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3 de marzo de 2026 0

Marcela Jiménez Unquiles habla de la relación de Benedicto XVI con el Cardenal Newman

(Una entrevista de Javier Navascués).-

Marcela Jiménez Unquiles, patrón fundador y presidente de la Fundación Internacional Ratzinger es doctora con una tesis titulada “El pensamiento de Joseph Ratzinger a la luz del discurso de Ratisbona: Die Horizonte der Vernunft ausweiten” vols. I-II con calificación sobresaliente cum laude y Premio extraordinario. Es funcionaria del Cuerpo Técnico de Auditoría y Contabilidad del Ministerio de Hacienda desde 1991 y profesora de Economía y Derecho Presupuestario en el Centro de Estudios Financieros desde 1991. En la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA) ha coordinado y ha impartido las asignaturas del título DECA (Declaración Eclesiástica de Competencia Académica). Ha sido censora en la Conferencia Episcopal Española, y es profesora de las asignaturas de Antropología, Introducción al Cristianismo y Doctrina Social de la Iglesia, entre otras, en la Universidad Católica de Ávila, donde dirige la nueva Cátedra Joseph Ratzinger. Es a su vez miembro de la Cátedra John Henry Newman de la UCAV.

¿Cuál está siendo en estos últimos meses la principal labor de la Fundación Internacional Ratzinger?

En los últimos meses, la Fundación Internacional Ratzinger (FIR) ha participado junto a la Fundación Vaticana J. Ratzinger-Benedicto XVI en diversos Congresos Internacionales: 1) Congreso teológico “Un semplice e umile lavoratore nella vigna del Signore”, celebrado en el Instituto Teológico Pío XI de Sanremo, en conmemoración del 20º aniversario de la elección del Papa Benedicto XVI; 2) Congreso “60 años después del Concilio. Selección de temas sobre Joseph Ratzinger y el Vaticano II”, celebrado en el Pontificio Ateneo Regina Apostolorum de Roma; 3) Congreso “Evangelization. Believing, thinking, and celebrating according to J. Ratzinger/Benedict XVI”, celebrado en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, en el que participaron algunos miembros de la Fundación, entre ellos los premios Ratzinger Dr. Pablo Blanco y Dra. Tracey Rowland. También asistió al Congreso, interviniendo en el acto de clausura el secretario personal del Papa Benedicto XVI, Monseñor Georg Gänswein.

Por otro lado, en mi condición de presidente del Patronato de la FIR he colaborado en la presentación de algunos de los libros que se han visto la luz recientemente: Benedicto XVI. Doctor del Ángelus de Monseñor Alberto José González Chaves; Benedicto XVI y la conciencia. La objeción ante la ley injusta de Clara María Arranz Hierro (Universidad CEU san Pablo) y El Señor nos lleva de la mano. Homilías privadas de Benedicto XVI, acto organizado por la Fundación NEOS (celebrado en el Auditorio de la Mutua Madrileña).

Por otro lado, en el futuro la Fundación mantendrá una estrecha colaboración con la Cátedra Joseph Ratzinger de la Universidad Católica de Ávila, que tengo el honor de dirigir. El próximo día 25 de febrero tendrá lugar en la UCAV el acto de presentación de la Cátedra, que contará con la participación del Sr. cardenal D. Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid y Patrono de Honor de la Fundación Internacional Ratzinger; Dña. Lydia Jiménez, presidenta del Consejo Directivo de la Universidad Católica de Ávila, miembro del Consejo Asesor de la Cátedra y del Patronato de la Fundación Internacional Ratzinger; Dña. María del Rosario Sáez Yuguero, Rectora Magnífica de la Universidad Católica de Ávila; y el Dr. D. Luis Carlos Hernández, secretario de la Cátedra Joseph Ratzinger.

¿A qué atribuye que esté creciendo a nivel mundial el interés por la faceta intelectual del Papa Benedicto XVI?

