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27 de octubre de 2023 0

El P. Álvaro Cárdenas nos habla en profundidad de la labor de Fundación Lázaro en España y otros países

(Una entrevista de Javier Navascués).-

El P. Álvaro Cárdenas Delgado es sacerdote diocesano de la diócesis de Getafe, Madrid. Llamado al sacerdocio desde muy joven, estudia primero filosofía y después teología. Durante sus años de formación profundiza en la espiritualidad católica, especialmente mariana. Tras su ordenación sacerdotal en 1998, además de su servicio a la diócesis de Getafe en las tres parroquias a las que ha sido destinado, ha ejercido el ministerio de la confesión, de la dirección espiritual, y de la predicación; el acompañamiento de peregrinaciones; y el trabajo de traducción y publicación de libros de espiritualidad, entre ellos “El Buen Ladrón, Misterio de Misericordia”, “La total pequeñez, o la vida en María; el pequeño camino de unión con María, o la infancia espiritual en ella”, preciosa joya de espiritualidad mariana, las Obras Completas de Marcelo Van, el joven vietnamita redentorista en proceso de beatificación, alma gemela de Santa Teresita del Niño Jesús, hermano espiritual suyo, continuador de su pequeño camino de infancia espiritual e interlocutor suyo, de Jesús y de la Virgen María, y la biografía comparada entre este joven vietnamita y el Cardenal vietnamita Van Thuan, primer postulador de la Causa de beatificación del joven vietnamita: “Dos vidas, un mensaje”.

Además, ha creado la página web amigosdevan.es, dedicada a este joven vietnamita, Apóstol escondido del Amor Misericordioso, como lo llamó Jesús. El último trabajo de publicación ha sido la edición del libro entrevista al Papa Francisco: “De los pobres al Papa y del Papa al mundo”. Además ha sido el iniciador de las conocidas vigilias de testimonio, adoración y alabanza “Asalto al Cielo”, que durante cinco años seguidos ha organizado mensualmente en su parroquia. Los impactantes testimonios de estas vigilias se encuentran en Internet y han sido vistos más de dos millones de veces. En 2017 fundó con cuatro amigos Lázaro España, la filial española de la asociación Lazard France. Desde entonces es su presidente e impulsor en España. 

¿Podría explicarnos cómo nace en Francia el proyecto Lázaro?

Lázaro surge de un desamor y de unos días de oración. A finales de 2005 Étienne Villemain, un periodista parisino de 29 años, recibe a pocos días de casarse la decisión de su novia de cancelar la boda. Con el corazón roto, busca unos días de retiro navideño con una comunidad cristiana.

Durante una adoración eucarística en Paray Le Monial se propuso a los participantes que tomaran un papel al azar con el nombre de un santo. Él se dijo: “Si me sale la madre Teresa de Calcuta me dedicaré a las personas sin hogar”. Y le salió su nombre. El segundo mensaje que recibe también al azar es: “No se te pide que tengas éxito, sino que seas fiel”. En ese momento le visitó una gran paz y dijo interiormente sí a lo que entendía que era una llamada. Serenado y confirmado interiormente volvió a París.

Eran días de frío invernal y a Étienne le impactaba mucho ver a tantas personas durmiendo en la calle. Llamó a un amigo suyo, otro joven de su misma edad que era trabajador social, y ambos decidieron compartir piso con tres personas sin hogar.

Pronto otros amigos suyos se unen a la iniciativa fundando la “Asociación por la amistad”, abriendo varias comunidades en París.

En 2011, Étienne, respondiendo a las solicitudes que recibían de otras ciudades de Francia, se lanza a comenzar esta experiencia fuera de París fundando los hogares Lázaro Francia.

