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20 de junio de 2022 0

El resultado electoral ¿Hasta cuándo Andalucía?

(Por José Fermín Garralda)

Andalucía es muchísimo más que unas elecciones, que conste.

El resultado de las elecciones andaluzas mantiene la balanza con mayor firmeza donde estaba en el rechazo hacia el máximo  caciquismo y la corrupción socialista en Andalucía. Sin duda a ello se suma la hartura ante el sectarismo del presidente social comunista don Pedro Sánchez. Habrá otros motivos como la gestión de los últimos 4 años del PP, Ciudadanos y Vox, pero aquellos son los principales.

El PP del Sr. Moreno tiene mayoría absoluta con 58 escaños. Le sigue el otrora imbatible PSOE con sólo 30 escaños,  luego Vox con 14, Por Andalucía 5 y adelante Andalucía 2. El PP se ha impuesto en todas y cada una de las 20 principales ciudades de Andalucía, incluida Sevilla. La izquierda cae con estruendo y no atrae ni a los que decía que eran suyos, aunque es verdad que la desaparición por motivos de edad y la aparición de otros puede conllevar cambios. Vox, hace cuatro años era la 5ª fuerza y ahora es la 3ª aunque las grandes esperanzas puestas suponen cierto fracaso en los resultados.

«La Vanguardia» 20-VI-2022

La sustitución del PSOE por el PP es una gran novedad que la derecha liberal aplaudirá satisfecha para seguir en lo suyo. Lo preocupante es qué hay detrás de tal sustitución.

De mal en peor con el PSOE, volvemos a las andadas, pues «queríamos otra cosa» a lo que ha salido. Y no hemos podido decirlo porque la Comunión Tradicionalista Carlista no se ha presentado a las elecciones. Volver a las andadas se debe a que el mal es estructural: a Dios se le arrincona en la vida privada, y se le expulsa de los consistorios, parlamentos, instituciones públicas y la misma calles y plazas. Es el mal raíz de la Constitución de 1978. Además, el dejar hacer todos a todos, salvo si es bueno, va unido al retraimiento político porque… ¿qué vamos a poder sin los partidos políticos?

Todo indicaba que el PP y similares iban a ganar. También parecía que el desastre llamado Sánchez, líder del social comunismo, iba a hacer que  los andaluces se movilizasen en masa.  Pues bien, a pesar del desastre llamado Sánchez, y a pesar de cómo ha podido hacerlo el PP y sus socios durante cuatro años, resulta que la participación sólo ha aumentado el 1’8% de los votos emitidos en diciembre de 2018.

El sistema paraliza tanto que la abstención sigue siendo muy elevada, participando sólo el 58’36% del censo. Por lo visto, ningún partido entusiasma a esa gran porción de andaluces de la abstención, que llegan al 41,64% del censo electoral, y lo decimos teniendo en cuenta del envejecimiento poblacional y la llegada de nuevas generaciones. Este es un pueblo con poca tensión en el alma, pocos convencimientos, fruto de una política donde todo es posible, rota por los partidos y, salvo excepciones, sin miras elevadas.

El tirón de lo religioso –romerías, procesiones, cofradías y hermandades- es mucho mayor que el de las consignas electorales. Al hombre, al español, quizás sobre todo al andaluz, sólo le mueve realmente la elevación de miras, el tirón verdaderamente religioso, la mirada puesta en  los grandes problemas que afectan directamente a la vida eterna. ¿Y quién apuesta por ello?

Sabemos que fue un gran error que Andalucía se entregase al voto socialista durante 36 largos años. (No sé si ella se entregó o le entregaron como si fuese lo propio y lo natural de este gran pueblo). Durante 36 años los socialistas la deshicieron y eso que Andalucía es un potencial inmenso. Utilizaron el imaginario popular para identificarla con el socialismo y la población se lo creyó. ¿Reparto de cromos? ¿Reparto de influencias?. Como si por haber braceros en 1940 y emigraciones interiores al Norte en 1960, justificase uncir Andalucía al socialismo. El globo inflado del PSOE pinchó, con estruendo pero sólo por la corrupción, el clientelismo por las dádivas, y la demagogia.

