El impedimento de la formación

Carlismo ( 2 de 64 ) . Impedimentos ( 2 de 16)
(Por Manuel Gutiérrez Algaba)–
El carlismo es una «filosofía» compleja, por herencia de su padre el catolicismo, compleja en el sentido de rica. Dios, Patria y Rey, que, sucintamente, son Dios, Dios y Dios. La Patria no es otra cosa que la «familia» extendida y protegida en su cultura e integridad étnica por Dios. Rey no es otra cosa que un gobernante ungido y que es responsable ante Dios y ante sus mandamientos y decretos, responsable inmediato.
También es complejo en su engarce en el tiempo. El carlismo tiene pasado, tiene presente y tiene futuro. Tuvo mucho pasado, mucha historia, muchos hechos de armas, algunos honorables, muchos testimonios de Fé… Tiene presente, aunque no parezca muy influyente, lo es, y sirve de fuente a muchos partidos liberales para beber de la doctrina, alterarla, prostituirla y reenvasarla para el consumo de masas. La democracia cristina, el «liberalismo católico», el seudonacionalismo liberal y otras aberraciones no son más que derivaciones inspiradas en el patrón oro carlista.
También el carlismo tiene futuro, incluso si, como el Guadiana, llegara a desaparecer. Y esto es así porque la tradición no es más que la ley natural, y esa está grabada a fuego en las almas de los hombres. Se podrán perder las anécdotas garabateadas en los libros de historia, pero la tradición brotará del corazón del hombre una y otra vez; como una vez fue, otra vez volverá a ser. El carlismo tiene futuro a pesar de los carlistas que quieran enterrarlo.
La complejidad del carlismo es un problema. Hay mucho «peso» que arrastrar al mismo tiempo, muchos detalles en los que perderse, muchos vericuetos y jardines que, aunque nemorosos y frescos, no son las avenidas principales donde restalla la ley natural. Muchos se embelesan con las variaciones doctrinales y doctas teorías que caminan al lado del carlismo. Muchos acaban sustituyendo la sombra por el objeto, la historia por la pura acción inicial del carlismo. Acaban creando un carlismo sucedáneo, de biblioteca. Es normal, la jungla carlista pulula con miles de animalillos curiosos que estudiar. El carlismo es acción, es cultura y es formación, y aquí la complejidad no deviene tanto en riqueza sino en obstáculo embarazoso. La formación y la cultura llega a convertirse en un cepo en el pie. La formación se puede llegar a convertir en una precondición, en una excusa para no actuar, en una mirada al ombligo, en una simulación del verdadero carlismo, en una guardiana refunfoñona de la acción, en una maestra de colegio cincuentona y amargada que no deja jugar a la niña dulce y vigorosa: la Acción.
Se olvida que el carlismo es un sobresalto, un empuje, un paso adelante decidido, una acción real y física.
Por supuesto que siempre habrá que pensar, planificar, estudiar; pero como en cualquier actividad física, de la planificación a la acción pasan horas o días no lustros ni décadas. El carlismo es acción o no es nada, porque es la fuerza de la ley natural que se abre camino como un manantial rabioso que busca su camino entre las peñas. El carlismo no es un estanque de aguas viejas y verdes, donde los musgos, verdinas y algas no invitan a beber de sus aguas.
De la acción surgirá la evaluación y nueva planificación, y nueva acción y vuelta a empezar, pero siempre será la alternancia de labor mental y labor muscular, una y otra, en gerundio de «moviéndonos» .
Si los carlistas no se mueven, no importa. La ley natural, Dios, es más fuerte, es la fuente, y ya encontrará desvíos y ya encontrará seguidores menos fieles pero, también, menos tibios, menos confusos, menos aturdidos. Si los carlistas no se mueven, ya surgirán simplificaciones, cómo ya ocurrió, ya surgirán los «fascismos», o, peor, los «seudofascismos», o, peor aún, los «liberales nacionalistas de otras naciones» pero con tonalidades «tradicionalista-carlistas». La Verdad y la Vida son más importantes que nosotros y nos orillará si no estamos a la altura de la acción.
