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Antonio Molle Lazo, en el LXXXIII aniversario de su martirio

El próximo 10 de agosto se cumplirán 83 años del martirio del joven requeté Antonio Molle Lazo en Peñaflor (Sevilla). Como cada año en esa fecha, se celebrará en la Basílica del Carmen de Jerez de la Frontera, donde reposan sus restos, Santa Misa en su memoria, a las 20:00 horas.

El martirio de Antonio Molle formaba parte de la causa colectiva gestionada por la Archidiócesis de Sevilla por los mártires de la persecución religiosa y la Guerra Civil, pero por retrasos en la documentación se sacó de la misma y a día de hoy está en marcha un proceso individual, promovido por la Asociación de Fieles Servidores de Cristo Rey.

A continuación reproducimos la síntesis del Martirio de Antonio Molle publicado por dicha Asociación:

Nació, este siervo de Cristo Rey, en Arcos de la Frontera, Cádiz, la madrugada del Viernes Santo del 2 de abril de 1915, cuando procesionaba, ante la casa de sus padres, la Hermandad de Jesús Nazareno. Hizo la Primera Comunión con los Hermanos de las Escuelas Cristianas (HH. De la Salle), en Jerez de la Frontera, el día 15 de mayo de 1924. En la festividad de Cristo Rey, se consagró al Divino Corazón y a María Inmaculada, imponiéndosele el Santo Escapulario de la Virgen del Carmen como Terciario Carmelita.

Constante en sus devociones, afable en el trato y ejemplar en su conducta, sin embargo, nada extraordinario revelaba, en su infancia y adolescencia, su fervor y apasionamiento por todo lo que podía acercarle a Dios, y un profundo desprecio de lo que de Él nos aparta, lo que le distingue de entre sus compañeros.

En 1929 comienza su actividad pública como miembro de la Comunión Tradicionalista y unos años más tarde, ante el régimen republicano, vigila y defiende iglesias y conventos de profanaciones y quemas como Requeté, acudiendo siempre con ánimo alegre y resuelto al lugar de mayor necesidad, hasta que, al ser acusado de inducción a la rebelión por los enemigos de Dios, es detenido y encarcelado enla madrugada del 2 de abril, día de su aniversario.

Su estancia en prisión sirvió para fortalecerlo en la Fe y reafirmar sus ideales. Organizaba el rezo del Santo Rosario, incluso pidiendo por sus carceleros. Al comentar la lectura del martirio de un Santo, comentó en la celda, a sus compañeros de cautiverio: “Sufriré los más atroces tormentos antes que apostatar de mi Dios”, … “¿Puede haber mayor gloria que dar la vida por Cristo?”, profetizando su propia muerte sin saberlo.

El 6 de agosto, primer viernes de mes y festividad de la Transfiguración, recibió a Jesús Sacramentado. Cuatro días después, se decide celebrar, en la Capilla del Convento de las Hermanitas de la Cruz, en Peñaflor, por estar profanada la Parroquia de ese pueblo, Misa funeral por las víctimas y por el General Sanjurjo, el 10 de agosto de 1936. Tras una noche de guardia, Antonio, confesó y comulgó, en actitud recogida e íntima unión con Dios, por última vez. Siendo sorprendidos, poco después, por unos dos mil milicianos que atacaron Peñaflor, desde Palma del Río, aquel mismo día por la tarde, era cruelmente martirizado en esa población.

Dada la rapidez del ataque, tres Guardias Civiles y dos Requetés, entre los que se encuentra Antonio Molle, no pueden concentrarse en el Ayuntamiento, donde se habían hecho fuerte el puñado de valientes voluntarios que se habían desplazado, desde Lora del Río, a defender a las gentes del pueblo y el Convento.

Antonio, llevado de su gran corazón para con el prójimo, insta a organizar la defensa del Convento de las Hermanas de la Cruz, y una vez dentro, vista la imposibilidad de hacerlo desde allí, por no reunir las condiciones necesarias, pasan a las casas de enfrente, defendiéndolas durante horas. Las mujeres encerradas en las casas, temen, que las maten los asaltantes socialistas y anarquistas y lloran desconsoladas, suplicando no las dejen desamparadas.

Antonio, con sus compañeros, a la llegada de la tarde, en que se agotaron las municiones, aconsejó a las dueñas de la casa, que se marchasen en busca de otro refugio, pues desde allí nada podían hacer ya por ellas. El heroico joven queda retrasado ayudando a una anciana a saltar la tapia medianera de la casa, y seguidamente trata de reunirse con sus compañeros. En su marcha, salta a un corralón dónde se le unen un grupo de mujeres y niños, ayudándoles a forzar la puerta falsa de una casa que daba a la carretera. Las personas que componen el grupo, logran pasar al interior, invitado a Antonio a entrar, que se excusa “por no querer comprometerlos”, quedando en una cocina que había en el corral. En ese momento, llaman a la puerta con grandes golpes, y mientras abren a los milicianos atacantes, Antonio sale de allí tratando de ocultarse.