Creo que hablamos no sólo de un intelectual sino de un catedrático alemán convertido en Obispo de Roma, que nos ha dejado una obra de gran solidez intelectual y rectitud teológica; síntesis de una larga a la vez que unitaria trayectoria existencial, impulsada sobre todo por la búsqueda de la verdad, la amplitud de la razón, el uso excelente de la palabra y su amor a Dios. En un discurso a los participantes en el VI Simposio de Profesores Europeos Universitarios celebrado en Roma en junio de 2008, Benedicto XVI decía: «Desde el inicio de mi pontificado he escuchado con atención las peticiones que me hacen los hombres y las mujeres de nuestro tiempo y, a la luz de esas expectativas, he presentado una propuesta de investigación que, en mi opinión, puede suscitar interés con vistas a la reactivación de la filosofía y de su papel insustituible dentro del mundo académico y cultural. Esa propuesta, […] consiste en ‘ensanchar los horizontes de la racionalidad’».

Ciertamente, es una propuesta esencial, sobre todo, en estos momentos de gran preocupación por la situación espiritual, cultural y política que vive Occidente. Y por los retos que se plantean en el ámbito de la bioética y de las neurotecnologías, así como el papel determinante que desempeñará la inteligencia artificial en los próximos años en todas las áreas del conocimiento humano. Creo que Ratzinger hizo un acertado diagnóstico, al describir como la emancipación del hombre de los vínculos de la tradición o de la costumbre lo han conducido a un nuevo y desconocido modo de esclavitud, impuesto por la civilización de la técnica. De un modo profético, en 1986 el entonces cardenal Ratzinger decía para un canal de la televisión francesa:

Hay una crisis de identidad porque la unidad con la historia en cierto modo se ha roto… con la crisis posconciliar y el paradigma tecnológico el hombre se encuentra en una ruptura con su propia historia e incluso los católicos no están seguros si toda la historia de la Iglesia ofrece aún la misma identidad…Existe una crisis de identidad y también una crisis de claridad, porque el lenguaje de los tiempos pasados no es simplemente el nuestro, y se comienza a reinterpretar, a buscar cuál es, en el actual contexto, el sentido auténtico y permanente de esas palabras, que existen, pero que están sometidas a reinterpretación”, nos pueden conducir a una situación de revisionismo histórico que puede resultar peligrosa.

En estos momentos, hay un claro deseo de construir Europa al margen de su propia identidad histórica, cultural y moral. Esta situación ha contribuido al nacimiento de una nueva ideología, humanista en apariencia, que como decía el entonces papa emérito Benedicto XVI en diálogo con Peter Seewald, resulta de difícil combate, pues la oposición a la misma se castiga con la excomunión social.

¿Hasta qué punto abundan las presentaciones de libros y congresos?

Como he indicado al comienzo de esta entrevista, este tipo de eventos se suceden con cierta frecuencia. Actualmente, la Fundación ha creado una Red Académica, que nace con el objetivo de albergar un espacio de encuentro y colaboración con investigadores de todo el mundo, que se sienten interesados en el legado de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. A través de la Red buscamos fomentar el intercambio de conocimientos, recursos académicos y proyectos de investigación sobre el pensamiento y la obra del teólogo alemán. De esa manera, la comunidad universitaria y cultural se encuentra conectada a nivel internacional. Así, en nuestra web pueden compartirse publicaciones, conferencias, asistencia a congresos o bien proyectos encaminados a promover y difundir el pensamiento y obra de J. Ratzinger.

Providencialmente la Universidad Católica de Ávila acoge tanto a la cátedra Newman, como a la cátedra Ratzinger…¿Cuál es el nexo en común de estos dos intelectuales?

Así es. En la Universidad Católica de Ávila se estudia desde una cátedra la obra del recién proclamado Doctor de la Iglesia y, desde 2026, se abre un espacio para el estudio del pensamiento y la obra de Joseph Ratzinger, a través de una nueva cátedra que lleva su nombre. De esta forma, tendremos la posibilidad de profundizar en el pensamiento de dos grandes intelectuales de nuestra historia reciente.

El nexo en común de ambos es el ejemplo de vida cristiana que nos han dejado, una vida asentada en la obediencia, la humildad, el testimonio y la paciencia en la prueba. Apología pro Vita Sua y Mi vida, al igual que Las Confesiones de san Agustín, son obras autobiográficas de gran valor, ya que son fuente de inspiración para hombres y mujeres de todo tiempo y lugar. Newman y Ratzinger defendieron la verdad y la razón de un modo extraordinario, sin abandonar nunca la obediencia a la Iglesia y su amor a Dios.