Hace siete años, en 2016, Sibylle de Malet, una amiga francesa que se había incorporado al proyecto me presentó el proyecto y me comprometí a que fuera también una realidad en España. Poco tiempo después, cuatro amigos comenzamos esta aventura Lázaro en España, creando la Fundación Lázaro y abriendo al año siguiente nuestro primer hogar para mujeres, y más tarde el de hombres. Estos siete años han estado llenos de dificultades, hasta el punto de preguntarnos en algunos momentos si realmente esto era un proyecto querido por Dios o simplemente un buen deseo nuestro que debía terminar. Hoy tenemos en Madrid un hogar que acoge un piso de mujeres, otro de hombres, otro para la familia voluntaria que acompaña nuestros hogares, un estudio y una casita un poco más independiente, un oratorio, y espacios comunes donde encontrarnos y compartir juntos. El pasado jueves 5 de octubre inauguramos con gran alegría nuestro nuevo hogar Lázaro en Barcelona.

Sin duda, una inspiración del Espíritu Santo para vivir el Evangelio en el siglo XXI…

Sí. En cuanto conocí el proyecto tuve la convicción interior de que Lázaro era un fruto de la fantasía del Espíritu Santo, un regalo para la Iglesia y para la sociedad de nuestro tiempo.

La falta de signos de la presencia de Dios en nuestras sociedades secularizadas, dificulta tenerlo presente en la vida. Además, la cultura actual del éxito, del tener, de la autosatisfacción personal y del disfrute inmediato, provoca una pérdida del sentido de la vida, un gran vacío existencial y una ansiedad muy grande, muy particularmente entre los jóvenes. Además, todos somos conscientes, especialmente los jóvenes, de las dificultades que hay en nuestro tiempo para encontrar un trabajo digno que permita alcanzar una independencia personal, sostener la propia vida y comenzar o mantener una familia. Por otra parte, la desestructuración de la familia provoca la fragilidad y pérdida de los vínculos afectivos y el aumento de la soledad, con todo lo que esto conlleva. La dificultad de las familias para llegar a fin de mes han provocado las colas del hambre que vienen a nuestras oficinas de Cáritas. A todo esto se une los complejos procesos migratorios, que más allá de las respuestas políticas requieren, como problema humano que es, respuestas también humanas. Todos estos factores están disparando la precariedad, el aumento de la pobreza y el sinhogarismo.

Instantes después de su elección como Sucesor de Pedro, el Papa Francisco, descendiente de emigrantes italianos y tan sensible por su origen argentino a la realidad de la desigualdad y la pobreza lacerante existente en Iberoamérica, escuchó la petición del Cardenal Hume: “No te olvides de los pobres”, palabras que él sintió como una indicación para su Pontificado. La lección de su nombre, inspirado en san Francisco, el “poverello” de Asís, ha mostrado desde el principio de su servicio a la Iglesia y al mundo la necesidad de que la Iglesia, para que sea creíble, ha de ser una Iglesia “pobre y para los pobres”. Además ha mostrado la urgencia de que tanto la Iglesia como la sociedad tengan presentes a los pobres, invitándonos no sólo a acogerles, a escucharles y a ayudarles, sino a integrarles también a la propia comunidad de la Iglesia y de la sociedad.

Lázaro quiere ser una luz más en nuestras comunidades eclesiales y en nuestra sociedad que saque del anonimato y de la exclusión a nuestros hermanos que viven en la calle. Lo hacemos desde nuestra originalidad propia, que es nuestra identidad cristiana y nuestro modelo particular, ofreciendo a personas sin hogar y a jóvenes profesionales entre 24 y 40 años pisos colaborativos para compartir. La experiencia nos dice que aquellos que carecen de un techo y de un hogar necesitan no sólo un techo y un sostén mínimo sino acogida, escucha, afecto y amistad.

Sin embargo, desde fuera parece que no es una iniciativa para todo el mundo, pues no todos en la práctica quieren ni puede acoger a un pobre en su casa…

Lógicamente no todo el mundo puede ni quiere acoger a un pobre en su casa. Tampoco todos los que viven en la calle quieren ni pueden compartir casa con otros. Lázaro se dirige tanto a jóvenes inquietos que quieren hacer esta experiencia, compartiendo al menos un año de su vida con aquellos que han pasado por la difícil experiencia de la calle, como a estos hermanos nuestros que quieren compartir su vida con jóvenes y con otros que como ellos carecen de una familia y de un techo.

