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10 de marzo de 2022 0

P. Jesús María Silva: “El ateísmo ha fracasado al no traer lo que prometía, ni Freud, ni Marx, ni Nietzsche”

(Una entrevista de Javier Navascués) –

Jesús María Silva Castignani nació el 18 de junio de 1983. Es el número 13 de 14 hermanos. Recibió la vocación sacerdotal y el 3 de mayo de 2008 fue ordenado sacerdote. Además de los estudios de teología, se ha especializado en latín y griego, y es licenciado en teología patrística. Ha acompañado durante años a muchos jóvenes, lo que le ha llevado a implicarse personalmente en esta pastoral, impartiendo charlas, coloquios y conferencias sobre afectividad y sexualidad en parroquias, colegios y universidades. Es autor del libro Virginidad 2.0. (Freshbook, 2017) Sexo: cuando y por qué (Palabra, 2018); Te amarás a ti mismo como Dios te ama (Palabra, 2019); Célibes y felices (Nueva Eva, 2020); Dios quiere hablar contigo (Nueva Eva, 2020); Tensión en pareja (Nueva Eva, 2021); El fracaso del ateísmo (Palabra, 2022). Actualmente es párroco de las parroquias San Isidoro, San Pedro Claver y Virgen del Castillo. Es también capellán del colegio Cristo Rey, en el barrio de Pinar del Rey. Tiene también una amplia pastoral en las redes sociales a través de Instagram, Tiktok, YouTube, Twitter y Facebook.

¿Por qué ha fracasado el ateísmo?

La respuesta es sencilla: porque no ha traído lo que prometía. Freud prometía que un hombre desinhibido sexualmente de todo tabú llegaría a ser plenamente feliz. Marx proponía que el hombre, abandonando la religión y lanzándose sobre los bienes materiales sería plenamente feliz. Nietzsche proponía que si el hombre llegaba a imponer su voluntad sobre todas las cosas sería feliz. Ninguno de estos vaticinios se ha cumplido. Pero de hecho sus ideologías han dado lugar a las mayores aberraciones de la historia: guerras mundiales, dictaduras, genocidios… y un hombre, en el s. XXI, que no es precisamente feliz. Además, ha dejado sin responder las grandes cuestiones que anidan en el corazón de todo hombre: ¿para qué estoy aquí? ¿Existe vida tras la muerte? ¿Por qué hacer el bien y no el mal? El ateísmo no es coherente con los deseos y las intuiciones del corazón del hombre. El lugar donde se verifica su fracaso es la realidad.

Vemos en su libro que toda ideología de la posmodernidad se transforma en un nihilismo materialista o más bien tiene su base ahí.

Exactamente. El materialismo se da por sentado: todo es solo materia. De ahí se pasa a negar toda transcendencia y todo sentido de la vida. El hombre existe simplemente para vivir y para consumir, su única finalidad es tener, poder y placer. Y en esa perspectiva, la aniquilación definitiva tras la muerte se convierte en el horizonte, por lo que la vida se llena de nada (nihilismo): ningún sentido, ninguna meta más allá de lo físico, ningún origen, ningún destino. La nada llena la vida. Y para poder huir de ella, el hombre necesita narcotizarse ante las preguntas fundamentales, porque el materialismo las deja sin respuesta.

¿Cuáles son las preguntas fundamentales que debería hacerse todo joven posmoderno alejado de la fe?