¿Qué le llevó a Ratzinger a interesarse por el Cardenal Newman? ¿Qué personajes le acercaron a su figura?

Aunque en el discurso pronunciado en 1990 con ocasión del centenario de la muerte del cardenal Newman, Ratzinger afirmaba no sentirse “competente para hablar sobre su figura o trabajo”, lo cierto es que a lo largo de su vida de estudiante el pensamiento de Newman estuvo muy presente. Quizás por esta razón Ratzinger tomará postura en el debate sobre la doctrina newmanina de la conciencia en varios momentos de su vida y a través de diversos textos. En particular, en su obra El elogio de la conciencia. La verdad interroga al corazón (2010).

En cuanto a las figuras que acercaron a Ratzinger al pensador británico llegado del anglicanismo, hemos de citar principalmente a tres: el prefecto Alfred Läpple del seminario de Frisinga, su maestro de teología fundamental Gottlieb Söhngen y el teólogo perteneciente al movimiento ecuménico, Heinrich Fries.

¿Se podría decir que hay un fuerte vínculo entre ellos en el amor a la Universidad, como poderoso instrumento al servicio del bien y la verdad?

En efecto, para ambos pensadores la universidad es una auténtica vocación y una labor de entrega a los demás. Newman, alejado de toda perspectiva utilitarista, buscó siempre una visión educativa basada en el esfuerzo intelectual, la disciplina moral y el compromiso religioso. Vivió la vida universitaria en Oxford y se entregó con gran entusiasmo al proyecto fundacional de la Universidad Católica de Irlanda, en la que fue rector hasta 1858. El teólogo Ratzinger, tras aprobar la tesis de habilitación para el ejercicio de la libre docencia en 1957, comenzó una brillante y dilatada carrera académica. Los primeros años de su actividad docente e investigadora transcurren en Frisinga; más tarde, recibe ofertas para ocupar las cátedras de teología fundamental y de teología dogmática en las universidades de Bonn, Münster, Tubinga y, finalmente, en la universidad de Ratisbona, en la que permaneció hasta su consagración como Arzobispo de Múnich y Frisinga en 1977. Para el teólogo papa, la universidad debe ser una comunidad viva, que cultive el gusto por la búsqueda de la verdad y la belleza, al tiempo que promueva el bien de la sociedad. Decía el teólogo catedrático que debemos confiar en que la mentalidad positivista, utilitarista y relativista no empequeñezca nunca su grandeza y su labor.

¿Por qué le interesó también a Ratzinger como aborda Newman el tema de la conciencia?

Porque para ambos la conciencia está vinculada con el primado de la verdad. En Apología pro Vita Sua, Newman narra los términos de su propuesta al arzobispo de Canterbury el 11 de noviembre de 1841. Al final del texto, para descargo de su conciencia Newman protesta solemnemente contra la decisión del acercamiento de la Iglesia anglicana a congregaciones luteranas y calvinista. Para el teólogo inglés, el abandono de la sucesión apostólica conduce a la desorganización de la Iglesia. Así pues, como sostiene Ratzinger, la vida y la obra de Newman “podrían designarse como un único y gran comentario al problema de la conciencia”.

Ciertamente, la doctrina newmaniana de la conciencia ayudó a Ratzinger a interpretar el poder de la conciencia para el desarrollo de la Iglesia y del mundo. Este era el punto de partida, tras la situación vivida en Alemania, de una nueva imagen del ser humano y de la Iglesia. En definitiva, Ratzinger aprende de Newman que la conciencia es la base del personalismo teológico. Pero, sobre todo, que la búsqueda de la verdad implica reconocer la atenta escucha de una conciencia que reconoce una verdad objetiva, no la autoconciencia del yo o la certeza subjetiva de uno mismo y del propio comportamiento moral. Se entiende que para el joven Ratzinger, la discusión sobre la conciencia no era una disputa meramente académica, sino más bien una cuestión existencial y acuciante. En su opinión, la doctrina de la conciencia y la teoría del desarrollo del dogma son las aportaciones más decisivas de Newman a la teología moderna.

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