Con el Papa estamos convencidos de que los pobres no sólo necesitan a la Iglesia y la sociedad sino que la Iglesia y la sociedad los necesita. No sólo han de ser objeto de nuestra solicitud sino que están llamados también desde su experiencia de la necesidad y del sufrimiento a participar y a colaborar en la humanización de nuestra sociedad y en la misión de la Iglesia.

Por eso Lázaro, con toda la red de miembros, amigos y colaboradores, tanto del mundo eclesial, social, empresarial, y de otras asociaciones y fundaciones con las que nos unen vínculos de amistad, es un precioso puente que hace posible la amistad entre personas y mundos aparentemente tan distantes. Por eso su objetivo no se reduce a ofrecer una ayuda a personas vulnerables sino que está comprometida en la creación de una cultura nueva del encuentro, de la escucha y de la amistad social.

Al principio, los prejuicios y la desconfianza mutua pueden dificultar la decisión de compartir la vida. Pero en cuanto nuestros amigos sin techo y nuestros jóvenes y amigos se conocen y comienzan a acogerse mutuamente, la escucha y el descubrimiento del camino personal del otro, con todas las dificultades y sufrimientos vividos, hace surgir el afecto, la comprensión y la voluntad de vivir juntos en la amistad.

Lázaro no es un proyecto de ayuda, un recurso social más, es un proyecto que cambia vidas, las vidas de todos los que son alcanzados por la vida que el proyecto genera: acogida, escucha, amistad, una mirada nueva sobre la vulnerabilidad propia y ajena, ternura y servicio mutuo. La vida de quien se encuentra con Lázaro en algún punto se transforma, sea creyente o no. Quien nos conoce se reconoce acogido y abrazado por una verdadera familia en la que nadie, por distinto que sea de los demás, se siente excluido. La presencia del Señor y su amor entre nosotros tocan a quienes nos encontramos.

Esta iniciativa felizmente se fue extendiendo por Europa y México… ¿El límite es el mundo entero?

Tras la fundación del proyecto en 2011 tenemos hogares en varias ciudades de Francia y a partir de 2016 también en España, con un hogar en Madrid y otro nuevo en Barcelona, que ha sido posible gracias al apoyo de la diócesis, que ofreció un edificio, y de un grupo generoso de laicos. Además, tenemos un equipo muy ilusionado en el Puerto de Santa María trabajando para abrir otro y estamos buscando un edificio en el Sur de Madrid para comenzar allí nuestra aventura.

El proyecto ya es una realidad también en Bélgica, Suiza y México.

En otros países como Inglaterra estamos comenzando también, y nos llegan peticiones de otros países para desarrollar el proyecto.

Los pobres -como nos dijo el Señor- estarán siempre con vosotros” (Mt 26, 11). Por eso, en la medida de nuestras posibilidades estamos dispuestos a ofrecer nuestra colaboración allí donde se nos solicite para llevar esta propuesta de vida para nuestros jóvenes y amigos menos favorecidos por la vida.

¿Qué supuso para usted involucrarse en este apostolado y cuál es su función?

Desde el principio fui consciente de la necesidad de este proyecto no sólo para ofrecer una respuesta al problema lacerante de nuestros hermanos sin techo sino como medio para participar en la creación una nueva cultura del encuentro, del servicio, de la escucha mutua y de la solidaridad, y también como un remedio más para nuestra comunidad cristiana y nuestra sociedad, enfermas tantas veces de individualismo, de comodidad, de indiferencia y falta de compromiso.

Además, tuve la convicción de que Lázaro, que es un proyecto de jóvenes y para los jóvenes, podía ofrecer a nuestros jóvenes católicos una experiencia profundamente enriquecedora que les permitiera entregar no sólo su tiempo, unos días o alguna semana al año en un voluntariado, sino hacer de su vida durante un tiempo un don para otros, enriqueciéndose al mismo tiempo con ellos.

