Mauro de Diego, abogado de 40 días por la Vida, defensor de los inocentes, visto por su hija

(Una entrevista de Javier Navascués).-
Su hija María habla de su edificante vida y el heroísmo con qué afrontó su enfermedad
Hace unos meses nos dejó Mauro de Diego, abogado de 40 Días por la Vida Barcelona y miembro del equipo de abogados a nivel nacional. Padre de familia ejemplar. Su vida era la Eucaristía y la devoción a la Virgen. Gran devoto asimismo del Padre Palau. Tras una vida íntegra y afrontar heroicamente la enfermedad ha dejado un gran legado y gran edificación en todos los que lo conocieron. El funeral estuvo muy concurrido y fue muy emotivo, era muy querido por la gente y siempre ayudaba desinteresadamente al que podía. 40 días por la Vida le dedicó una emotiva corona con el noble título de defensor de los inocentes, que resume su vida.
Aunque lo vi muy pocas veces me acuerdo de un exquisito trato por su parte y que siempre me animaba a seguir difudiendo las buenas causas con entusiasmo.
Dialogamos con su hija María, que desde su amor filial, nos intenta acercar un poco más, y de manera entrañable, a su figura.
¿Cómo su padre (junto con su madre) le educó en la fe católica?
Con el ejemplo. No tenemos muchos recuerdos de ellos hablándonos de Dios como tal cuando éramos pequeñas, sino más un ejemplo presente y constante de amor a Él. El colegio fue para nosotras una extensión de lo que vivíamos en casa, que se intensificó cuando nuestro padre hizo el retiro de Emaús en 2014. Se encontró con el Señor, se enamoró de Él y su vida no volvió a ser la misma. Eso lo notamos todos y es algo que nos ha educado en nuestra relación con Dios.
¿Cómo era Mauro como padre?
Amaba ser padre y se notaba. Su familia, nosotras, éramossu mayor orgullo. Era atento, siempre con la palabra y el consejo acertados. Papá era muy cariñoso, nos decía cada día que nos quería mucho. Incluso en sus últimos días, cuando las palabras ya casi no le salían, solo nos acariciaba y nos decía “te quiero”. Nos insistía mucho en ser serviciales y en ayudar a nuestra madre en casa. También era muy exigente, desde el amor, y nos pedía ser lo mejor.
¿Qué virtudes tenía?
Nuestro padre era muy servicial, siempre desde la humildad: nunca le gustó llamar la atención y quería pasar siempre desapercibido. Veía que había que hacer algo en casa, por ejemplo, y lo hacía. Era una persona con una facilidad increíble para hacer reír a los demás. Siempre hacía voces divertidas y hacía muy buenos chistes y bromas.
Ejerció la abogacía y era muy trabajador y sacrificado, nunca decía que no a nada y siempre estaba disponible para quien le necesitara. Era muy inteligente y culto, un tío muy leído, como definía él a quien admiraba. Siempre estaba con un libro en la mano y su tiempo libre lo invertía en formarse. Tenía una mente verdaderamente admirable, aunque nunca hizo gala de ello. Era también muy ordenado y metódico, muy disciplinado. Nuestro padre fue como Dios soñó que quería que fuera.
¿Cómo era su celo apostólico apoyando las buenas causas?
Nuestro padre fue un verdadero defensor de los inocentes. En todos los sentidos. Ayudaba siempre desde la discreción, no le gustaba ser reconocido, ni que la gente le felicitara. Desde muy joven puso sus virtudes al servicio de las causas nobles, como la defensa de España, que nos inculcó desde pequeñas, y, después de su conversión, los puso al servicio de Dios y floreció allí donde Él le pidió que se plantara. Su vida era una continua evangelización. Su carta de presentación profesional era un pin de la Custodia en la solapa de su americana. Destaca su faceta de adorador…
¡Nuestro padre era un enamorado de la Eucaristía! Empezó yendo el día 29 de cada mes al Tibidabo, en el turno de Nuestra Señora del Carmen de Garabandal, y acabó teniendo varios turnos de Adoración a la semana, todos a altas horas de la madrugada, en las capillas de Adoración Perpetua de Pomar, en Badalona, y en Santa Isabel. En esta última, fue responsable de turno. Además, durante el confinamiento defendió gratis a cualquiera que fuese denunciado por acudir a las capillas de Adoración Perpetua o a Misa.
