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Los jueces, en el punto de mira de las ideologías más extremistas

En esta democracia, los españoles aún confiamos en que el poder judicial conserve lo poco que le quede de independiente y no comience a dictar sentencias de modo populista a golpe de manifestación.

Sin embargo, España va acumulando una lista negra de casos en los que las decisiones de la Justicia se cuestionan, no ya por parte de los afectados, sino por el público en general y, lo más preocupante, por los poderes políticos. Lo peor es que las causas del este acoso a los magistrados que parece ya normalizado son la defensa de ideologías nacionalistas y de género y los casos de corrupción que tratan de ocultar los partidos políticos.

En el caso de “La Manada” se llevó a cabo una auténtica caza sin precedentes a los jueces del caso, quienes fueron vilipendiados día tras día mientras veían cómo su imagen profesional y personal quedaban por los suelos y se publicaban todo tipo de datos sobre sus vidas personales y su pasado. De esta manera, el feminismo dejó claro que sólo acepta la “justicia” que se adecúa a su forma de ver las cosas, pretendiendo ser una suerte de justiciero en posesión de una verdad inalienable que debe ser impuesta. Recordemos también las declaraciones del entonces ministro de Justicia, Rafael Catalá, totalmente fuera de lugar, en la que criticó personalmente a uno de los jueces.

La juez Alaya sufrió numerosas presiones mientras instruía los casos de corrupción más graves de la democracia, todos ellos relacionados con el PSOE andaluz. Tras años de trabajo ejemplar en la instrucción de los casos, Alaya defiende que se abusó de su buena voluntad con el objetivo de apartarla del caso, y que el PSOE creó un subterfugio en el Consejo General del Poder Judicial desde el que, junto con el PP, consiguieron apartar a la juez de la instrucción. Calumnias y rumores sobre su vida personal fueron difundidos en una campaña pública de presión y desprestigio que ya comenzó Chaves en 2011 y que Susana Díaz se ha preocupado de continuar.

En el caso Llarena, el acoso que sufrió el juez tenía su origen sencillamente en una ideología nacionalista. Algunos grupos de separatistas catalanes se creyeron con derecho a acosarle hasta el punto de concentrarse frente al restaurante en el que Llarena estaba comiendo, esperando a su salida. Anonymous Cataluña lo ha declarado persona non grata.

En el caso de la sentencia sobre Juana Rivas, el Gobierno ha llegado más lejos, abriendo la vicepresidente Carmen Calvo la puerta al indulto, diciendo la portavoz de Igualdad del PSOE que “el indulto es obligado”, declarando la consejera de Igualdad y Políticas Sociales de Andalucía que “Juana Rivas y sus hijos han sido victimas de este proceso” y tuiteando Ada Colau “acabemos con la #JusticiaPatriarcal”.

El caso de María Salmerón, que fue indultada por el PP en 2012 y en 2016, fue especialmente escandaloso, ya que este año la Sala de lo Contencioso-administrativo del Tribunal Supremo anuló el indulto y condenó al Gobierno español a pagar las costas.

En fin, según la ideología de género predominante, en materia de género, la mujer nunca es culpable, que las penas contra los hombres deben siempre satisfacer a los feministas con condenas ejemplares y que el hombre es malvado por naturaleza, en contraste con la mujer.

Y, por supuesto, queda patente la extrema politización de Justicia española y la falta de respeto en la práctica a la independencia de los poderes.

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