Pensamiento alternativo

Aprendiendo a pensar (9 de 64 ). Pensamiento alternativo (1 de 8)
(Por Manuel Gutiérrez Algaba) —
Normalmente, siempre, la gente aprende un conjunto de verdades, de interpretaciones de la realidad y de ahí no sale. Es prisionero de lo que sabe y de como lo combina.
A nivel de grupos, ocurre lo mismo. Los grupos atesoran un conjunto de dogmas, de perspectivas, de respuestas, hasta tal punto que esa «elección» constituye la definición del grupo. «Carlistas» son los que saben de carlimsmo y responden al carlismo.
Hay un acoplamiento entre pensamiento, emoción y espíritu. El pensamiento carlista responde a la emoción carlista que deviene del catolicismo.
Es positivo que haya madurez, que haya estudio y práctica profunda, para que se aprenda a analizar y unir todos los recovecos de una elección emocional, de pensamiento, toda la riqueza que puede alcanzar una elección espiritual. Sin embargo, incluso para hallar nuevas vertientes doctrinales, para evolucionar, para adaptarlas a las nuevas realidades, hay que salirse totalmente del marco personal y grupal, y encontrar inspiración en lo que hacen otros, en cómo piensan.
Esto suele generar, zozobra, inquietud, porque no salirse del plato, de un plato que nos da de comer y nos hace felice,s parece que cuestione, que invalide, nuestra elección. Se ve como una traición o como un exabrupto plantear nuevos enfoques, abandonando los caminos ya trillados. Es mucho más presentable ser alguien de «confianza» y de hábitos conocidos y estables.
Sin embargo, esta simpleza en la actitud es un riesgo para que se te cuelen traidores, que sólo tienen que tomar los ropajes mentales y disfrazarse con ellos, como describo en mi libro(«Manual de identificación de falsa disidencia», http://tiny.cc/29ao001). Se llegan a crear traidores tan perfectos que son aparentemente perfectos. A mi me gustar decir que las personas normales tienen defectos, tics,… sesgos,y, entonces, es más normal encontrar al carlista imperfecto que al carlista perfecto. De hecho, un pretendiente lo tendría fácil para encalomarse en el puesto: boina, cuatro vivas, hablar de subsidiaridad, algo de Agenda 2030, y, casi, «pa’ ‘entro».
Es muy interesante hacer prácticas en identificar cómo pensamos, cómo sentimos y «rezamos» nuestras doctrinas. Para hacerlo hay que comparar con otras formas de pensar, con sentimientos y aproximaciones distintas, incluso, formas de pensar de otros grupos.
El pensamiento alternativo es esencial para diseñar una buena propaganda, puesto que la propaganda no «empieza» por el emisor, no se trata de «machacar» a la gente con tus ideas hasta que entren por vereda. La propaganda va de acompañar al receptor desde sus posiciones personales hasta las tuyas. Por tanto, pensar como el receptor es una condición sine que non, imprescindible, para poder posicionarse como el receptor y diseñar un camino hasta nuestras posiciones.
No es raro que hasta el grupo, o persona, más repulsivo, más opuesto a mis elecciones espirituales y emocionales, haya dado en el clavo en algo, haya simplificado o haya deformado algo tanto que haya llegado a un lugar que él solo podía llegar.
Muchos ateos, los de la religión atea, suelen pasar un mal rato cuando se les dicen estas cosas, y me suelen tachar de nihilista, de nietzcheano, de relativista. Esto es así porque ne la religión atea, la razón tiene un papel más fuerte ya que son la capa alta «religiosa» y, al tiempo, la capa inferior o justificadora. Además las verdades ateas tienen aún el prurito y el miedo de inferioridad, de ser «castigados» por la religión, de algún modo están incomodas consigo mismas, adivinan su falsedad.
El ateo es más reticiente a plantear, siquiera, hallazgos y soluciones aportados, por ejemplo, por los pensadores católicos.
La verdad es que el pensamiento alternativo causa algo de dolor, eso sí, momentaneo, hiere al orgullo, a nuestra sabiduría. Por ejemplo, hay ya una costumbre de poner a parir a la Conferencia Episcopal, permítaseme la expresión «poner a parir». Que si son tibios, que si consideran la religión como un «objeto de consumo», que si son «modernos» y un largo etcetera. El pensamiento alternativo, aquí, te dice: «ponte en su lugar», «quizá algo hacen bien». Esto, de entrada, nos obliga a un ejercicio de humildad, de desacoplar razón y nuestros sentimientos. De usar nuestra razón de manera «independiente», o mejor dicho, acoplarlo a un nuevo sentimiento de humilidad y caridad,o mejor dicho, a un desarrollo de nuestra catolicidad. Por esta misma razón el ateo es más duro para cambiar de opinión, poorque no puede hacer esta reconfiguración emocional, porque no tiene ees fuente de catolicidad. En el ateo, la razón es al mismo tiempo emoción, espíritu y técnica racional.
Bueno, volviendo a los obispos, ¿y si estuvieran ellos en lo cierto? ¿Y si la «Religión Católica» fuera un producto de consumo para muchos y si la forma de salvar o mantener a la Iglesia sea adaptarse a un pueblo de Dios duro de corazón, consumista, egoísta, corto de espíritu? Alguien diría que lo suyo seria lo auténtico, la verdad, lo de siempre, lo puro, salir del error. Pero tambien es cierto que si hicera así, lo mismo la Iglesia desaparecería, se desmantelaría. ¡Qué sorpresa! ¡Qué dilema! ¿Esto significa la victoria del relativismo? ¿Esto significa mundanizar todo? No, significa entneder una posible realidad, acercarse a la verdad de la realidad, sin supremacismos mentales.
Algo parecido ocurre con el carlismo, ¿Debe ser algo orientado a lo cultural? ¿Debe volcarse en el sensacionalismo ? ¿Debe ser siempre lo mismo? Aquí nos podemos fijar en los partidos fascistas y pseudofascistas, incluso en la historia y darnos cuenta de cómo estos movimientos crecieron, porque supieron crear una épica altisonante, unos uniformes llamativos o una actitud vitalista y arrojada. Quizá es doloroso ver cómo triunfaron, o, incluso , cómo nos hemos equivocado, pero es muy sanador.
Una de las cosas que a mi, personalmente, me gusta es contradecirme a mi mismo y adoptar posturas que no eran las mías naturales, como puede ser el «carlismo contemplativista». Y me gusta porque me hace fuerte, me hace «impredecible», frente a quien espera que yo esté en un lugar en vez de otro, y me hace casi más sabio, porque equivocarse y aprender no te hace más tonto. Atreverse y pensar no te hace más tonto, te hace más listo y bueno. Quizá los del carlismo de libro y sofá, los carlistas de mesa, misa, musa(de juntar poesías intragables), masa ( la barriguera) y moça ( de ligar) estén en lo cierto. A vivir que son cuatro días o ya esto lo arreglará «alguien» o, si no, si no tiene arreglo, ¿para qué enredarse?…. ¿Y si estuvieran en lo cierto ?
Frente al pensamiento liberal, fraccionario, partidista, partidario, basado en el odio, el pensamiento católico es humilde, libre, «alternativo», pivotando siempre en Cristo, de dónde saca su fuerza y su norte; es integrador, es viajero, es flexible, es sereno, es autocrítico, salvo en su filiación con Cristo y la Santa Trinidad. La Verdad os hará libres.
Viva Cristo Rey.