Ahora temo que se caiga en otro error, como es entregarse al PP por hartura del PSOE. EL PP –dice- ofrece bienestar y futuro, pero mantiene toda la legislación amoral y anticristiana que –parece- quieren convertirse en “intocable”, en parte del sistema, es decir, entrometerse en la futura Constitución federal o confederal. Primero vienen los hechos y luego vendrá el Derecho a darles espaldarazo. En 1978 fue al revés, qué lo vamos a hacer.

Lo más preocupante que el principal motivo del voto al PP sea el rechazo al PSOE, y no los verdaderos motivos de la vida, como la defensa de la configuración natural del ser humano (sin ideología de género), la vida humana desde la concepción hasta su muerte natural (aborto y eutanasia), el  matrimonio como Dios manda (uno con una), la familia y la legítima adopción de menores, la moral pública…. la libertad educativa de los padres, la comprometedora presencia de la religión católica en las instituciones…  Esto último todo el mundo lo obvia, hasta la gente tradicional; dicen que no es electoral, pero es que es la verdad. Y sin verdad no se va a lugar bueno alguno. Si no está la religión positiva católica como Norte de la sociedad política, todo hace agua, todo es arena movediza, y lo único fijo y estable es el Estado, el coronavirus, el Gobierno mundial, o el miedo que impone el líder (Sánchez o el vecino convertido en policía de escalera). Son hechos, y no confundan lo mental con lo real.

Si no vamos a la raíz, la deshumanización y el anticristianismo se consolidarán, aunque pueda haber algunos retoques en materia educativa como en el Madrid de Ayuso. Así, Andalucía ya no es lo que siempre fue, sino que es otra Andalucía,  materialista y hedonista mientras se pueda.

Se van a mantener todo los males del sistema liberal, como el sistema mismo, en el límite en el que estamos. Lo peor es que la que fue derecha sociológica creerá que está salvada, protegida y en buenas manos. Ya verán, ya verán… Alguno se conforma con la libertad (relativa) de los centros educativos, pero… ¿y los demás? Ya irán a por él y los demás no moveremos un dedo.

De ésta manera, los andaluces, siempre queridos y que transmiten alegría al resto de los españoles, comunidad de grandes cualidades, virtudes y valores, un gran potencial, no tendrán ni bienestar ni futuro. Han huido del sarcasmo socialista, pero tendrán el alma encogida y muchos de ellos no aguantarán esa forma de vida.

El PP mantendrá la emigración abusiva desde África, y consolidará la ya realizada, transformando esta comunidad como nuevo escalón de bajada y a la larga, en otra Andalucía.

Nadie puede dar lo que no tiene. Ojalá Andalucía y con ella España entera, se abra a Hispanoamérica como sus mayores.

Está claro que el excesivo poder que otorga la democracia al partido triunfante es un peligro público. Hay muchos casos de corrupción en el PSOE, pero también en el PP de Rajoy. Tanto poder en manos de un gobernante es un exceso y, desde luego, un peligro público en el tobogán que lleva a la corrupción.

Los carlistas seguimos exigiendo una verdadera representación de intereses, en el día a día y ello trasladado a las asambleas legislativas. Una representación en lo que cada uno vive y sabe, sin la lucha partitocrática, de unos partidos políticos que no son sociedad sino máquinas de poder, que más que servir se sirven de los ciudadanos. ¿Es que no sabemos que hay “otra cosa”? Desde la Comunión Tradicionalista Carlista no queremos que Andalucía sea una presa bien agarrada para la Agenda 2030. « – Oye, pues a decirlo y a vivirlo. Que por nosotros que no quede. Sí, queremos otra cosa».

¿Por qué el genio creador andaluz no va a proponer una rotura de moldes impuestos, y ser la cabeza de una restauración española? Pues los tradicionalistas andaluces tienen trabajo, como todos en su casa y en la casa de todos.

José Fermín Garralda

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