Continuó yendo a su turno de la noche de los jueves a la 1h de la madrugada prácticamente hasta el final de su vida, porque compartía turno con su gran amigo Álvaro, quien le llevaba y le traía cada semana. Y de defensor de la vida… Sí, era el abogado de 40 Días por la Vida en Barcelona y formaba parte del equipo de juristas a nivel nacional. Recordamos alguna vez hablando con él y cómo nos explicaba que, antes de su conversión, defendía el aborto en ciertos casos. Pero los caminos de Dios son perfectos.
Nosotros vivimos muy cerca de dos abortorios y nuestro padre siempre estaba disponible para asistir a orantes o rescatadores que lo necesitasen, a la hora que fuese y sin pedir nada a cambio. También ayudó a orantes en Vitoria. Dedicó mucho tiempo a la lucha contra el aborto, gratis y por amor. 40 Días por la Vida España tiene a su primer voluntario comprometido abogando por el resto de voluntarios desde el Cielo, estamos seguras.
¿Cómo era su devoción al Padre Palau?
Nos decía siempre que las devociones le llegaban y el Beato encontró en nuestro padre un devoto muy especial. Conoció al padre Palau a través de un chat de eventos católicos y quedó fascinado. Era un gran lector y dedicó mucho tiempo a estudiar su vida. Desde el inicio de su enfermedad, nos encomendamos a él. Tras la operación, el neurocirujano le pidió a nuestro padre que escribiera algo en un papel y él solo escribió “Beat Palau” muchas veces.
Además, poco después de la cirugía creamos un grupo de WhatsApp para hacer una novena al Beato por nuestro padre. En ese chat hay casi 400 personas que han descubierto, gracias a nuestro padre, la vida de un beato muy desconocido y al que nos seguimos encomendando y rezamos para que la Iglesia agilice su proceso de canonización. Durante las últimas semanas de vida de nuestro padre, rezábamos los cinco juntos en su habitación por la noche y terminábamos pidiéndole al Beato su intercesión. Estamos convencidas de que los casi 17 meses que hemos podido gozar de él han sido gracias a su intercesión. Estamos seguras de que ya se han encontrado en el Cielo.
¿Cómo ayudaba a la gente que lo necesitaba? ¿Puede poner varios ejemplos?
Nuestro padre ayudaba siempre desde lo escondido y desde la humildad. Hay muchas cosas que hemos descubierto tras su muerte, porque nunca lo contaba. Durante un tiempo salió con los Jóvenes de San José para ayudar, sobre todo espiritualmente, a la gente de la calle, y también estuvo en el apostolado de san Alberto Hurtado de la parroquia de San Sebastián de Pomar. Como anécdota, nos acordamos de Nico: pide cerca de la Illa Diagonal y siempre que íbamos le compraba algo de comer y se sentaba a hablar con él; varias veces le llevamos ropa para sus hijos, aunque lo material era la excusa para sacarle una sonrisa y hablarle de Dios. Además, una gran parte de su clientela era gente humilde y él les permitía abonar sus minutas en todos los plazos que necesitasen, incluso llegando a no cobrar en alguna ocasión
¿Cómo afrontó su enfermedad y su muerte?
En noviembre del 2024 le diagnosticaron un tumor cerebral, un gliobastoma multiforme grado IV, un tumor muy agresivo y resistente al tratamiento y, por lo tanto, incurable. Como es natural, durante los casi 17 meses de enfermedad nuestro padre tuvo momentos de todo, pero jamás le escuchamos quejarse. Es cierto que pasó por un proceso de asimilar y aceptar la realidad, sobre todo después de que la operación saliera perfecta y, pese muchas sesiones de quimioterapia y radioterapia, el tumor se reprodujera, pero nunca se enfadó con Dios ni renegó de Él. A partir de ese momento, lo único que le preocupaba era dejarnos solas. Pero él no tenía miedo a morir.
