El malminorismo mató al carlismo

El malminorismo mató al carlismo
Carlismo ( 6 de 64 )
(Por Manuel Gutiérrez Algaba) —
Supongamos un partido católico-liberal, que es como decir «blanco y negro pero no gris» o «la primera en la frente», pero imaginemos tal contradicción, supongamos al católico comprometido, hasta carlista, y que apoya a este partido, evidentemente este partido es un caballo de Troya, con buenas hechuras pero hueco en sus entrañas, entonces, cada medida liberal, destructiva, esclavista ( de robo de propiedad, de instauración de un sistema laico) está apoyada por el «teórico» católico, que es, realmente, un «liberal» en funcionamiento.
Un partido político liberal-católico ejecuta dos tipos de medidas, unas abiertamente anticatólicas y otras procatólicas o compatibles con el catolicismo, pero el apoyo, la fuerza, la vida, la legitimidad es sólo una, indivisible: al partido.
Le guste o no al pseudocatólico ( este católico malminorista del ejemplo, falso carlista) es un liberal funcional operativo, ya que apoya medidas liberales.
Le guste o no al pseudocarlista, pseudocatólico, las acciones de gobierno anticatólicas del partido liberal-católico van derruyendo el edificio social y se quedan para siempre: divorcio, aborto, destrucción de la familia, pobreza, esclavismo…
Le guste o no, al pseudocarlista, las medidas «procatólicas» del partido de marras son puestas en espera, son salvaguardas provisionales, son comida para hoy hambre para mañana, son una especie de perdonavidas mientras el sistema liberal deambula cargándose otra parte del país.
Le guste o no al pseudocarlista, al apoyar al mal menor desiste de intentar conseguir el bien, el único bien: restaurar el orden católico. No sólo eso, se cree, el pseudocarlista, que está cumpliendo sus deberes como católico, cuando realmente está siendo negligente, perezoso y cobarde.
Si el sistema ofrece dos opciones malas, una mala y otra menos mala, la solución católica es desechar el sistema, oponerse, y no ir acostumbrándose a la falsa dicotomia, a la falsa elección, a la falsa democracia.
El malminorismo ha sido el cáncer y la muerte del carlismo, porque ha dado una falsa sensación de solución moral y extremadamente comodona y hasta rentable economicamente: participar en los despojos de los robos liberales, mano de obra esclava….
No nos podemos echar las manos a la cabeza cuando durante tantos años, por tantas personas y de manera tan persistente se han hecho las cosas de manera comoda, cobarde y anticristiana.
Si ni siquiera los católicos son incapaces de enfrentarse al sistema diabólico está más que claro que el sistema derivará, muy rapidamente, en lo que tenemos ahora. Si los martires carlistas hubieran sido «malminoristas» en su trance, jamás hubieran sido martires, hubieran resuelto la «incoveniencia» de manera mundana y vergonzante, «a la forma moderna». El malminorismo actual se ríe de los martires, les dice «el muerto al hoyo y el vivo al bollo». Al menos, al menos, hay que tener la vergüenza y el temple de saber que no se está a la altura, es lo mínimo. La ética, cualquier ética, que se adapta, es voluble, a cualquier situación para beneficio personal, sin tener ningún tipo de restricción, no es una ética.
Y ya para colmo pedir que venga Cristo a resolver los efectos de nuestra pereza y nuestra maldad al apoyar al mal, por conveniencia económica y para vivir comodamente, y que lo haga ya, puesto que ellos no piensan hacer nada, y se está poniendo muy mal: alucinante.
Esperemos que el Espíritu Santo infunda valor e inteligencia y Gracia, entre otras virtudes, para que podamos dar una imagen menos vergonzante hasta la venida de Cristo.
Viva Cristo Rey.