Aparece, entonces, una avioneta nacional de reconocimiento, y al verla, los milicianos, huyen asustados a refugiarse, penetrando tres de ellos en una casa cercana a la anterior, y al divisar a Antonio tratando de pasar a un tejado, le encañonan y obligan a bajar, entregándose voluntariamente brazos en alto y desarmado. En medio de una algarabía, palabras soeces y a golpes de culata, le conducen al jefe de las milicias que se encontraba delante de la estación de ferrocarril, a la entrada del pueblo.

¡Había comenzado su calvario!
Despiadadamente, no se conforman con insultarle y golpearle, quieren que, de “vivas a Rusia” y “mueras a la Religión”, pero él, con los brazos en alto y con gran serenidad, responde: ¡Viva España! ¡Viva Cristo Rey! Replicando los milicianos: “¿Qué Viva Cristo Rey, ni qué Viva España?, que diga ¡Viva Rusia!”, pero Antonio imperturbable, sigue contestando: “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España!”.

Los milicianos lo hostigan y encañonan, gritándole: ¡Canalla! ¡Fascista! ¡Vamos a bebernos tu sangre! ¡Vamos a matarte! Intrépidamente contesta Antonio: “Me mataréis, pero Cristo triunfará”. Impotentes para vencer tanta Fe, los enfurecidos milicianos disparan a bocajarro contra él y, con los brazos en cruz, sale, más potente, de su garganta el grito de “¡Viva Cristo Rey!”, desplomándose en la tierra.

Ya en el suelo, herido de muerte, es sometido a horroroso martirio. Incapaces de haber vencido su alma, se arrojan sobre la víctima, ensañándose con su cuerpo. Al ver las turbas arrojarse sobre él, una voz ordena: “¡No rematarlo, dejadlo que sufra!”, para saciar su odio satánico. La multitud que se agolpa alrededor, sobre Antonio, gesticula y vocifera gozando con la agonía de su víctima indefensa. Prolongando su martirio, le golpean en la cara, le roban una medalla y le mutilan cruelmente, cortándole las orejas y la nariz. Acuchillado y cubierto de sangre, yace su cuerpo en medio de la carretera. De todo ello dió testimonio D. Rafael de las Heras, Jefe de Estación de Peñaflor que, desde ésta, fue testigo, junto con algunas mujeres del pueblo.

Una sencilla cruz de hierro marcaba, a un lado de la carretera, frente a la estación en Peñaflor, el lugar donde fue martirizado el heroico y ejemplar cristiano español que, siendo retirada hace unos años, se reubicó y en la actualidad está colocada en la espadaña del Convento de las Hermanas de la Cruz.

Tres días después, fue trasladado su cadáver a Jerez, y quince meses más tarde, queriendo sus padres mudarlo del húmedo suelo donde estaba enterrado, solicitaron y obtuvieron permiso del Eminentísimo Señor Cardenal de Sevilla, para la exhumación del cuerpo de su hijo. Abierta la sepultura y extraído el ataúd y a pesar de haberse podrido la caja, pudo comprobarse que el cadáver estaba íntegro y no exhalaba mal olor, siendo levantada acta notarial de este admirable hecho, previo juramento presentado por las autoridades eclesiásticas, civiles y militares que lo presenciaron. Desde entonces han sido incontables los favores atribuidos a la intercesión de este joven ejemplar, como lo atestiguan las cartas que se reciben de los más apartados lugares de España y el extranjero.

Por especial concesión de la Sagrada Congregación de Ritos, los retos de este insigne siervo confesor de Cristo Rey, previo correspondiente y minucioso reconocimiento médico y científico, descansan, y se veneran, en la Capilla de Cristo Rey, en la Basílica de Nuestra Señora del Carmen Coronada, esperando que, con la ayuda de Dios y las súplicas de los devotos, Antonio Molle, en breve, pueda ver reconocido su martirio y la elevación a los altares sea una realidad.

A.M.D.G

Pueden contactar Asociación de Fieles Servidores de Cristo Rey en: Convento de los RR. PP. Carmelitas Calzados, Jerez de la Frontera, en el correo electrónico: servidorescristorey@hotmail.com o en el tlf.: +(34) 607 982 682.

Les dejamos también el cortometraje que AgnusDei Prod dedicó a Antonio Molle hace unos años:

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