En realidad, las preguntas son las mismas para todos. ¿Por qué hay algo en vez de nada? ¿Por qué hacer el bien y no el mal? ¿Hay vida tras la muerte? ¿Existe Dios? Si es así, ¿por qué permite el mal? ¿Qué sentido tiene mi vida? Estas son las preguntas fundamentales, las que dan una verdadera explicación y sentido a la existencia. Mientras estas preguntas permanecen sin respuesta, la única alternativa es vivir en el sinsentido. La respuesta no la da el tener, el poder ni el placer, sino la reflexión interior y la meditación sobre las verdades fundamentales, las que todas las culturas han intuido como verdaderas: la existencia de Dios y de un destino para el hombre. El joven necesita pararse, no dejarse deslumbrar por el escaparate de luz y ruido que le rodea, entrar en su interior y pensar, para poder encontrar sus propias respuestas. No es casualidad que los poderes reinantes, que quieren arrebatar la libertad a los jóvenes para que sean más manejables, hayan retirado la filosofía de las escuelas. El joven de hoy tiene anhelo de eternidad, pero como remedio a ese anhelo el mundo le ofrece el tener, el poder y el placer; unos narcotizantes que solo consiguen acallar el deseo, no le llenan, y a la larga generan frustración. Solo lo Eterno corresponde al anhelo de lo eterno.

Si todo hombre busca un sentido trascendente en su existencia, ¿Por qué existen los ateos?

Según el gran psiquiatra Viktor Frankl, todo hombre tiende naturalmente a Dios; pero en el presente esta tendencia se reprime así da lugar a patologías. ¿Por qué el hombre reprime esta tendencia? Por desgracia, según el Concilio Vaticano II, la culpa muchas veces las tenemos los propios cristianos. En el número 19 de la Constitución Gaudium et Spes, leemos: “En esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión”. Cuando por un lado la religión ha dejado de iluminar, por otro lado las ciencias han deslumbrado al hombre con su pretensión de explicarlo todo, y por otra parte la filosofía ha reaccionado contra la fe dando por sentado el materialismo, el ateísmo ha pasado a ser lo predominante en el ambiente occidental de la posmodernidad. Si los creyentes hubiéramos sido más coherentes, probablemente otro gallo habría cantado.

¿Quiénes serían los grandes precursores del ateísmo filosófico?

Es difícil responder a esa pregunta. Desde la perspectiva de la filosofía, sin duda la corriente empirista inglesa, encabezada por David Hume, tuvo una gran influencia, ya que invita a la filosofía a centrarse solo en lo perceptible por los sentidos. En la Ilustración se propone la religión como algo oscurantista, a lo que algunos de los philosophes responden con la propuesta del ateísmo. A esta perspectiva se unió el desarrollo de las ciencias, en las que el filósofo August Comte vio la plenitud del saber, de modo que debían dejarse atrás tanto la religión como la filosofía. En este ambiente Charles Darwin propone su teoría de la evolución como una explicación materialista de la humanidad, mientras Ludwig Feuerbach, partiendo del materialismo, propone una explicación alternativa del origen de la religión como un invento humano. Todo esto crea el caldo de cultivo perfecto para la eclosión del ateísmo en los siglos XIX y XX, a través sobre todo de Marx, Niezsche y Freud.

¿Por qué acaba diciendo que son maestros de la mentira?

Porque estos tres autores proponen un origen de la religión que no es respetuoso ni con los datos de la arqueología, ni con los de la fenomenología de la religión ni con la psicología humana. Ellos “inventan” un origen de la religión, partiendo del materialismo, para sustentar sus teorías filosóficas, políticas y psicológicas, pero han mirado a la realidad desde sus prejuicios, de modo que han quedado cegados para ver el verdadero origen de la inclinación religiosa en el hombre. Lo que ellos dicen sencillamente no es verdad. No es que sea indemostrable (que lo es), sino que además no es leal con los descubrimientos del origen de las religiones. Además son maestros de la mentira porque con sus teorías cautivaron a muchos que, tratando de llevar a la historia sus promesas utópicas de un mundo feliz, han arrasado el mundo con las ideologías, las guerras y las tensiones en las que lo vemos envuelto hoy.

¿Quiénes serían los nuevos ateos y qué dificultades plantean a diferencia de los ateos clásicos?