Entregó todo el sufrimiento que le tocó vivir, pero nunca nos contó cómo estaba, tuvo una entereza impresionante hasta el último día. Creemos que sufría en silencio para que nosotras no sufriéramos más de lo que lo hacíamos. En su última etapa, cuando casi no le salían las palabras, una vez que le escuchamos hablar muy bajito y solo decía: “Señor mío y Dios mío”. En otra ocasión, una noche que teníamos que darle la medicación (que no era poca) le dijimos que sentíamos mucho que tuviese que pasar por todo eso y él solo dijo: “Te lo ofrezco, Señor”. Creemos que esto resume perfectamente el abandono con el que nuestro padre vivió su enfermedad.
¿Hasta qué punto fue consciente de su partida y se preparó para ello?
Al igual que nosotras, era plenamente consciente de que el cáncer que padecía no tenía cura y que, más pronto que tarde, iba a morir. Aun así, su grado de conciencia fue disminuyendo a medida que el tumor iba expandiéndose. Un año antes de su muerte, decidió que fuese Mn. Andreu quien le acompañase hasta el último día. Y así fue. Al principio iban de paseo o hacían alguna excursión y, cuando nuestro padre ya no podía casi caminar, venía a casa cada semana a verle, darle los Sacramentos y charlar. El día antes de morir, Mn Andreu nos dijo: “Está preparado”. Y estamos seguras de que, gracias a ese camino que recorrieron juntos, nuestro padre tenía muy claro dónde iba y, sobre todo, con Quién. Y que eso le dio mucha paz en medio del miedo que seguro experimentó. En uno de sus paseos, mi padre le dijo al Mn algo así como que “morir es, con mucho, lo mejor”.
¿Cómo Dios le consoló a usted y su familia en medio del dolor?
En casa siempre hemos tenido muy claro que el sufrimiento transfigura al hombre y le hace semejante a Jesús. Saber que nuestro padre se estaba pareciendo cada día más al Señor y que, así como Jesús resucitó y venció a la muerte, él también dejaría de sufrir cuando se encontrara cara a cara con Dios, es algo que nos ha consolado muchísimo. Estamos convencidas de que nuestro padre ha sido un privilegiado al poder llevar una de las espinas de la Corona del Señor en su carne, en su cabeza.
Verdaderamente hemos sido unas afortunadas, porque se nos ha dado un año y medio para prepararnos, para cuidar a nuestro padre con alegría y quererle como nunca lo habíamos hecho, hasta su último suspiro. Nuestro padre nos ha enseñado a entregarnos, a abajarnos para servir al otro, a dar la vida por él. Nos ha hecho más sencillas, más humildes, más generosas… Tenemos muchos defectos, pero la enfermedad de nuestro padre nos ha hecho mejores, sin duda.
¿Cómo fue su funeral y cómo impactó su muerte?
Su funeral fue tal y como él habría querido. Casi un mes después de su muerte, descubrimos que, en uno de sus últimos encuentros con el Mn en el que nuestro padre estaba medianamente bien, estuvieron horas hablando de cómo quería que fuese su funeral. Y así fue: solemne y sencillo. Nuestro padre es muy querido. Sería humilde por nuestra parte decir que no esperábamos a tanta gente, pero también sería mentira. La Parroquia de Sant Vicenç de Sarrià estaba llena y, la tarde anterior en el tanatorio, no paró de llegar gente.
Fue precioso ver cuánto ha impactado nuestro padre en la gente. Silenciosamente, fue haciendo mucho bien a todo aquel con quien se encontraba; dejó una huella en todos. ¿Cuál fue su mejor legado? Para nosotras, el mayor legado, además del amor por su familia, es habernos enseñado a vivir coherentemente nuestra Fe y a poner a Dios en el centro de la vida. Nuestro padre nos ha demostrado que, cuando te encuentras con Dios, no puedes ser indiferente a ese amor y que ese amor tiene que empapar toda tu vida.
¿Cómo su ejemplo puede estimular a vivir con coherencia?
Cuando nuestro padre se encontró con Dios, su vida cambió por completo. Todas aquellas cosas que no le acercaban a Él o que eran incoherentes con su fe, las apartó por completo. Ha sido ejemplo de cómo no se puede ser de Dios y del Mundo a la vez. Eso nos hace querer vivir con coherencia no solo con la fe, sino con todos los valores que él y nuestra madre nos han inculcado. Nuestro padre ha demostrado que vale la pena entregar la propia vida, porque la Eternidad es lo que está en juego.
