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5 de diciembre de 2020 0

Ecos de una conversación sin sentido: el chat de retirados

Por Miguel Ángel Pavón Biedma

Veteranos en un desfile militar

Los defensores de la nueva normalidad (anormalidad que en realidad es ya antigua) presentan reiterativos una conversación fuera de contexto. El ciudadano, frente al televisor, asiente a la consigna repetida por los distintos medios de comunicación (https://www.antena3.com/noticias/espana/estas-son-frases-chat-whatsapp-militares-retirados-fusilamientos-golpe-estado_202012045fc9fc1013e1de0001b9c637.html).  La misión usual de las Fuerzas Armadas es la defensa de su patria, de su nación que en esta ocasión, y siempre,  se llama España sin más apellidos. ¿Quién grabó esa conversación? ¿Quién la transmitió? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Por orden de quien? También podemos preguntarnos ¿Quién dijo eso? ¿Qué dicen los otros? Sería jugoso leer los chat privados de secesionistas e ingenieros sociales de la nueva era. Pero claro es mejor ocuparse de los que casi no tienen voz: ningún militar en activo, en su sano juicio, podrá defenderse sin rozar la sanción disciplinaria. En cuanto a los retirados, después de soportar, o participar, de una profesión noble, pero devaluada por obra y gracia de los políticos de turno, dudo de que les queden ganas de líos y trifulcas. Pero claro hacer entender esto al ciudadano pasivo ante el televisor es tarea ardua. Bastante tienen con recordar las anécdotas de cuando los abuelos hicieron “la mili” hace ya bastantes años.

Ya que se ha generado un cierto debate, sería bueno que alguien recordara que las Fuerzas Armadas españolas son, hoy día, una entidad minúscula que ni quiere, ni puede,  ni debe participar en política.  También el infierno en el que se ha convertido el día a día en muchas unidades militares. Una excesivo de número de funcionarios civiles controlan las actividades. Son temidos. Cualquier liberado sindical tiene, probablemente, más poder que el propio Jefe de la Unidad.

Pero la situación es aún mucho peor. De la educación “para la jerarquía” y la seguridad, salvaguarda de la paz, hemos pasado a la “cultura de la sumisión”. El militar que quiere progresar sabe que debe ser sumiso. No sólo no decir, ni hacer lo inconveniente, sino manifestar lo que los políticos o jerarcas se turno quieren oír. Ya no basta ser “obediente y disciplinado” Es un ejercicio de adivinación en el que debe interpretarse el contexto y el gesto para decir las palabras correctas. El fusil, mas o menos, se cambió por el ordenador portátil hace ya mucho tiempo y así afloraron unidades y medios materiales que no existen más que en la imaginación o en el ciberespacio. Pura inventiva. Esa sumisión impuesta tiene consecuencias personales y familiares. Más aún cuando va unida a un rotundo autoritarismo administrativo donde se le puede preguntar a alguien que ha participado en un conflicto (y han existido actuaciones brillantes y silenciadas) qué en qué hotel estuvo o paradojas similares.

Un debate interconectado con lo anterior es el de la venta de material militar. España fue en el 2017 el noveno vendedor mundial de armas (https://www.elindependiente.com/economia/2018/10/27/que-armas-vende-y-a-quien-la-industria-de-defensa-de-espana-en-todo-el-mundo/). Es razonable fabricar armas para la autodefensa o para países que forman parte de nuestro entorno de seguridad, con fines comunes, pero fuera de estos criterios estos negocios nos parecen, a muchos, un tanto repugnantes.

En resumen: un ejército minúsculo con un presupuesto exiguo, una educación para la sumisión y el silencio, junto a un floreciente negocio de venta de armas. Junto a eso la inmensa frivolidad de ministros que se visten de pilotos de caza, u otros narcisismos.  Habría mucho que discutir pero, quizás sea mejor no hablar de nada. Será mejor callarse.

 

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