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5 de agosto de 2026 0

Ángel Custodio, tras dormir en la calle y un intento de suicidio, ahora vive para Dios

(Una entrevista de Javier Navascués).-

Ángel Custodio pasó de tenerlo a todo a arruinarse estrepitosamente y sentir el rechazo de la gente que más quería. En su desesperación quiso quitarse la vida y planeó ahorcarse. Si todo hubiese salido según su desesperada decisión hubiese muerto ahorcado. Pero Dios sabe más y permitió que fallase en la ejecución. Quiso darle una segunda oportunidad. No solo le salvó la vida sino que le dio una vida nueva y plena.

Ángel se define a sí mismo como un pobre desastre que ha recibido la inmensa misericordia del Señor. Muy vinculado a las personas sin hogar, a los retiros de Emaús y al servicio en donde pueda hacer apostolado y ayudar a los mas necesitados.

¿Cómo pasó de tener una vida normal a perderlo todo y a quererse quitar la vida?

Bueno, pues yo estaba llevando una vida entre comillas de éxito hasta que me llegó un día un proyecto inmobiliario bastante grande, que, en teoría, me iba a dar la libertad financiera para jubilarme anticipadamente. Sin embargo desde el primer mes me dio muchos problemas todo lo subcontratado y en unos meses empecé a ver que me iba a costar mucho poder terminarlo sin pérdidas.

Varios contratiempos del proyecto me hicieron pedir ayuda económica a familiares y amigos. Como soy un tipo de fiar me echaron una mano. Aún así no logré terminar ese proyecto y me quedé totalmente arruinado y con muy mala reputación con amigos, familiares y empleados.

Hablé con mi novia, que llevaba 14 años conmigo, para contarle la situación que teníamos y me respondió que la tenía yo, pero no ella. Se desvinculó por completo de mí y se marchó de alquiler al centro de la ciudad. Me quedé solo y con una depresión tremenda y como no vi ninguna salida, decidí acabar con mi vida, ahorcándome, para dejar de sufrir.

Hizo bien el nudo para ahorcarse en teoría, pero Dios le dio una segunda oportunidad…

Hacía ya unos meses que no iba a Misa ni tenía presente al Señor, pero justo antes de intentar ahorcarme le dije a Dios que me perdonase por lo que iba hacer porque quería dejar de sufrir. También le di gracias por lo vivido hasta ahora que había superado con creces mis expectativas de vida. Me lancé con la cuerda para ahorcarme, pero no salió bien. Bueno, salió fenomenal por que Dios no permitió que mi vida terminara ahí.

¿Cómo fue su conversión saliendo del hospital?

Salí del hospital y desde allí tenía 14 km de distancia hasta mi casa.

Me quedaban 5 euros y además tenía que abandonar mi casa al día siguiente. Decidí hacer ese camino andando. Algo pasó en el transcurso del camino. Toda la tristeza, frustración y angustia fueron desapareciendo poco a poco. No lo entendí hasta que en un momento puntual, al igual que Cleofás y el otro discípulo en el camino de Emaús reconocieron al Señor al partir el pan, así lo reconocí yo.

No vi la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, ni oí una voz, pero sentí que Jesús me tendía la mano y me decía que estuviese tranquilo, que confiase porque todo iba estar bien, pues Él estaba conmigo.

Fue algo muy difícil de plasmar en palabras, pero mi vida y mi corazón cambiaron por completo. Pasé de tener una fe aburguesada, de Misa de domingo y poco más, a tener las 24 horas presente al Señor en mi corazón y en mis actos.

¿Cómo se tradujo en hechos concretos esa experiencia?

Bueno al día siguiente me convertí en una persona sin hogar, pero todo era diferente en mi interior. En ese momento, aunque no lo entendía, decidí confiar en el Señor y en el propósito que tenía para mi vida. Empecé a hacer oración diaria y a confiar en Él, haciendo todo lo que estaba en mi mano para salir de esa situación. Resumiendo: oración, actitud y paciencia, pues los tiempos de Dios son perfectos.

¿Cómo nació el libro Salir de la calle?

Llevaba 8 meses viviendo en una plaza. Estaba con una sonrisa viviendo de la caridad, hablándole de Dios a todo el que quisiera escucharme. Había encajado con deportividad cristiana lo que me había pasado, pero nada cambiaba en lo material.

Un día haciendo oración le dije al Señor que si su propósito para mí era estar así 30 años era un poco tostón. Al día siguiente salió la inspiración de escribir el libro.

¿Esperaba que fuese un éxito el libro y su caso un fenómeno social?

Para nada. Lo que si tengo claro es que el Señor puso en mí esa herramienta para ganarme la vida y dedicarme a la oración y al servicio a los hermanos. A esto atribuyo la providencia de que se haya vendido tanto.

Usted confió en Dios y el Señor le dio todo para vivir para Él…

Totalmente. He consagrado mi ser al Sagrado Corazón de Jesús. Ya no hago planes propios, mi vida es muy sencilla, escuchar lo que me pide el Señor y seguir sus planes no los míos.

De hecho antes de publicar el libro, tardé mucho en encontrar a alguien que quisiese hacérmelo. Estando ante el Santísimo le pedí que me ayudara con el discernimiento para saber si el libro era cosa mía o suya. Justo horas después, el Señor me dio una señal porque en una papelería de barrio me lo publicaron.

Incluso le dio una esposa para que le acompañe en su misión…

Estaba con el corazón partido por el abandono de mi mujer y estando en la calle, se enamoró de mí una mujer de Dios. Amor más puro que ese ya no se encuentra hoy.

Y le inspiró fundar una asociación para ayudar a la gente a salir de la calle. ¿Cuál es el objetivo concreto y cómo piensa desarrollarlo?

La asociación es muy reciente porque he colaborado con muchos grupos antes para ayudar a personas sin hogar. No veía la necesidad de tener la mía propia, pero ahora ya he encontrado el motivo para hacerla. Lo principal es hacer apostolado con libertad y, algo muy importante, hacer sinergias con otras asociaciones para un bien común, con Dios en el medio.

Y también el deseo de ser diacono permanente para servir en la Iglesia con un compromiso mayor.

Lo de diacono salió estando en Vitoria con unos curas jubilados. Sentía la llamada del servicio y la oración y me planteaba ser sacerdote. En ese discernimiento apareció un cura de 94 años para decirme que lo estaba haciendo bien y que podía tener todo: la asociación y estar vinculado a la Iglesia como diácono. Me lo explicó y me pareció un chollo para servir mejor al Señor.

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