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9 de agosto de 2023 3

Ante el riesgo de que algunas palabras del Papa Francisco puedan generar confusión

(por Javier Urcelay)

El papa Francisco tiene un estilo propio en sus maneras de comunicar que rehúye algunos de los formalismos de sus predecesores. Prefiere un estilo directo, utiliza un lenguaje popular y opta con frecuencia por la improvisación. Sus palabras, no siempre suficientemente matizadas -por ese mismo tono informal con que se pronuncian-, son reeditadas por los medios de comunicación, fuera del contexto adecuado y a menudo con poca fidelidad al sentido con que fueron emitidas. El resultado es el riesgo de que algunas de estas opiniones papales, normalmente al hilo de acontecimientos de actualidad y generalmente sin la pretensión de constituir pronunciamientos magisteriales, producen a veces inquietud entre los católicos más exigentes con los contenidos de su fe, y desorientación en otros cuya formación es más superficial. Un aspecto que habría que poner en la balanza junto a los beneficios de esa comunicación más espontánea e inmediata.

Creo no exagerar si digo que existe hoy un grado de confusión sin precedentes entre los católicos sobre cuestiones morales de una cierta envergadura, tales como las uniones homosexuales, el transexualismo, las nuevas uniones y modelos de familia, las técnicas de reproducción no naturales, el celibato sacerdotal o el acceso de la mujer al presbiteriado etc. E incluso sobre cuestiones más teóricas, como la legitimidad de las fronteras nacionales, el derecho de los pueblos a su propia identidad frente a la “·inculturación”, o la controversia entre libertad personal y dictados globales. Y eso por no hablar de otras cuestiones, mucho más cercanas a las verdades reveladas o al dogma cristiano, tales como el juicio universal, la realidad del infierno o, incluso, la misma existencia del pecado.

Si se navega por internet, se comprobará como detrás de las posiciones más variopintas sobre todos estos asuntos, se cita muchas veces alguna frase del papa Francisco como supuesto respaldo. Abusando de o tergiversando algunas de sus palabras, aprovechando a veces esa falta de matiz o precisión con que a veces fueron pronunciadas, casi siempre en el entorno informal de un off the record con periodistas en un avión o de una entrevista ligera en un medio generalista. Sea como fuere, no puede negarse que, como causa y efecto o por coincidencia del momento histórico en que tiene lugar su pontificado, los fieles de la Iglesia católica viven momentos de particular confusión doctrinal y moral.

Es en este contexto en el que, leyendo las memorias de Joaquín Navarro Vals, quien fue jefe de prensa de Juan Pablo II durante más de dos décadas, he encontrado un pasaje que me parece importante divulgar. Se trata de la conversación o entrevista mantenida en una cena entre el periodista Wilton Wynn, que había sido durante años corresponsal del Time en el Vaticano, y el papa Wojtila.

Transcribo el pasaje completo de la conversación:

“-El teólogo Curran dice que, como la enseñanza moral de la iglesia no es infalible, podría haber evoluciones y cambios…

-Afirma que no ha habido una declaración solemne del Magisterio eclesiástico sobre estos puntos, solo unas sucesivas tomas de posición del Magisterio ordinario. Su argumentación, al igual que la de otros teólogos que se sitúan en esa línea, es que para que una determinada doctrina sea aceptada por todos debe ser declarada primero dogma de fe. Pero, siguiendo esta argumentación, por la misma regla de tres, se podría decir que el Decálogo podría cambiar en el futuro, porque ninguno de los diez mandamientos ha sido declarado oficialmente dogma de fe. No. No podemos cambiar lo que ha sido Magisterio ordinario de la Iglesia durante siglos. No podemos cambiar los Mandamientos de la Ley de Dios. No podemos cambiar el “No matarás”. Esto forma parte del Magisterio peremne de la Iglesia. Si aceptáramos únicamente las declaraciones dogmáticas del Magisterio, la fe quedaría casi desprovista de contenido.

-Quizás el caso Curran ha ocasionado un debate tan intenso en la Iglesia de Estados Unidos porque ciertos estadounidenses abordan estas cuestiones de carácter moral con parámetros políticos.

-Viven en un sistema democrático en el que todo se resuelve votando, en un entorno social en el que hay que aceptar las decisiones de la mayoría, y algunos intentan aplicar este sistema para establecer lo que es verdadero o no en el ámbito de la fe. Tratan de sustituir el “sensus fidei” por el “consensus” sobre las verdades de fe y los principios morales.

