Crónica – Charla sobre el futuro y cómo las expectativas desmedidas son raiz de la insatisfacción moderna

(Por David Fernández) –
Buenas tardes:
Les escribo sobre una charla en la que he estado el martes 20 de mayo sobre el futuro y las ideas que no nos cuestionamos al respecto.
La charla comienza hablando sobre la radical desconexión que existe entre la manera de pensar de los hombres modernos y la manera de pensar el mundo antiguo. En verdad, el mundo moderno se entiende por la superposición de sistemas que se niegan unos a otros, como las ideologías políticas, mientras que la manera de pensar antigua no era así, sino que era modular, las diferentes maneras de pensar no tienen necesariamente que contradecirse sino que conviven.

Ivan Illich comenta sobre el futuro: El futuro es una construcción. Las instituciones pueden hablar de la idea de un futuro porque es algo abstracto, como las mismas instituciones, mientras que las pesonas tienen esperanza de algo concreto y real. El futuro es, en definitiva, un lugar que aún no existe. El desbordamiento del presente hacia adelante que tiene que ser coherente con la situación actual y no algo completamente nuevo a nuestra voluntad.

El futuro como idea empieza a crearse con el avance del pensamiento de la modernidad. El punto de partida de la modernidad lingüística comienza con la creación de la primera Gramática de Antonio de Nebrija. ¿Qué diferencia hace la publicación de éste libro?: Las gramáticas hasta el momento solo se hacían de lenguas muertas, ésta es la primera que se hace de una viva. La reina Isabel la católica no comprendía cómo habría necesidad de tener una gramática para una lengua viva, y como ella todo el mundo hasta la fecha había hablado el román paladino, que era la lengua de cada rincón y callejuela de castilla. Desde ese momento, se empieza a hablar el llamado «castellano canónico». Estas nuevas lenguas de diccionario se caracterizan por decir cómo se debe hablar el idioma en vez de seguir el cómo lo habla la gente común. Entre el pueblo no había lenguas cultas, todo el mundo era capaz de entenderse con el resto porque compartían un mismo registro lingüístico vivo. Con la creación de las lenguas «de diccionario», se crea la lengua culta que diferencia a las clases adineradas y poderosas del pueblo ahora llamado peyorativamente «analfabetos». Se crea una élite de expertos que administran la lengua según unas reglas y te exigen que te acomodes a sus reglas, con sus «remedios», o no eres un buen ciudadano. Es la creación de la actual dependencia en el terreno educativo y médico del experto.

La modernidad en el derecho se ve con la creación de un tipo de derecho que administra la expectativa, la dependencia se crea haciendo del Estado, una especie mayordomo que construye el futuro, haciendo realidad el «futuro» que quieres ver con las kilométricas cartas de derechos y libertades modernas. No es más que hablar sobre cortinas de humo. El futuro no se puede garantizar como pretende el derecho moderno. El derecho antiguo o tradicional, a su vez, es la medida de relación entre las cosas. Es decir, si te han roto una ventana, tendrán que arreglarte la ventana o si te han pinchado la rueda de un coche, te dan una nueva rueda. No es, por ejemplo: el «derecho a la limpieza del ventanal» o el «derecho a la invulnerabilidad de la llanta». El derecho tradicional habla de la realidad mientras que el derecho moderno intenta someterte vendiéndote lo que no existe, «el futuro» y robándote lo que tienes, el presente. El presente es la ausencia del futuro y el futuro es la inexistencia del presente.

Por lo tanto, para pensar en el futuro, que es una ensoñación que aún no existe, hay que dar por sentado el presente. Es decir, creer que todo lo que tienen no te lo van a quitar. Esto es una actitud que no está fundamentada en la realidad. Todo lo que tenemos lo podemos perder y el dar por sentado todo es la raiz de la más amarga infelicidad. En lo personal, las personas tenemos libertad, por lo tanto todas las relaciones humanas se basan en la esperanza, no en la garantía. La expectativa de garantías entre personas ha sido causa de grandes peleas porque proyectar lo que quieres sobre otros, ignorando su libertad es ejercer violencia sobre el otro. Así es como el Estado moderno ha envenenado las relaciones entre las personas. La posesión es lo contrario de la armonía entre las personas. Una buena relación entre dos personas es una situación en el que las dos personas tienen la opción de irse (con una mano en la puerta de salida) pero se mantienen juntos un día más. El día a día no es la repetición de lo esperado, sino la celebración de la permanencia de lo bueno.
Una historia antigua al respecto: El mito de prometeo, pandora y epimeteo. Son tres caracteres en una obra de épica griega que representan 3 tipos de personas. Prometeo ve la mundo desde una radical insuficiencia de la persona por sí misma, Pandora, que abre la ánfora de todos los males y deja la esperanza es la plenitud de todos los dones y epimeteo es lo contrario de prometeo, ya que mientras prometeo mira al futuro siempre, epimeteo mira al pasado. En este momento histórico de Grecia comienza la despersonalización del amor, que pasa de ser a personas concretas, a ser a ciudades o polis (amor a la polis). Este desdibujamiento de la realidad se expandirá a colectivos cada vez más grandes e irreales. Es la prefiguración de las grandes empresas filantrópicas del presente (grandes mafias que hacen lo contrario de la caridad, no dan nada sin esperar un beneficio calculado por sus acciones). Prometeo trae el fuego a los hombres por amor a la «humanidad», comienza la despersonalización de experiencias más propiamente humanas.

En resumen, La esperanza, gran virtud, reposa sobre las 4 bases de que sea de un bien, en el futuro, que requiera un esfuerzo arduo y que sea posible. La vida se vive más plenamente sobre la gratuidad y no sobre la expectativa. La justicia y el bien se aplican sobre el presente, no sobre un futuro que no existe y que cuando exista y sea presente, deberá ser proporcionado al presente actual, no a lo que podemos imaginarnos. Este deseo de un futuro, de por sí irreal, es la raiz de la insatisfacción moderna y la razón de la creación de grandes estructuras políticas, sociales y culturales de deshumanización de la persona.

En contraste con ésto se contrapone una cultura de la celebración del presente y la esperanza por el futuro. No somos seres deficitarios, estamos completos. Sin embargo dependemos de un futuro (la providencia) que no controlamos en absoluto.
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2 comentarios en “Crónica – Charla sobre el futuro y cómo las expectativas desmedidas son raiz de la insatisfacción moderna”
Laborconsulting Abogados
Interesante, gracias.
Fermín de Musquilda
Me parce una colaboración muy requetebuena. Muchas gracias,