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11 de febrero de 2021 0

Se derriban cruces y criptas

Venimos de muy atrás, de siete largas décadas de guerra psicológica, de las cuales en más de cuatro la jerarquía católica española se ha metido donde no debía, pues lo suyo es únicamente la teología, la moral y la pastoral de ambas

Se hipoteca la vida propia de la Iglesia, cuando se cede todo respecto a la cosa pública, tolerando o conformándose con todo y al compás del Estado… Para ello se creó y utilizó el equívoco en palabras y gestos, y se tocó a retirada. Se hizo la mejor interpretación posible de los textos legales, pero sin decirlo, sin enseñar doctrina y a veces enseñando Liberalismo, de manera que los fieles se fueron quedando con la peor interpretación, que desde el inicio fue la habitual. Esto, la guerra psicológica y las cesiones, traen al fin las catacumbas al grito de Libertad.

La Asamblea Conjunta de Obispos y sacerdotes de la Iglesia en España en 1971 entregó por negación la Cruzada española.

Luego se colocó al bien y a los buenos en igualdad -inferioridad- de condiciones frente a la avalancha del mal, con el famoso laissez faire, laissez passer del Liberalismo. Se buscó hacerse perdonar por el “pasado”. Convertirse al Liberalismo, es quedar “preso” del enemigo, del miedo escénico y de los complejos ante el Mundo. Otros obispos caerían en el silencio de un  extraño corporativismo episcopal. Se politizó cualquier comentario de la cosa pública para hacerse perdonar y para “quedar bien”. Se admitió a los llamados cristianos por el socialismo, y hoy también  por el separatismo, con un “Evangelio para todo”.

Otros han entregado la Cruzada por cesión. Cede quien intenta partir de cero -salvo en caso de conversión-, quien huye del pasado y del individuo contaminado por él, y quien calla la verdad de la Cruzada por desmemoria y cobardía cuando los contrarios primero mienten y luego persiguen. Cede quien vive de rentas espirituales, no coge al toro por los cuernos, y se aprovecha del enorme bagaje de Fe y medios heredados, que le permiten dejarse engañar y quizás chantajear. Cede el atrapado de por vida por no querer romper los engaños, quien siempre está a la defensiva, confunde la pastoral con la política, y quien oculta que el mal hace trampas y causa mucho daño. Esta calamidad está en el ADN de la política clerical de mano tendida -y mordida- desde Mons. Tarancón hasta hoy. Primero se calla, luego se contemporiza, y al final se entrega alguna víctima.

¿Es ésta la forma de responder a las élites comunistas y separatistas que juegan con las cartas marcadas? Élites estas que han ganado una batalla de 40 años, gracias a la mentira y tergiversando machaconamente palabras como reconciliación, democracia, compensación etc. etc., pero también gracias a quienes no han enseñado, les han apoyado y aún han cedido. ¡Ay de estos! Tales élites ya han empezado triunfantes la segunda y quizás última batalla.

Hoy los gestos hablan por sí solos. ¿Qué gesto hace el arzobispo Mons. Pérez González, obispo de Pamplona-Tudela, al prohibir la celebración de la Santa Misa en la cripta del monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada, que no está del todo desacralizado ni degradado?

La Santa Misa es el rayo de luz divina que ilumina y transforma todo un monumento y diócesis en penumbra, y cada fiel es la piedra, sillar y cimiento insustituibles.

La guerra psicológica es barata y divertida para quienes encontraron las puertas abiertas por un Liberalismo que da paso al comunismo y separatismo: es un reto “intelectual” para sus agentes, y muy triste y humillante para sus víctimas, que además atisban una cadena de esclavitud sin fin. De no decirse “¡basta!” con decisión, hombría, y aceptando el riesgo, siempre se estará atado al vencedor que ha cautivado a no pocos cristianos por el socialismo y separatismo como “quinta columna” en la Iglesia, germen de amenazas cuyo motor es una perpetua contradicción.

Quizás no sea necesario subir tanto el tono para pedir a Mons. Pérez González el restablecimiento del culto divino en dicha cripta. Seguramente, la cosa sea más lisa, llana y sencilla. Existió la Cruzada, existieron héroes, y también beatos navarros a los que se oculta. Hoy existen testigos de ello, que no están todo el día con este tema, pues lo han sacado sus enemigos, que actualizan tergiversando todo, y usan la trampa de mezclar cosas santas y otras horribles en un totum revolutum. Existe la justicia. ¿Qué habrán hecho, los pobres? Lo que no se debe es ocultar la verdad, ni arrebatar la libertad cristiana de los fieles, ni ceder por temor en una huida hacia adelante y para perder.

No es suficiente decir: callen y obedezcan que otros sabrán más. Hay transacciones formalmente legítimas, pero que en el fondo son un fraude, y dejan a los seglares en el aire con la sensación de no saber a  qué  atenerse. No se puede vivir mucho tiempo de apariencias diciendo que vivimos en libertad cuando no se puede comunicar en un ambiente enrarecido por presiones innobles, ni decidir libremente, ni rezar en privado. ¿Bailar al son de los tiempos, y callar lo que se ve? Los prohibidos en la cripta no se han rendido –“esto” no se acabó-, pues no es legítimo el silencio ante la avalancha, ni una obediencia ciega, generalizada y fácil por dejación y comodidad.

Hoy, cualquier cosa que hagamos dejará huella en la historia. Hoy nos desean extirpar, primero a unos y luego a todos. Por eso, no hay que hacer cosas raras, sino que basta ser un hombre libre. O sea, un hombre. Callar ahora, conlleva ahondar el mal. ¿Qué es más oportuno que las libertades y justicia que ahora se niegan en el país de la Libertad? Hoy se siguen derribando muchas cruces.

Fermín de Musquilda

Tomado de “Siempre P’alante”, nº 848 (10-II-2021), p.14

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