En el aspecto organizativo, mi papel en un primer momento fue encontrar las personas adecuadas que pudieran dar forma en España al proyecto y crear la fundación. Después ha sido representar al proyecto como presidente fundador y ayudar a darlo a conocer y encontrar quienes nos apoyen económicamente. Y en cuanto encontramos el primer piso para comenzar nuestra experiencia, acompañar pastoralmente a nuestros jóvenes y amigos que comparten piso y a las familias voluntarias que los han acompañado hasta ahora.

Luego está el aspecto personal. Lázaro no es sólo una iniciativa que ofrece un recurso a hermanos nuestros heridos por la vida sino que es un proyecto que cambia vidas, las de aquellos y aquellas que comparten piso, las de las familias que desde el principio les han acompañado, las de los amigos que participan, apoyan y sostienen el proyecto, y por supuesto la mía propia. Lázaro me ha ayudado en mi conversión a los pobres y a nuestros hermanos sin techo, a tener una mirada nueva sobre mí y sobre ellos, a reconocer su dignidad y a Jesús en ellos, a vencer mi comodidad y mi egoísmo, a escucharles, a descubrir sus valores y la riqueza que cada uno encierra, y a compartir mi vida, mi tiempo, y a Jesús y la vida que Él nos da, con ellos.

¿Qué importancia tiene la convivencia, que el pobre encuentre la calidez de un hogar cristiano, con el ejemplo de oración y de vida?

En Lázaro sabemos por experiencia que si las personas que viven en la calle tienen necesidad de un techo, necesitan también relaciones humanas: acogida, escucha, afecto y amistad. En Lázaro no sólo compartimos el techo, sino nuestro tiempo, nuestras vidas, nuestra amistad.

Hemos visto cómo cada persona puede crecer, superar sus inseguridades y sus miedos, abrirse en la confianza a los demás y encontrar su lugar en la sociedad, redescubriendo sus capacidades y su propio valor. Y esto no se refiere sólo a nuestros hermanos que han perdido su hogar y se han visto obligados a vivir en la calle, sino también a los jóvenes que se acercan a Lázaro para compartir su vida con ellos y a todo el que nos conoce, tentado por la indiferencia de replegarse egoístamente sobre sí y lo suyo, de instalarse en su comodidad, en su autosatisfacción y en sus juicios, sin abrirse a los demás.

Por supuesto que el calor del afecto ayuda a nuestros hermanos que pasan necesidad a descubrir su propia dignidad y valor, pero también recibirlo de ellos nos enriquece y nos hace crecer a todos. No sólo ellos reciben, también dan mucho, agradecidos por la oportunidad que se les da, dan lo mejor de sí mismos: ¡Se dan a sí mismos!

Nuestra voluntad es vivir con sencillez relaciones sinceras y cercanas, por eso nuestros hogares son casas de puertas abiertas a los demás en las que nos gusta acoger y compartir nuestra alegría desde la fraternidad, el servicio y la ayuda mutua. No hay nada extraordinario en lo que vivimos, pero compartir con sencillez lo ordinario se vuelve algo extraordinario.

El compromiso como voluntarios de nuestros jóvenes nace y es sostenido por su fe y su vida cristiana. Jesús es su compañero de piso más discreto y silencioso. Él tiene también su propia habitación, que es visitada cada día por ellos, por la familia voluntaria que les acompaña, por los amigos acogidos que quieren. Allí nos reunimos también quienes nos acercamos a orar con ellos para encontrarnos todos con Él y para que nos enseñe a todos a ser hermanos. Su presencia eucarística en nuestros hogares, en el oratorio reservado para Él, nos llama a ponerle a Él como fundamento de nuestra vida, y como fuente de la alegría y de la paz que reinan en nuestros hogares.

La acogida, el afecto, compartir la vida y la oración comunitaria permite a todos los amigos que comparten piso y hogar experimentar que son amados, les invita a abrirse a los demás en el amor y les facilita crecer en el amor y en el servicio.

