20 de mayo de 2018 0 /

El Guernica de Picasso

En un concurso televisivo gana quien demuestra un mejor conocimiento del léxico de la lengua española. Se enfrentan dos concursantes, auxiliados de otras dos personas. Uno de los pasos suele ser la búsqueda de palabras. El presentador les propuso hacerlo en sendas obras pictóricas. Tenían que encontrar objetos representados en las “Meninas”, de Velázquez y en el “Guernica” de Picasso. En el primer caso, el concursante y sus dos auxiliares encontraron siete. El grupo oponente sólo encontró dos. Un componente del mismo comentó: “tenemos que repasar con más atención el cuadro de Picasso”.

La anécdota es significativa. Podemos acordarnos de objetos representados en las “Meninas”, porque el cuadro de Velázquez representa una realidad. Es difícil que nos acordemos de lo que hay representado en el “Guernica” porque representa un sueño de su autor.

Muy pocos valientes, entre los entendidos en arte, se atreven a decir que el “Guernica” es un camelo. Su relación con la Villa bombardeada es nula. Hay quien dice que el cuadro estaba ya pintado cuando ocurrió el bombardeo.

La propaganda bélica rojo-separatista, ha hecho del cuadro una obra maestra del arte pictórico. Y el poder de lo “políticamente correcto” es tal, que nadie se atreve a decir que se trata de un mamarracho. Todos dicen que es maravilloso. Pero nadie se recrea en su contemplación, como lo prueba el distinto resultado obtenido por los concursantes del programa televisivo.

Uno de los primeros síntomas de que la Transición suponía un rendirse ante los vencidos de 1939, fue la premura con que su primer gobierno trajo del cuadro desde Nueva york. La propaganda que se dio al hecho. Y el lugar preferente que se le ha dedicado en Madrid. La presencia de Don Juan Carlos en la conmemoración de los ochenta años de su creación, es una prueba más de dicha claudicación.

Con la democracia, y todo lo que le es anexo, ocurre lo que cuenta el apólogo del rey que iba desnudo. Era evidente. Todos lo veían. Pero nadie se atrevía a decirlo para que no lo calificaran de pícaro o necio. Tuvo que ser un niño inocente quien dijera la verdad.

Por eso los carlistas, que ya estamos acostumbrados a que se nos apliquen los peores calificativos por parte de la masa sumisa a “lo políticamente correcto”, por decir la verdad, no nos importa que nos apliquen uno más. Y proclamamos muy alto que el “Guernica” de Picasso es una estafa intelectual.

No calificamos con ello a su autor, que demostró su talento en su primera época y se dejó llevar por el deseo de lucro posteriormente. Se dio cuenta que, pintando cosas raras, los adinerados con ínfulas intelectuales le pagaban más y aprovechó la ocasión.

Repetimos: el “Guernica” es una estafa intelectual. Y el que esté tan extendida la opinión en contrario, es una prueba más de la corrupción de nuestra sociedad. Que, presumiendo de ser libre, se somete dócilmente a lo que impone “lo políticamente correcto”.

 

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