12 de febrero de 2019 1

Consagración de España al Sagrado Corazón en 1919

 

Apenas salidos de la infancia, tuvimos noticia de que Don Alfonso había consagrado España al Sagrado Corazón. Se lo dijimos a quien nos iniciaba en el Carlismo. Y nos replicó: “pero a la tarde fue a merendar con los masones”.

Prisioneros de la Revolución.

La victoria de Lácar fue la última victoria sonada de los carlistas. El mismo Alfonso estuvo a punto de caer prisionero. Se cuenta en medios carlistas que, al enterarse de ello, su madre Isabel comentó: “hubiera preferido verle prisionero de Carlos que no de la Revolución, como lo es ahora”.

Isabel sabía lo que decía. Ella misma había vivido prisionera de la Revolución. Tal había sido el sino de su familia desde que María Cristina recurrió al apoyo liberal para hacer posible la usurpación.

Doña Virtudes.

Para segunda esposa del primer Alfonso, trajeron a una Archiduquesa. Esta Señora había recibido una exquisita formación religiosa en un convento austriaco. De ella misma se decía que era religiosa. Equivocadamente.

Pero la casaron con un prisionero de la Revolución y ella misma devino en prisionera. En su interior luchaban dos tendencias. Por un lado, la Fe que había arraigado en ella. Por otro lado, su defensa del trono que usurpaba su hijo.

Doña Cristina cambió el aspecto que ofrecía la corte de Madrid. Impuso una severa corrección de costumbres que contrastaba con el desmadre que se había dado con Dª. Isabel. Mereció, por ello, las críticas de las cortesanas que añoraban los días de vino y rosas pasados. Pero la seriedad que adoptó fue beneficiosa para la perduración de su familia en el trono. Los liberales alabaron su prudencia. Y los mismos carlistas descargaron su enemistad aplicándola el apodo de Dª. Virtudes.

Ella inculcó en su hijo Alfonso convicciones católicas. Se cuenta que antes de ser declarado mayor de edad y de iniciar su reinado, le hizo practicar unos ejercicios espirituales que le fueron dirigidos por el P. Coloma S. J.

La consagración de 1919.

Apareció, a principios del siglo XX, un apóstol de la devoción al Sagrado Corazón. Se trataba de un religioso sudamericano, perteneciente a la orden de los Sagrados Corazones. Su nombre: Mateo Crawdley Murga.

Este santo varón desarrolló una activa propaganda en favor de la consagración de la sociedad al Corazón de Jesús. Consagración de las familias, de las instituciones y de los estados. Convenció a Don Alfonso de la oportunidad de consagrar España al Sagrado Corazón.

En Don Alfonso se daba, como en toda su familia, la lucha interior entre sus convicciones católicas y su condición de prisionero de la Revolución. No dudamos de la sinceridad con que acogió la invitación del religioso. Y España fue consagrada al Sagrado Corazón en 1919.

Pero es un principio fundamental de la teología, que la gracia no suple a la naturaleza. Y la Consagración al Sagrado Corazón no sanaba los males intrínsecos de un sistema liberal. Éste, estaba condenado a su evolución posterior a una República atea. Y lo que los carlistas veníamos anunciando, desde décadas antes, ocurrió.

No necesitamos recordar cómo se implantó la República. Como se manifestó anticristiana desde sus primeros días y cómo hubo de llegarse a la Cruzada.

El monumento volado.

En las primeras semanas del conflicto, el monumento fue destruido por los milicianos. Es muy conocida la fotografía en la que aparece una fila de milicianos disparando contra la imagen. A personas enteradas hemos oído que se trata de una composición fotográfica, elaborada por los servicios de propaganda de los vencedores. Pudiera ser. Pero la voladura es innegable. Quedan las ruinas para atestiguarlo.

A las pocas semanas de la guerra, el Cerro de los Ángeles pasó a poder de los vencedores. Correspondió su liberación al Tercio de Requetés de El Alcázar. Como si la Divina Providencia hubiera dispuesto que, ya que los carlistas habíamos permanecido ajenos al acto de 1919, participáramos ahora en la liberación del territorio. Aquella reconquista hizo posible la erección del monumento y basílica actuales. En esta esperan la resurrección de la carne los restos de seis jóvenes sacrificados por los milicianos cuando intentaban proteger el monumento. De ellos, cinco pertenecían al requeté.

Renovemos la consagración.

Estamos en el Centenario de la Consagración. Es el momento de que todos los españoles nos unamos para renovarla. Para pedir al Señor que “venga a nosotros su Reino”.

El sistema liberal que nos tiraniza ha demostrado su fracaso. Nos prometieron una era de reconciliación, de paz, de convivencia, de tolerancia y de progreso. No tenemos más que seguir los medios de comunicación para comprobar que lo que nos han dado es todo lo contrario. La violencia en el pan de cada día en las calles de España.

Y es que nos dejamos engañar. Nos olvidamos del único Salvador para postrarnos ante un ídolo. Como los judíos que, por ello, fueron deportados a Babilonia.

Aquellos ídolos se los fabricaban de madera, piedra o metal. El ídolo actual se ha fabricado con las ideas nacidas en la mente de los filósofos. Lo mismo da una cosa que otras. Mientras esperemos la salvación de España de la democracia, estamos perdiendo el tiempo. Uno sólo es el Salvador y a él tenemos que dirigir nuestras súplicas.

El monumento inaugurado por un prisionero de la Revolución, ha sido sustituido por otro construido sobre la sangre de los hijos de la Tradición. Éste reúne, por tanto, a todos los españoles. Es el momento de que todos los españoles, nos olvidemos de los ídolos con que nos esclavizan y volvamos los ojos al Único que puede salvarnos.

Aprovechemos la oportunidad del Centenario y pidamos al Señor por su Reinado Social. Ya sabemos que no se trata de una receta de esas que curan los males instantáneamente. Pero es el único camino para que los españoles vivamos en paz y concordia. Esa paz y concordia que el mundo no puede dar.

Carlos Ibáñez

 

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Un comentario en “Consagración de España al Sagrado Corazón en 1919

  1. Javier carrasco

    Es la única verdad bes el único camino para España..VIVA CRISTO REY!!!

    Responder

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