El principio de necesidad

El principio de necesidad
Propaganda (3 de 1024)
(Por Manuel Gutiérrez Algaba)–
¿Por qué la gente no se hace católica? ¿Por qué la gente no se hace carlista? ¿Por qué los carlistas no hacen proselitismo de manera rabiosa? ¿Por qué la gente acude de manera compulsiva a restaurantes, cafés y otros entretenimientos banales? ¿Por qué sale a la calle para el eclipse o sus gafas pero no por Ceuta? ¿Acaso hay necesidades perentorias e inmediatas, como relacionarse con otros, afirmarse en el grupo, buscar otras fuentes de ganar dinero o encontrar pareja para formar una familia?
Y, si existe este «principio de necesidad», ¿por qué no lo aprovechamos, por qué no acoplamos necesidades básicas a ideales elevados? Nadie va a salir a luchar contra el aborto a no ser que lo considere una necesidad. Los que salen y han salido lo consideran una «necesidad», una obligación moral, pero la inmensa mayoría, de moral destruida, de costumbres destruidas, no tiene otra moral que conseguir prebendas y que nadie les pise.
La moral se adquiere bien al modo de San Pablo, bien al modo de Noé ( catástrofes), bien al modo de los Evangelios ( el mejor y el de Cristo), con caridad, con proselitismo, con oración. Podemos catequizar con caridad, sanando al enfermo, al necesitado, siempre que sus necesidades sean naturales y básicas: salvar su vivienda, su forma de ganarse la vida, su salud,…
Sus necesidades siempre serán la mejor forma de acercarnos a ellos y que ellos se acerquen a nosotros ( por el principio de reciprocidad). No se trata de convertir al carlismo en un movimiento activista, se trata de convertirlo en un movimiento católico, caritativo de las necesidades de los otros (no las nuestras), tanto para la conversión de los demás como para nuestra propia conversión y perfeccionamiento cristianos y mayor gloria de Dios. En efecto, tenemos que «negarnos» a nosotros mismos, a nuestras necesidades, para llegar al ideal de Cristo.
Viva Cristo Rey.