-Algunos estadounidenses se quejan. Dicen que la doctrina y las enseñanzas de su pontificado son demasiado estrictas…

-Yo soy responsable de que esas enseñanzas sean fieles a la doctrina de Cristo. Esa en mi tarea como Papa y esa es la tarea de los obispos.: tenemos la responsabilidad de trasnmitir esas enseñanzas tal y como las hemos recibido, tal y como Cristo las enseñó. No las podemos cambiar, porque no son nuestras. Seguimos los pasos de Cristo, que dijo: “mi doctrina no es mía, sino de Aquel que me envió”. Enseñamos en su nombre y no podemos transmitir algo contrario., diferente, a lo que Él dijo.

-Aquel día de 1978, cuando aceptó ser Papa, cargó sobre sus hombros un peso que resultará ingrato en ocasiones…

-Si, pero no es algo exclusivo de mi pontificado. Recuerde lo que le ocurrió a Pablo VI con la Humanae Vitae, y la gran contestación que desató su carta encíclica. ¡Qué cómodo, qué fácil hubiera sido para él escribir lo que tantos deseaban! Pero solo podía escribir lo que escribió.

-En su pontificado se han ido dando una serie de affaires: Schillebeecks, Küng, Curran, Boff… ¿Era necesario que estallara, tras un período de cierta confusión en la Iglesia?

-Era necesario mostrar la doctrina con claridad. Yo he sido profesor y conozco la importancia de la libertad de investigación. Pero, en este caso, no se trata de un problema de libertad a la hora de investigar, sino de liberar a los fieles de la confusión que les produce escuchar toda clase de opiniones personales sobre la fe por parte de quienes deberían transmitirles las enseñanzas de la Iglesia.

La opinión pública acepta con mayor facilidad lo que resulta más fácil de vivir, que en muchos casos se contradice con la enseñanza tradicional de la Iglesia, especialmente en el terreno moral. Pero la Iglesia tiene el deber de enseñar y defender su propio Magisterio, sin generar confusiones entre los fieles. Es un deber doctrinal y un deber pastoral”.

 

Nada que añadir a las enseñanzas que se desprenden de un episodio anecdótico de San Juan Pablo II,  que es mucho más que un simple episodio y mucho más que una pura anécdota.

 

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3 comentarios en “Ante el riesgo de que algunas palabras del Papa Francisco puedan generar confusión

  1. Zuma

    El problema es que desde el Concilio Vaticano II hay contradicción entre documentos del Magisterio Ordinario Universal,por ejemplo, el Sybabulls y la Gaudium et’ Spes o entre Inmortale Dei y Nostra Aetate, etc. Antes no se había dado. Había Declaraciones y Concilios, pero no contradicción. Eso lejos de aclarar resulta más que “problemático”. Le unimos los dos discursos en el CVII, el de apertura y clausura negando la intención dogmática de sus documentos – cuando hay declaraciones dogmáticas en el mismo – , y lo terminamos de arreglar. Momentos de Resistencia y oración.

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  2. El tradicionalista

    Agradezco la transcripción de la conversación de Juan Pablo II, muy interesante y, a mi parecer, vital para entender la situación que vivimos actualmente los católicos con respecto a la Iglesia en general, y al Papa, en particular.

    No obstante, esos off the record del Papa, ¿podemos confirmar que son efectivamente sacados de contexto o, por el contrario, hay frases, conversaciones, intervenciones que ha realizado que contradice el dogma tradicional de la Iglesia?

    gracias

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  3. Carlos

    Con todo respeto, no sé cómo se puede seguir sosteniendo que este señor totalmente plegado a los intereses judeomasónicos de la ONU, la agenda 2030 y el nuevo orden mundial, notoriamente escandaloso por su doctrina envenenada de herejía, y me refiero al sr. Jorge Mario Bergoglio, pueda ser el Sumo Pontífice de la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Me duele leer una apología a los desmanes de este señor, una justificación de lo injustificable, en un medio católico y tradicionalista. Sí ni ustedes abren los ojos ¿qué nos queda? La Santa Sede está vacante desde el 9 de octubre de 1958. Probado está.

    No obstante lo anterior, les saludo cordialmente desde Cuba.

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