Catastrofelogía

Catastrofelogía. Ceuta y Melilla
(Carlismo 10 de 64)
(Por Manuel Gutiérrez Algaba )–
Si, la catástrofe diaria está tan enraizada en nuestra cultura, el cambio orquestado con sucesiones de tramas, que es obligatorio establecer un marco de pensamiento para actuar.
Es verdad que a toro pasado deberíamos aprender, de una vez, toda vez que aún no hemos aprendido, o no queremos aprender. Vemos catástrofes organizadas por las más altas esferas y ante ellas oponemos el reenvío compulsivo de vídeos y voceríos en redes sociales, mucho más inermes y castrados que los antiguos voceríos en tabernas y bodegones, con la navaja albaceteña en la faja.
El «que buen vassallo si oviesse buen señor» sigue resplandeciendo en nuestras caras de españoles huérfanos de dignos jefes. «Organización, organización», como se escucha en tantas situaciones y hasta en chistes.
Gracias a Dios, hay gente que se mueve, se movió en Valencia, se movió en los incendios y se moverá en Ceuta. Como todo buen teórico sabe, nada mejor que algo de práctica para fundamentar e inducir la mejor teoría. La práctica es la madre de la teoría, no al revés.
La práctica nos ha enseñado en los incendios que :
– La gente no sabe sus derechos a la hora de quedarse en su casa y no ser confinada, «secuestrada», impedida…
– Hay gente que ha «descubierto la libertad», haciendo lo natural y lógico, versus lo liberal masónico y destructivo.
– El fuego se apaga todos los días: limpiando los montes, limpiando alcaldías y concejalías de cipayos corruptos, limpiando el estado de almas vendidas a la usura internacional,
– la organización (y la comunicación y la cohesión) se puede y se debe trabajar todos los días,
– para organizarse hay que reconducirse y dejar de seguir a organizaciones vanas y distrayentes, como el fútbol, la televisión, las banderias partitocráticas ( tú rojo, yo verde, tú azul, … )
– para organizarse hay que estar presente en la calle: mesas, pancartas, octavillas, … ( sea imaginativo)
– la organización improvisada suele llamarse desorganización,
– el «Estado», como lo conocemos, hace tiempo que dejó de ser del pueblo ( si alguna vez lo fue) y ahora sólo responde a intereses extranjeros, única y exclusivamente,
– organizarse significa militar en multitud de grupos, sin restringirse a ninguno, ni caer en idiolatrías, ni en posturas cómodas de sofá y urna cada cuatro años,
– organizarse significa relacionarse con multitud de grupos,
– organizarse significa estar atento a reventadores, espías, esquiroles y demás profesionales de la desmoralización y el desánimo,
– organizarse significa actuar. Solo en la acción se puede vertebrar un grupo, sin acción no hay organización posible. La contemplación y la meditación solo generan individualidad, jamás organización,
– organizarse implica hacer, actuar, en lo poco, en lo que se puede, y, si acaaso, hacer un esfuerza en lo que ya cuesta trabajo o está fuera de nuestras capacidades.
Es muy sospechoso, pero siendo la organización lo más necesario y eficaz, es de lo que menos se promueve o se intenta mejorar. Lo máximo que proponen muchos es un simple «sígueme, afiliate», que casi es una «idolatría» o, peor, lo máximo que se llega a proponer es un «fórmate». Formarse está bien, pero es como comer o asearse, algo que no debería ser recordado.
Lo de Ceuta, el próximo incendio, terremoto, maremoto, guerra (nuclear o no) sólo se puede abordar si enseñamos y fomentamos que el pueblo se organice:
– en estructuras pequeñas y cercanas y muy numerosas,
– con jefes que sean díficiles de desactivar o de controlar,
– creando una cultura ( católica ) de ayuda, de apoyo, de modo que las organizaciones se creen de manera espontánea, jamás desde arriba, jamás del estado.
La única forma de hacer esto es con educación, la forma de educación es la comunicación, la comunicación solo es posible si es cercana y efectiva, usando los mismos códigos y valores, adaptándonos al universo del receptor: » no le hables de Cristo Rey a quien en 50 años el telediario sólo ha estado hablando de lo malo que son los curas».
Un manifiesto está bien, una manifestación está bien ,una concentración está bien. Lo único que soluciona es la organización, pero no la imposición de nuestra siglas o de nuestro credo, sino una estructura que refleje la complejidad «defensivo-legal», de funcionalidades de costumbres del paisanaje.
Mucha gente que se creía a salvo, que creía que no le iba a tocar, que los problemas eran «de otros», que eran indiferentes, de algún modo, a la tragedia de otros, que eran indiferentes a tratar de cambiar las cosas, ahora ya, por fin, tiene algo de «sensibilidad», por decirlo suavemente.
El carlismo no es otra cosa que cristiandad, unión, caridad, imbricación en grupos de ayuda, soberanía popular que incardina en una soberanía formal, incluso, accidentalemente dinástica, porque el principio de todo no es otra cosa que Dios, su Evangelio y la Caridad.
Viva Cristo Rey.
