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3 de enero de 2026 0

El Santo Escapulario asegura la salvación y abrevia el purgatorio. Pida que se lo impongan

(Una entrevista de Javier Navascués).- 

Rosa María Ber Miralles. Esposa y madre. Natural de Horta de San Juan (Tarragona). Estudia y difunde la obra y vida del beato Francisco Palau desde 2017. Nos cuenta que el pasado mes de mayo tuvo la gracia, a través de un amigo suyo de muchos años, de estar en el Monte Carmelo, en Israel. Allí, en el origen, pudo rezar a Nuestra Señora del Carmen o como también le diría el P. Palau, a Nuestra Señora de las Virtudes y al profeta Elías. Allí nos encomendó a todos.

¿Cómo nace la devoción del Santo Escapulario?

Bueno, pues como ya muchos conocen, la Virgen se aparece a San Simón Stock el 16 de julio del 1251. Simón nace en 1165, en Inglaterra. La Orden de los Carmelitas se había extendido por Europa después de que los Bienaventurados Hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo, constituidos por el Patriarca de Jerusalén, San Alberto, hubieran tenido que abandonar Tierra Santa por la persecución de los musulmanes. Este grupo de hombres, entre ellos algunos de los cruzados, se habían retirado para entregarse a Dios en oración y penitencia, en imitación del espíritu de Elías y, en esta imitación, a la veneración de la Santísima Virgen, a la Inmaculada. El primer prior participó en la primera cruzada, San Bertoldo.

Pues bien, La Virgen se aparece a San Simón, en ese entonces prior general de la Orden, en un momento grave para ellos en Europa, hasta el punto en que temieron su desaparición. No entro a explicarla para no extenderme demasiado, pero como siempre repito, Dios permite la prueba antes de confirmar su obra. Y es a partir de la aparición que, poco a poco, todo empezó a cambiar, con la protección de su misma Reina. El Papa Inocencio IV fue la ayuda enviada por el Cielo. La Orden del Carmelo es la Orden de la Madre de Dios, de la Inmaculada.

Según Paleonidoro, historiador de la Orden, en el capítulo general de los Carmelitas habido en Tolosa (Francia) en 1306, se mandó celebrar solemnemente en la Orden la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen. Existe o existía, no lo sé, una costumbre parecida en los Franciscanos, una hermosa antífona de la Inmaculada Concepción: “Dijo el Señor Dios a la serpiente: pondré enemistad entre ti y la Mujer y entre tu descendencia y la suya, Ella desmenuzará tu cabeza. A la antífona le siguen tres Ave Marías y el versículo: Toda hermosa eres María y no hay mancha original en ti.”

¿Por qué va unida a la consagración a la Virgen?

¿Sabe cómo le llamaban a San Simón Stock? El amado de María, por la gran devoción que le tenía. A Ella le componía himnos, que luego recitaba, de ahí el que todos conocemos:

Flor del Carmelo Viña florida esplendor del cielo; Virgen fecunda y singular; oh Madre dulce de varón no conocida; a los carmelitas, proteja tu nombre, estrella del mar.”

Pero podríamos ir antes en el tiempo, concretamente a unos 900 años AC. Al profeta Elías. Leemos en el primer libro de Reyes:

…” Y a la séptima vez he aquí que subía del mar una nubecilla pequeña como la huella de un hombre”. (1Reyes 18, 44-45)

Se lee en la tradición del Carmelo que Elías explicó lo que había entendido, ilustrado por una luz interior, de la significación de la nubecilla, en la que vio la figura de la Virgen Inmaculada derramando a manera de lluvia, al Justo, al Salvador, sobre la tierra desecada por el Mal. A partir de ese momento, se dice, que, además de revelar el misterio a sus discípulos, – y sabemos por las Sagradas Escrituras que los tenía, entre ellos su sucesor, Eliseo -, estableció el culto a la futura Madre de Dios y de los hombres.

La tradición nos habla del misterio de la nube en San Atanasio, San Ambrosio, San Jerónimo, San Agustín, San Cirilo, San Beda, San Bernardo…

Hace unos días encontré esta antífona que me gustó mucho:

¡Oh! ¡Virgen incomparable! toda la Iglesia os reconoce en la nube misteriosa, que desde la cima del Carmelo vio el profeta Elías elevarse del mar…” (Don Guéranger).

Y sigo con lo que dice la tradición del Carmelo porque me parece que intentar ir a las raíces, que no siempre es fácil o claro, nos ayuda a comprender la importancia del santo Escapulario y la belleza de esta devoción. Vamos “al otro Elías” a San Juan Bautista: Los discípulos del precursor también vemos en el Evangelio que al menos dos de los apóstoles andaban con él, Andrés y Juan, habían sido preparados para la aparición pública del Mesías.

