21 de octubre de 2020 2

El Santo Padre y la “defensa de Dios”

Por Javier Garisoain

Vuelven algunos a ponerse un poco nerviosos por culpa de frases entresacadas de un documento pontificio. La encíclica Fratelli Tutti, como cualquier otro documento papal, podría trocearse en miles de tuits y dar lugar a lecturas absolutamente contradictorias. Tengamos cuidado con esas lecturas sesgadas y con la manipulación constante a la que se somete cualquier texto eclesial. Es importante leer estas cosas en su conjunto, entender quién es el destinatario de cada mensaje y saber darse por aludido sólo cuando corresponda.

En cualquier caso -y esto sirve para cualquier polémica de las que suelen acompañar cada vez más a los Papas en estos tiempos- diga lo que diga o haga lo que haga el Obispo de Roma recuerden que la palabra “Papa” significa padre y que no está bien alborotarse o mucho menos menospreciar o ridiculizar sus enseñanzas. En ningún caso. Como dice el Libro del Eclesiastés 3, 2-6: “aunque chochee”. ¿Que oímos o leemos algo que no nos cuadra? No pasa nada, vayamos al Magisterio, acudamos a la Tradición perenne y no nos equivocaremos.

En el punto 285 de su reciente encíclica, el Papa se refiere a cierta declaración compartida con un importante clérigo musulmán. En ese párrafo afirma: “En efecto, Dios, el Omnipotente, no necesita ser defendido por nadie y no desea que su nombre sea usado para aterrorizar a la gente”. Yo, desde luego, como cristiano, español y carlista no me siendo aludido por esta advertencia, y pienso sin embargo que sí resulta un aviso muy oportuno dirigido al islamismo radical.

Nosotros, los carlistas, a pesar de nuestros himnos y de nuestros lemas, no luchamos “por Dios” en sentido literal. Eso es lo que quiso hacer el bueno de San Pedro cuando sacó la espada en Getsemaní y el mismo Jesús se lo impidió recordándole que, si lo hubiera querido, habría tenido legiones de ángeles a su servicio. Nuestra lucha es más bien como la de los santos Macabeos: es una lucha por la Religión, por la civilización cristiana, por nuestra Tradición. Si se puede decir que salimos “en defensa de Dios” es en tanto que lo hacemos en defensa de nuestros hermanos, de los pobres y de los débiles recordando aquello de “… a Mí me lo hicísteis”. Salvando errores y pecados que no hay por qué ocultar, podríamos afirmar que los españoles defensores de la España tradicional, siempre que hemos tomado las armas lo hemos hecho con espíritu defensivo, para luchar contra el invasor o contra el usurpador; nada que ver por tanto con la yihad de los musulmanes o con las guerras imperialistas de las ideologías o de los tiranos.

Nos hierve la sangre estos días viendo las imágenes de templos en llamas que nos llegan desde Chile. La excusa de una protesta política contra el gobierno, el recurso a señalar estos hechos como casos aislados, obra de exaltados, no pueden ocultar que el objetivo último de las ideologías hegemónicas es acabar con la Civilización cristiana, el último bastión que impide la destrucción de la naturaleza del hombre. No es la primera vez que la Revolución descubre su lado satánico con la quema de iglesias. Ni será la última. Todo parece indicar que llegan tiempos recios para los que tendremos que prepararnos en cuerpo y alma. Defendiendo los templos, y a la vez cuidando el espíritu para que no se nos contagie la espiral del odio.

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2 comentarios en “El Santo Padre y la “defensa de Dios”

  1. Antonio Jesús Sanabria

    Muy bien expresado. Solamente me gustaría añadir, o recordar, que la misión profética de todo cristiano es poner de manifiesto las injusticias.

    Me encantó conocer las manifestaciones del obispo de Nagasaky sobre la pandemia, explicando contundentemente que la causa está en la destrucción de la casa común que llevan a cabo, quienes acumulan riqueza y poder destrozando muchísimo más que lo que producen, y a la vista está.