Los “nuevos ateos” son aquellos que se acercan a la cuestión religiosa desde la ciencia, y no desde la filosofía. Así, rebasan su campo propio y tratan de extraer consecuencias filosóficas de conocimientos científicos. Plantean una crítica mordaz contra la religión, salpicada de hipocresía y pseudo – cientificismo. Meten a todas las religiones en el mismo saco, lo cual es muestra ya del poco rigor de su pensamiento. Y dan por verdaderos una serie de prejuicios que han asumido y no consigue demostrar: que sin religión seríamos mejores, que la fe ha retrasado la civilización, que la Biblia es un libro inmoral, que la existencia de Dios no se puede demostrar, etc. La carencia de conocimientos humanistas y de profundidad de estos autores ralla en lo obsceno. Pero su estilo divulgativo, y su título de científicos que a los ojos del mundo es garantía de calidad, ha hecho que sus obras se extiendan entre el gran público convirtiéndose en superventas.

¿Por qué decidió acabar el libro hablando de la coherencia del teísmo?

Porque es algo que surgió espontáneamente de la refutación del ateísmo. En la preparación de mi libro me fui encontrando con muchos autores actuales que muestran la coherencia de la existencia de Dios desde el punto de vista antropológico, filosófico y científico. Cuando se refuta el ateísmo, las preguntas fundamentales vuelven a florecer, y el hombre anhela una respuesta. Y un uso sin prejuicios de la razón para dar respuesta a esas cuestiones, lleva de un modo natural a la religión, a la existencia de Dios, como respuesta más probable a las grandes cuestiones que permanecen irresolubles, como bien demostró el filósofo ex – ateo Antony Flew. El teísmo es la hipótesis más probable y más plausible desde todos los puntos de vista, a pesar de que se nos quiera hacer creer lo contrario.

¿Cuáles son los principales indicios externos e internos de la existencia de Dios?

En el libro hago una lectura actualizada de las “demostraciones” tradicionales de la existencia de Dios. Todo tiene que tener un origen, tal como nos señala la física moderna: el universo no es eterno, tuvo un comienzo, que algo tuvo que producir, algo que a su vez no fue causado por nada, porque si no a su vez algo tendría que haberlo puesto ahí, de modo que caeríamos en una cadena infinita de causas, algo que la física y la matemática han demostrado que no puede existir. Pero es que además lo que dio origen al universo lo dotó de un diseño concreto que permite que sea exactamente como es y que haya dado lugar a seres como nosotros, por lo que se trata, más que de un “algo”, de un “Alguien” inteligente que creó con un diseño y por tanto con un propósito. Interiormente, además, vemos en nosotros la fuerza de la moralidad: es decir, sentimos un imperativo que nos permite distinguir el bien del mal y nos impulsa a realizar el primero y rechazar el segundo. Este imperativo moral no puede explicarse desde el punto de vista evolutivo ni biológico, por lo que señala a ese Diseñador como autor de la conciencia humana. Asimismo, la tendencia natural a Dios muestra cómo el anhelo del hombre ha de tener respuesta, como la tienen todos los demás deseos del ser humano. Además, el deseo de justicia, que claramente no se cumple en esta vida, y reclama la existencia de otra para que cada cual reciba el fruto de lo que ha sembrado. También la belleza y complejidad del universo, la maravilla del código genético, y la multitud de las experiencias de conversión que han vivido y viven millones de personas impulsan en la misma dirección: Dios existe.

Tras el epílogo no podía tener mejor colofón el apéndice de Chesterton. Por qué soy católico.

Chesterton fue un buscador, El anhelo de verdad bullía en su interior en medio de una sociedad superficial e hipócrita. Fue capaz de liberarse de todas las ataduras de su ambiente para llevar adelante su búsqueda y llegar al único término posible: la existencia de Dios. Por eso considero su vida como un paradigma de lo que el hombre posmoderno debería hacer. Despertar del sueño del ateísmo, vencer los condicionantes del ambiente y embarcarse en la búsqueda sincera de la verdad. Así, como Chesterton, y tantos otros hombres y mujeres de la historia, podrá llegar a quien es la respuesta a todos los anhelos y preguntas del ser humano.

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