6 de diciembre de 2020 1 / /

El vascuence en Bilbao

(Por Zortzigarrentzale) –

Recientemente hemos visto en la televisión a Íñigo Urkullu, lehendakari, leer un documento en que anunciaba el proyecto de conseguir que el vascuence sea la lengua de uso público y normal en Bilbao. Creemos que está muy equivocado. Veamos por qué.

Los romanos se asentaron en lo que hoy es la CAV. Trajeron el latín y la escritura. Desde entonces el latín ha sido la lengua en que han escrito los habitantes de estas tierras. El latín se transforma, con el tiempo, en el castellano. El vascuence se seguía hablando. De modo que ha habido una convivencia de ambas lenguas. Los escritos se hacían en la lengua foránea (foránea pero firmemente asentada) mientras el pueblo hablaba en lengua que prefería. Quienes no necesitaban para nada escribir, podían prescindir del conocimiento del castellano. Quienes participaban de la vida oficial necesitaban usarlo.

Por eso nuestros documentos oficiales, los contratos y testamentos se redactaban en castellano. La prueba está en las cartas de fundación de las villas y en los Fueros recopilados en 1460 y en 1521.

En Bilbao el castellano ha tenido una fuerte implantación. El puerto de Bilbao fue el más empleado por el Consulado de Burgos para la exportación de las lanas a Flandes. Las primeras obras de acondicionamiento de la Ría, fueron sufragadas por dicho Consulado.

Llegando al siglo XIX, encontramos pruebas evidentes de que es el castellano la lengua dueña de la calle bilbaína. Muchas familias de Bilbao seguían hablando vascuence en su domicilio. Pero en la calle, lo normal era hablar castellano.

Hemos conocido familias de amigos en las que los hermanos mayores hablaban vascuence y castellano indistintamente. Mientras los hermanos menores eran incapaces de mantener una conversación en vascuence; incluso lo ignoraban en absoluto. La explicación, en todos los casos, era la misma.

Un matrimonio vascoparlante se trasladaba a vivir a Bilbao. Conservaban el uso de su vascuence nativo. En la calle se relacionaban en castellano. Los hijos mayores nacieron en la época en que los padres hablaban con exclusividad, o al menos con preferencia, en vascuence. Y en ese idioma crecían. Pero el uso del castellano, en la calle, hacía que los padres se habituasen al castellano. Terminaban usando el castellano en casa. Y ese era el idioma en que se educaban los hijos pequeños.

Del predominio del castellano en las calles bilbaínas son prueba evidente las “bilbainadas”. Canciones típicas de Bilbao. Todas -insistimos, todas – las que conocemos se cantaban en castellano. En alguna se incluyen palabras típicas del castellano de Bilbao, procedentes del vascuence. En la mente tenemos alguna de ellas. Una nos habla de “un ladino francés al que le tocó la lotería y en la Plaza Nueva instaló una gran peluquería”. Otra del deseo que uno tenía de que “le enterrasen en medio del Arenal para que las bilbainitas le pisaran al pasar. Las relaciones comerciales con Cuba nos trajeron habaneras, de las que “La bella Lola” fue la más conocida. Otra canción, muy difundida, nos hablaba de una sardinera que venía desde Santurce y pregonaba su mercancía por las calles. Todas, repetimos, en castellano. Ninguna, ni siquiera para muestra, en vascuence.

Si ese dato no fuera suficiente podemos aducir otro. En la última década del siglo XIX se abrió en Bilbao el primer batzoki. En las dependencias del mismo figuraban rótulos que incitaban a dirigirse a los conserjes en vascuence. Tan normal era que en las relaciones sociales, en Bilbao, se usase el castellano.

Al recordar esta canción no nos resistimos a relatar una anécdota de la Cruzada. En el avance final sobre Cataluña, al Tercio de Ortiz de Zárate, le correspondió ocupar Puigcerdá. Localidad fronteriza. Llegaron nuestros requetés y los gendarmes del otro lado les dispensaron un recibimiento amistoso. Formaron la guardia. Nuestro tercio correspondió formando también. Los franceses entonaron su himno nacional: “La Marsellesa”. Nuestros requetés no podían corresponder, pues nuestra Marcha Real no tenía un texto aceptado por todos. El oficial que mandaba las fuerzas no se amilanó. La orden surgió oportuna: “¡Muchachos, desde Santurce a Bilbao!”. Y adaptando el ritmo, cual, si de un himno militar se tratara, cantaron, muy serios todos, la canción de la sardinera. Al llegar el punto en que se dice; “voy gritando por las calles ¿quién compra?” los franceses creyeron que se trataba de un vítor y presentaron armas.

Nos parece muy bien que se fomente el cultivo del vascuence. Pero sin forzar a los que prefieren hablar castellano. Imponer algo por parte de los gobiernos es un acto de tiranía. Muy frecuente en las denominadas democracias a cuyos partidarios no se les cae de la boca la palabra “libertad”.

En al caso de Bilbao, es algo que va contra a historia y el ser de Bilbao. Es algo que no corresponde al gobierno autonómico. Es algo que costará dinero – ¿estamos sobrados del mismo? Es algo que consumirá muchas energías. Es algo que no se debe de hacer.

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Un comentario en “El vascuence en Bilbao

  1. Fermín de Musquilda

    Muchas gracias por su sentido común y sus recuerdos.

    Responder

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