También es importante ayudar a estas personas a su inserción laboral…

En Lázaro hemos tenido claro desde el inicio que acoger a nuestros hermanos más vulnerables implica acompañarles para que puedan alcanzar, en la medida de las posibilidades de cada uno, la autonomía personal que perdieron.

Para ayudarles a alcanzar esa autonomía personal, en la confianza y la responsabilidad sobre sus vidas, los acogidos, tanto como los jóvenes y la familia con quienes comparten el hogar, tienen que colaborar con él cooperando en los gastos que genera: habitación, alimentación, servicios… De este modo todos pueden reconocer el hogar como suyo y aportar responsablemente la parte que cada uno puede aportar. Para ello cada uno aporta según sus ingresos. Si alguno no tiene un empleo en el momento de entrar y por su situación personal puede trabajar, le ayudamos a encontrar un trabajo. De este modo puede madurar en su autonomía personal y, cuando la haya alcanzado, dejar su lugar a alguien que lo necesite más.

E igualmente ayudarle a superar sus adicciones, en caso de que las tengan…

Lázaro no es una comunidad terapéutica. Nuestros jóvenes no son psicólogos, ni psiquiatras, ni terapeutas. Si una persona sin techo tiene problemas importantes de salud mental o de adicciones se le ha de ayudar a encontrar la ayuda concreta que en este momento necesita. Pero si alguno de nuestros amigos de nuestros hogares tiene alguna dificultad que no le impide gravemente su relación con los demás contamos con una ayuda adecuada para él.

¿Cuáles son los principales frutos que ha visto en todos estos años?

Son incontables los frutos que hemos visto en estos siete años de andadura en España. Por su puesto el amor y la unidad que reinan en nuestros hogares. También la alegría y la ilusión de vivir que aportan los jóvenes a nuestra experiencia de vida compartida, y especialmente a nuestros hermanos que la habían perdido. La belleza de la unidad en la diversidad de edad, orígenes, cultura y situación económica, conviviendo personas tan distintas. Nuestros amigos que antes estuvieron en la calle van cambiando progresivamente al sentirse acogidos y dignificados por la nueva vida que empiezan a vivir.

El nombre de Lázaro expresa muy bien dos realidades que han vivido nuestros amigos sin techo: la de estar al borde de la vida, en sus periferias, sin poder participar de la vida, como le ocurría al pobre Lázaro de la parábola, y la experiencia de la muerte afectiva y social que entraña el sinhogarismo y la resurrección que experimentan cuando son reincorporados a la vida, representados en Lázaro de Betania, el amigo de Jesús, hermano de Marta y María, a quien Jesús hizo pasar de la muerte a la vida.

Además, para los jóvenes, la riqueza que por una parte les aporta la comunión con otros jóvenes provenientes de distintas experiencias y realidades eclesiales y por otra el bien que les hace el don que hacen de sí mismos al hogar y el que reciben de sus demás compañeros.

¿Qué significa la idea del Papa Francisco de que no solamente los pobres necesitan a la Iglesia y a la sociedad sino que la Iglesia y la sociedad necesita a los pobres?

El Papa Francisco nos ha recordado en su Exhortación apostólica Evangelium Gaudium, que Dios se ha identificado con los pobres, con los que sufren, con nuestra vulnerabilidad, es más, se ha hecho uno de nosotros con su encarnación. Esta preferencia divina tiene consecuencias en la vida de fe de todos los cristianos”, “llamados a tener los mismos sentimientos de Jesucristo”.

Los distintos Lázaros de las periferias existenciales de nuestro tiempo son un don que Dios nos da para poder saborear la alegría del Evangelio y desmentir la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro, construyendo puentes que nos salven, y salven a nuestra sociedad de falsa seguridad en la que se ha instalado, de la comodidad hedonista, la indiferencia, y la falta de conciencia ante nuestros hermanos que sufren, en las que a imagen del rico Epulón vive, creando un abismo que nos separa de los más desfavorecidos.

