igual el carlismo o el catolicismo.

Otra cosa interesante que dice es que mientras Dugin propone y se habla, el Imperio sigue desplegando la tecnocracia a nivel mundial, lo cuál es aplicable a Dugin y a él mismo, pero no está mal admitir las charlas que no van a ningún sitio. Esta actitud tan moderada, disgregadora ( no le interesa nada más que su análisis y «su gente»), soberbia(no suelen tolerar mucha disensión en sus canales), cegata e ignorante ( no quiere saber nada más) es parte, sino el origen del problema. Tanto los artículos de Dugin, como los vídeos de José, a fin de cuentas, son parte del problema como dice José, es una falsa resistencia, una espera sin fruto, estéril, que entretiene y, peor, da falsas ilusiones de que se está luchando contra el anticristo. José llega a detectar la verborrea de conceptos y el gazpacho intelectual de Dugin, cuando Dugin habla de anticristo, tercera Roma, etc. , sin percatarse, claro, de que él se halla en otra verborrea muy parecida.

Él carece del concepto de «continuidad«, continuidad entre teoría y acción, entre acción hoy y acción mañana también, entre acción en un lugar y seguir la acción en ese mismo lugar. José no propone ninguna articulación, ninguna ingeniería político-cultural. José ni huele que tiene que coordinar teoría y acción, propaganda y organización de personas, sistemas. Me cae bien José, es inteligente y coherente, sólo le falta el último paso, el más duro, porque analizarse a él mismo, vaciarse de si mismo y preguntarse que puede hacer por Dios y el prójimo, es lo más alto a lo que puede llegar.

Realmente, la geopolítica se ha convertido más en otra rama del intelectualismo-entretenimiento, en un elemento más del «Que vivan ellos», en vez del «que inventen ellos», por el que la mayoría de la población está en un estado vegetativo-contemplativo en el que ve como pasan cosas por las pantallas mientras sigue inmóvil e inmutable, en una falsa prudencia. Una forma de atajar esa saturación informativa y esa inmovilidad es restringir el consumo de noticias a una sola fuente, en este caso, voltairenet.org, en vez de beber y embriagarse de tantos comunicadores, coachers, profetas, adivinos y místicos, que pululan por unos likes, unas visualizaciones y unos eurillos de algún libro.

En definitiva, inacción, clase global, intelectualismo, guerra nuclear, anticristo, una bonita introducción a la «geopolítica» que circula por esos mundos electrónicos de Dios, en los que hay más mentira que verdad, y más habladores que hacedores.

En cuanto a uno mismo, que aplique la caridad que pueda y que sepa, y ya estará desbaratando los planes del maligno.

Un abrazo en Cristo Rey.

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