1 de junio de 2018 0

Oración por los enemigos

por Nikolai de Zica. Obispo ortodoxo serbio.

Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.
Mis enemigos me han llevado a tus brazos más que mis amigos.
Mis amigos me han atado a la tierra, mis enemigos han hecho que me desprenda de ella y han destruido mis aspiraciones en este mundo.
Del mismo modo que un animal perseguido por los cazadores encuentra un refugio más seguro qué un animal despreocupado, yo, perseguido por mis enemigos, encontré el santuario más seguro oculto bajo tu tabernáculo, dónde ni amigos ni enemigos pueden matar mi alma.
Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.
Ellos han confesado mis pecados ante el mundo en mi lugar.
Me han castigado cuando yo he dudado en castigarme.
Me han atormentado cuando he intentado huir de los sufrimientos.
Me han reprendido cuando yo me envanecia.
Me han escupido cuando estaba lleno de arrogancia.
Bendice a mis enemigos, señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.
Cuando me he creído sabio, me han llamado necio.
Cuando me he colocado por encima de los hombres, se han burlado de mí como si fuera un enano.
Cuando he querido ser el primero me han postergado.

Cuando he querido ser el primero me han postergado.
Cuando he corrido a enriquecerme, me lo han impedido con puño de hierro.
Cuando he pensado que podía dormir tranquilo me han despertado de mi sueño.
Cuando he intentado construirme una casa para pasar una vida larga y tranquila, la han de ruido y me han
echado de ella.
En verdad, mis enemigos me han liberado de las ataduras del mundo y han hecho que alargue la mano
para tocar la orla de tu túnica.
Bendice a mis enemigos, señor. yo también los bendigo y no los maldigo.
Bendicelos y multiplicalos, multiplicalos y vuelvelos aún más contra mí, para que mi vida hacia ti sea sin retorno, mi esperanza en los hombres se desvanezca como una telaraña, una serenidad total empiece a reinar en mi alma, mi corazón se convierta en la tumba de esas dos malvadas hermanas, la arrogancia y la ira, pueda atesorar mi tesoro en el cielo y por fin me vea libre del autoengaño que me ha enredado en la terrible maraña de esta vida ilusoria.
Mis enemigos me han enseñado lo que casi nadie sabe: que el único enemigo que tiene un hombre en este mundo es el mismo.
Bendice a mis enemigos, Señor yo también los bendigo y no los maldigo. Amen.

Nikolai de Zica. Obispo ortodoxo serbio.

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