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23 de agosto de 2017 0 /

Ser salados

Por María José Bou Bertomeu

Ser salados, tener sal o salero, según el lenguaje coloquial, es como tener gracia, simpatía, alegría. Quizás en esta palabra se englobarían todas las cualidades que tiene una persona que cae bien a los demás. Pero en el evangelio, esta palabra entra en una dimensión más profunda, es como el buen sabor que da a la comida cuando se pone sal, pues sabe buena, se come a gusto. Aunque en un cristiano se englobaría todo lo anterior, pero por añadidura como suele decir nuestro párroco: “Que los demás nos vean convencidos de eso que llamamos ser, por nuestra actitud, educación, honradez, simpatía, benevolencia, alegría, y amor hacia los demás, que es el vecino, el amigo, el conocido, más muchas veces no está en hacer grandes cosas, sino en ese día a día y en esas pequeñeces hacía todos los que nos rodean. ¿Pues qué tiene Dios que hasta en lo pequeño se complace?

Si recordamos el evangelio Mateo Cap. 5 v 13. Dice así Jesús: ” Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa. ¿Con que la salaran? No sirve más que para tirarla fuera, y que la pise la gente.”  Por Navidad y Semana Santa, el poner un nacimiento o el ser de una cofradía y que participemos directa o indirectamente en las procesiones o bien siendo miembros activos o espectadores es muy bueno, pero ser cristianos no solo es eso sino algo más. Porque si fuera solo eso terminaría por perderse todo, pues sería una religión aguada, o sea que le faltaría la sal.

El hecho ya lo vemos en las últimas generaciones, los jóvenes muchos no se casan por el rito cristiano -católico, hay mucha gente sin bautizar, más los niños que se bautizan y hacen la primera comunión, para muchos de los padres es más el evento social, que la importancia que tiene el recibir al Señor en la Santa Eucaristía, ¿Qué se puede decir de todo esto?, los que somos cristianos comprometidos en la iglesia Católica, todos los que yo conozco se con plena seguridad que la mayoría mantendrán su fe, hasta el final, aunque somos muy buenos también somos muy pocos.

Mientras tanto hay otra religión con mucho auge en Europa y también en España, que es el Islam. En nuestro país vecino Francia, ya en el 2013, se cerraron cuatrocientas iglesias católicas, por falta de sacerdotes y fieles y se abrieron cuatrocientas mezquitas. Puede que en estos últimos años la cifra haya ido en aumento Sin ir más lejos se puede decir que en el sentido religioso, tiene hoy en día en España más credibilidad , un musulmán que un cristiano, sobre todo ante nuestras autoridades políticas y educativas. Señores, los cristianos ya no existimos como tales, porque la mayoría ya no vivimos nuestra fe, ello conlleva que nos hayamos convertido en esa sal que dice Jesús, que se ha vuelto sosa, y sirve para que la gente la pise. Más de dos mil años de cristianismo en España y en Europa no se pueden tirar por la borda.

Votamos a partidos políticos que no miran por nuestros intereses, cuando los hay católicos defensores de la vida, y de la familia. Permitimos que nuestros hijos reciban una educación, que choca con el cristianismo, nos preocupamos que sean los mejores en el deporte, en el inglés, y en otras materias sin embargo no les transmitimos la fe en nuestros hogares, cuando ésta tiene la ventaja que les valdrá para toda las etapas de la vida.

No seamos sal sosa. Porque como dice Jesús: No se debe de esconder la luz, debajo del celemín. Si somos bautizados no debemos avergonzarnos de lo que somos. Cuantas luces hay escondidas que podrían hacer mucho bien dentro de la iglesia y en medio de la sociedad, y no lo hacen por no declararse abiertamente cristianos.

El cristianismo es un gran tesoro, no vendamos nuestra primogenitura por un plato de lentejas, como Esaú vendió este privilegio a Jacob.

A los jóvenes les digo: a vosotros que os gustan las nuevas sensaciones, que os admira la solidaridad, que amáis la naturaleza, el riesgo, la exploración, os diré, no hay cosa más bonita, que descubrir y más aventura que podáis vivir, que perseguir el cristianismo como religión, pues este es el más alto ideal, al que podéis aspirar.

Y por último a todos, niños, jóvenes, mayores, seamos coherentes y vivamos el evangelio, no nos sintamos avergonzados de lo que somos. Seamos pues humildemente humanos, pero al mismo tiempo sanamente orgullosos de ser y sentirnos verdaderamente cristianos. La Santa Misa, la oración, y los Sacramentos, son necesarios pues la persona antes del bautismo, era criatura de Dios, y cuando lo recibe pasa a ser hijo legitimo del Padre, y heredero del Reino de los Cielos. De ahí radica su grandeza. No seamos vino aguado, sino como el buen vino de solera.

Un abrazo y que Dios os bendiga.

 

 

 

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