Podemos recordar el versículo de Juan: “He aquí el Cordero de Dios” (Jn 1, 35-37). Pasado el tiempo, los discípulos y seguidores de Juan, después de haber visto con sus propios ojos la verdad proclamada por los apóstoles en el día de Pentecostés, abrazaron la fe del Evangelio y comenzaron a venerar a la Santísima Virgen con gran gozo, y ¿por qué?, porque Ella estaba allí, entre ellos, pudiéndola tratar como su Madre espiritual. Pues se lee, que esos primeros cristianos construyeron la capilla del Monte Carmelo y que, en la época de Constantino, Santa Elena hizo levantar una iglesia en el mismo lugar.

Por todo lo dicho, esta devoción va unida a la consagración a la Virgen porque de Ella nace el Salvador y porque Ella es el camino más corto, más perfecto para llegar a Jesús, como concreta San Luis María Grignion de Montfort. San Simón Stock comprendió muy bien la esencia de esta protección: salvar a las almas del infierno. Y leemos en San Alfonso María de Ligorio: “Usar el Escapulario es un compromiso de vestirse, o sea, imitar las Virtudes que adornaron a la Santísima Virgen María”.

¿Por qué la mejor manera de consagrarse a la Virgen es imitar sus virtudes?

Porque no hay otro camino para ir al Cielo, vivir el Evangelio es vivir en virtudes. Es lo primero que se comprueba en los procesos de canonización, ¿verdad?, comprobar que esas personas vivieron las virtudes en grado heroico. Y la Inmaculada es la figura perfecta y acabada de la Iglesia, nos dirá el beato Palau en su tiempo. Es el modelo de la futura humanidad llegada a su plenitud.

En el tratado de la Verdadera devoción de Grignion de Montfort, resume que para santificarse hay que practicar las virtudes, para practicar la virtud necesitamos la Gracia de Dios, y para hallar la Gracia de Dios hay que hallar a María. Hay algo que me gusta recordar y es que, cuando el Señor nos dio a la Virgen por Madre en la persona de Juan, el apóstol tenía a su madre, Salomé, viva. Y a la vez era el discípulo amado del Señor. Esto me hace meditar en su maternidad espiritual y nuestra entrega a Ella por medio de una verdadera consagración para alcanzar la unión con Nuestro Señor.

¿Se podría decir que es una de las devociones más importantes al asegurarnos la salvación?

Sin ninguna duda. Así nos lo han confirmado muchos Papas. Lo que empezó en los Carmelitas se ha esparcido en toda la Iglesia y con siglos de historia, salvación de tantas almas y gran número de milagros, muchos de protección a sus hijos. A demás la cantidad de santos que lo han llevado… etc.

¿Con que condiciones hay que llevar el Escapulario para que sea eficaz la promesa?

Pues llevarlo como hábito, bien sea el de tela o la medallita, debidamente impuesto por un Sacerdote, observar castidad de acuerdo al estado de vida y rezar a la Virgen. El Escapulario y el santo Rosario están íntimamente unidos, por lo que este rezo es el más recomendable o imprescindible de siempre, pero tanto más en nuestros días. El Escapulario es un sacramental dado por la Virgen, que la Iglesia ha aprobado como signo que nos ayuda a vivir santamente y a aumentar nuestra devoción y entrega, renunciar a todo pecado, incluso al venial. Consagración, imitación, protección. La devoción auténtica reside en la voluntad. Lo externo: palabras, gestos, ejercicios devotos, medallas, imágenes, etc, valen siempre y cuando sean manifestación externa de una voluntad sincera de servir a Dios, en este caso por María y en María.

HACERLO TODO PARA GLORIA DE MARÍA COMO FIN PROXIMO, Y A TRAVÉS DE ELLA, PARA HONRA Y GLORIA DE DIOS, COMO FIN ÚLTIMO Y ABSOLUTO.

No solo asegura la salvación, sino salir pronto del Purgatorio…

Así es, en la bula sabatina del Papa Juan XXII del año 1322, pero también ratificada por siguientes Papas. Escribía Pio XII en 1950 en “Neminem profecto latet”: “Ciertamente, la piadosa Madre no dejará de hacer que los hijos que expían en el Purgatorio sus culpas, alcancen lo antes posible la patria celestial por su intercesión, según el llamado Privilegio Sabatino, que la tradición nos ha transmitido con estas palabras: “Yo, su Madre de Gracia, bajaré el sábado después de su muerte, y a cuantos, religiosos, terciarios y cofrades, hallare en el Purgatorio los libraré y los llevaré al monte santo de la vida eterna”.

¿Cómo el P. Palau recuperó esta devoción en el Carmelo?