La parábola de Jesús del rico Epulón y el pobre Lázaro (Lc 16, 19-31) nos invita a comprender, como solía decir Benedicto XVI, que la vida verdadera no consiste en poseer y en disfrutar todo lo que ella nos puede dar, sino en darla, compartiéndola con Dios, principio, fundamento y destino de nuestro ser, y con los demás. La presencia de Lázaro a la puerta del satisfecho Epulón nos hace descubrir que el otro con sus necesidades, y muy particularmente los pobres, los que sufren y los necesitados, son la ayuda que el Cielo nos envía para despertarnos del sueño de nuestra vida tranquila, cómoda y desinteresada de la suerte de nuestros hermanos, y arrancarnos del riesgo de perder la vida, ahogados en nuestros propios intereses egoístas. El desenlace final de la parábola nos hace comprender el fin del satisfecho y despreocupado Epulón, que no puede disfrutar junto a Lázaro de la vida eterna en el seno de Abrahám. Entre un lado y otro se abre un abismo que no se puede traspasar. Es el abismo que los hombres creamos entre ricos y pobres, entre satisfechos y necesitados, entre los que viven sólo para sí y los que necesitan de ellos para vivir.

Además, los pobres no pueden ser únicamente simples objetos de nuestra justa solicitud o de nuestra caridad cristiana, sino los sujetos de la transformación de nuestra sociedad, de nuestras relaciones, de nuestras comunidades, como nos está enseñando el Papa Francisco. Sujetos que llaman a nuestra puerta pidiendo atención, acogida, escucha, comprensión, respeto, integración y dignidad, sujetos del cambio de nuestro corazón y del de nuestra sociedad, sin el cual no habrá futuro porque no habrá sociedad. Una sociedad fundada en la mentira, en la ambición, en la corrupción económica y moral, en el afán de poseer, de disfrutar y de poder, estará enferma de muerte. Por eso, los pobres, los que sufren, los que pasan necesidad, “son el altavoz -como afirmó Santa Teresa de Calcuta- con el que Dios despierta a un mundo de sordos”.

Los pobres Lázaros a la puerta de nuestras casas y en nuestras calles, son una esperanza de la Iglesia y de la sociedad, los que nos han sido dados –como Lázaro al rico Epulón- para salvarnos de la tentación que siempre nos insidia de nuestra comodidad, de nuestra autosatisfacción, de nuestro replegamiento sobre nosotros y lo nuestro, para asegurarnos un lugar en el seno del Padre, el cual, enviándonos a su Hijo, pobre y despojado de su gloria, nos ha revelado su predilección por los pobres y los que sufren, enseñándonos como hecho a Él mismo lo que hacemos a estos hermanos (Mt 25, 35-40).

¿Cómo se puede colaborar con la Fundación Lázaro?

Hay muchos modos de colaborar. Si algún joven se siente atraído por el proyecto puede conocernos personalmente y empezar a colaborar participando en nuestra comunidad de amigos, siguiéndonos por nuestras redes, uniéndose a nuestros planes u ofreciéndonos planes en los que ellos puedan compartir sus talentos: hacer una visita guiada a algún lugar interesante, dirigir un taller, organizar una excursión, animar alguna celebración de la Misa o alguna adoración con sus cantos, organizar con el hogar un día de puertas abiertas con sus amigos o su comunidad de fe para conocerse mutuamente… Quien esté considerando la posibilidad de venir a compartir piso como voluntario puede ponerse en contacto con nosotros para ir conociendo el proyecto. Si algún particular o institución eclesial o social conoce algún edificio que pudiera ajustarse a nuestra propuesta nos puede avisar. Ahora estamos buscando un edificio en el sur de Madrid. Aquellas empresas que en su responsabilidad social corporativa quieran ser mecenas del proyecto nos pueden escribir. Cualquier particular, asociación o fundación que quiera ayudar al sostenimiento económico y desarrollo del proyecto puede hacerlo también.

LAZARO ESPAÑA:

C/ Luis Larrainza 46A, 28002 MADRID

https://fundacionlazaro.es/;

contacto@fundacionlazaro.es

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