    El análisis marxista, ideado a propósito para confundir, expone la sociedad dividida en clases, sin explicar siquiera el origen de las mismas (porque si lo hiciese quedaría en entredicho), cuyo planteamiento da cobijo a los maleantes que pudieran entenderse incluidos en alguna de ellas.

    Los que pudiésemos considera incluidos en la “clase trabajadora”, aprovechan para servir al mejor postor o cargarle el trabajo a sus compañeros. Tumbándose o dándose de baja sin motivos reales y arañando panza arriba si alguien le llama la atención (“tú que pasa? que estás con el capitalismo?”). Eso si no acaban de sicarios a sueldo.

    Los que en la “clase empresarial”, aprovechan para justificar la actividad económica marcada solamente por el beneficio empresarial y no por el servicio. Libertad de empresa para cualquier cosa, aunque sean inútiles, nocivas o, claramente antisociales, e incluso criminales.

    Los dirigentes de la izquierda política política (salvo a los seguidores engañados), asumen aquel planteamiento, que finalmente beneficia al capitalismo sin escrúpulos.

    Los dirigentes de la derecha política (salvo a los seguidores engañados), en aparente oposición, entran dentro del entramado, defendiendo esta consideración de la actividad empresarial.

    Pero tanto Donal Trum como su “alter ego” opositor, forman parte del mismo régimen continuado, que mató a sus propios marineros hundiendo el Maine en el puerto de la Habana para declararnos la guerra, asesinó a medio millón de filipinos españoles exterminando las aldea donde se hablaba castellano, ha promovido el exterminio de los cristianos en oriente medio, a partir de la invasión de Irak, apoya a los Saud de Arabia y el genocidio de éstos sobre el Yemen…..

    Y Mao Tse Tung fue un mandarín que cambió de chaqueta para seguir mandando a la antigua usanza, deshaciendo las costumbres de los pueblos, para facilitar la obediencia. Los chinos, que podían distinguirse de qué región eran por su vestimenta, fueron sometidos durante dos décadas al pantalón bombacho gris y la camisola del mismo color, que Mao vistió de mejor diseño y género con distintivos de mando, para dar paso, con la “apertura” posterior, a la introducción de la moda inglesa en el modo de vestir de los chinos.

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  2. Ramón de Argonz

    Gracias por el escrito y el ánimo.
    Yo creo que, en principio, el bueno de Pedro hizo lo que tenía que hacer: defender al Maestro con la espada que tenía oculta frente a los que iban con espadas y la fuerza.
    Otra cosa es que un poco rato antes el Maestro hubiese elevado a Pedro a la dignidad del sacerdocio y ésta dimensión no se correspondiese con el gesto del bueno de Pedro; que el Maestro hablase desde dentro de su Pasión y no desde fuera de ella -como hacía Pedro-; que advirtiese la inutilidad del gesto de Pedro… pues era seguro que sus Ángeles no fallarían el golpe deslizado sobre la oreja de Malco.
    La afirmación: quien a espada mata a espada muere, es de pura lógica, porque quien se encarga de la defensa de la ciudad con las Armas, suele morir en ello antes o después (al menos en aquellas épocas). En ese momento el Maestro estaba a otra cosa.
    Yo creo que cuando con la fuerza o la astucia se atenta contra la Cruz reconocida por el poder Civil y político, debe defenderse dicha Cruz por la Cruz misma, por lo que significa en sí, y por el Crucificado, y no sólo por el mal ejemplo, por obstaculizar la paz, y por el qué dirán los hermanos, los pobres y débiles. Defendámosle a Él por ser quien es. Ya sabemos que Dios, si quiere, se defiende sólo, es decir, que no NECESITA que le defiendan… pero como el buen Padre quiere que el hijo “defienda” su honor cuando es atacado injustamente, pues así es cómo éste le corresponde en el amor. Basta pensar cómo el Maestro defendió la honra del templo, y lo que el templo era para los judíos. ¿Qué diríamos de un hijo que ve cómo se humilla a su poderosa madre y se repliega en sí mismo porque “sólo ofende quien puede”?

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