El P. Palau en su búsqueda de su “Amada”, la Iglesia, buscaba a María, la luz del Espíritu Santo le mostraba el camino, como ya he dicho otras veces. Llamó a la puerta del Carmelo y aunque carmelita exclaustrado, vivió toda su vida como lo que era, un carmelita descalzo. Por ello no podía dejar de procurar que todos llevasen el Escapulario. Por medio del sacramental se dieron milagros, sobre todo frente a graves peligros, pero también frente al demonio. ¿Y cómo enseñaba a vivir esta consagración? En la Escuela de la Virtud, en su apostolado, en su predicación y en su exorcistado. El 16 de julio de 1865, la Virgen le dijo al beato: “Soy la Virgen Carmelitana, estoy con los penitentes en los desiertos. Y en señal de que estáis todos bajo mi cuidado, huirán los demonios a la invocación de mi nombre. Yo tengo mi trono en el Monte, y mis armas se dirigen a salvar del fuego eterno a cuantos se acojan a mi bandera (el Escapulario). (…) “Mis armas amenazan el imperio de Satanás.” El P. Palau conocía muy bien la tradición de su Orden y las Sagradas Escrituras…

¿Se podría decir que el P. Palau fue un perfecto carmelita, amante del espíritu fundacional de la orden?

¡Se puede decir perfectamente! En otra ocasión le dijo la Virgen en Es Vedrá, entre otras cosas referentes a su misión: “Despliega las armas del Monte Santo del Carmelo, para que se acojan a su protección los que están escogidos para hijos del gran profeta Elías y dirígelos en los desiertos, preparándolos allí para recibir el espíritu doble de este gran profeta.” Sabemos de los discípulos que lo seguían en los desiertos, “els Penitents” (los Penitentes) que al igual que él, volvieron a los orígenes del Carmelo, a vivir como ermitaños, pero hay mucho más que ahora sería muy largo. Santa Teresa volvió, en su tiempo, al origen. Al Palau las circunstancias de su historia lo llevaron también a él, aunque sus tiempos no lo permitían. Como otro Elías, obedeció a Dios antes que a los hombres, pero con esto no quiero decir, para que no se me entienda mal, que no obedeciera a la Iglesia porque vivió en perfecta obediencia a Ella.

¿Por qué la promueven ustedes?

Bueno, digamos que con el P. Palau entra todo, por ese mismo espíritu del que hablamos. El Carmelo bien puede comprender, por decirlo así, desde la Mujer del Génesis hasta la Mujer del Apocalipsis. El espíritu de restauración de Elías que permanece en la Iglesia Santa y que con María se tiene que ir manifestando cada vez más. El Carmelo es figura de María y de la Iglesia. Pregustación de la armonía final…

Leemos en la Constitución Dogmática Lumen Gentium:

Los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento y la Tradición venerable manifiestan de un modo cada vez más claro la función de la Madre del Salvador en la economía de la salvación y vienen como a ponerla delante de los ojos. En efecto, los libros del Antiguo Testamento narran la historia de la salvación, en la que paso a paso se prepara la venida de Cristo al mundo. Estos primeros documentos, tal como se leen en la Iglesia y tal como se interpretan a la luz de una revelación ulterior y plena, evidencian poco a poco, de una forma cada vez más clara, la figura de la mujer Madre del Redentor. Bajo esta luz aparece ya proféticamente bosquejada en la promesa de victoria sobre la serpiente, hecha a los primeros padres caídos en pecado” (cf. Gen 3, 15. LG).

¿Cómo ha estado presente en Lourdes y en Fátima?

A veces las personas no nos damos cuenta de ese no pequeño detalle. En Lourdes el último día de la aparición fue el 16 de julio, aniversario de la aparición de la Virgen del Monte Carmelo a San Simón Stock, como hemos recordado. Santa Bernardita dijo:” María estaba más hermosa que nunca.” Lo mismo sucedió en Fátima, pero el 13 de octubre, día del Milagro del sol…, los pastorcitos vieron a la Virgen del Carmen con el Escapulario. Lucía explicó, años después, que los verdaderos hijos de María llevarían el Escapulario con reverencia y como Ella lo pidió, como signo de consagración.

En Lourdes la Inmaculada, en Fátima Nuestra Señora del Rosario con la promesa de que su Corazón Inmaculado triunfará. En cada lugar un propósito y un pedido, pero siempre el mismo mensaje.

Aprender a buscar a la Virgen, ir por el camino (consagración) donde esté la Madre de Dios siempre será la garantía de encontrar y amar a su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo y a su Iglesia.

Decía San Claudio de la Colombière que ninguna devoción ha sido confirmada con un mayor número de milagros auténticos. Hoy ningún católico puede ser indiferente a estas Gracias que Dios nos da a través de la Santísima Virgen María porque, además del amor y agradecimiento que le debemos mostrar, es nuestra Madre.

Y en nuestros días la serpiente del Génesis es ya dragón…

Por sus frutos los conoceréis: Seguir a Jesucristo e imitar a María con el espíritu de Elías.

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