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31 de julio de 2026 0

Sánchez, de gafe conspicuo a acusable de alta traición.

(por Javier Urcelay)

Desde que Pedro Sánchez accedió a la presidencia del Gobierno el 2 de junio de 2018, España se ha visto sometida a un número de desastres, calamidades y desgracias sin precedentes: un volcán incandescente que arrasó la mitad de la de La Palma; una epidemia mortífera que nos confinó en nuestras casas: una tormenta Filomena que nos mantuvo helados durante una semana; una Dana arrasadora que inundó pueblos enteros; un apagón nacional que dejó el país entero a oscuras; el peor accidente ferroviario ocurrido jamás en España; una red de corrupción formada por el más estrecho círculo de confianza del presidente, de la que él no sabía nada; los incendios más pavorosos de los que se tienen noticia, con más de cien mil desalojados de sus domicilios… Que se me ocurra, quedan una plaga de langosta y un aterrizaje de alienígenas en la Gran Vía para agotar el catálogo de calamidades.

En circunstancias normales, Pedro Sánchez debía haber sido inhabilitado por gafe, por haber desatado sobre los españoles las siete plagas bíblicas. No hay precedentes en nuestra historia de tal cúmulo de calamidades en tan breve lapso temporal, los ocho años de Sánchez, que están resultando para España una cadena ininterrumpida de catástrofes de todo signo.

Yo no digo que Sánchez sea responsable de la erupción de un volcán o de que los cielos se abran a mares, que hasta ahí no llega su poder autocrático, pero chico, no es una cosa personal, pero ¡atraes las desgracias!
¡Qué echen ya a este señor, que nos libren ya de semejante gafe antes de que sea demasiado tarde!

La última fechoría es ya de otro cariz: 63.000 marroquís -que constituyen más de la mitad de la actual población de la ciudad, que es de 85.000 habitantes- han invadido en solo 24 horas Ceuta a nado o trepando por el espigón de la playa de Tarajal, y deambulan por sus calles, que prácticamente tienen tomadas. Los vecinos se han visto obligados a cerrar comercios y confinarse en sus casas presos del miedo. La propia policía ha reconocido públicamente que no puede garantizar la seguridad y el orden público.

Otras decenas de miles se acercan a la frontera, con análogas intenciones, procedentes de distintas partes del país, e incluso de paises vecinos. Al parecer, la operación se fraguaba en redes sociales desde hacía semanas, con orientaciones sobre por dónde entrar o qué artículos llevar para el paso. Aventura en la que ya han perdido la vida 41 personas ahogadas o en diversas circunstancias, lo que constituye un verdadero e intolerable drama humanitario. Sus vidas valían tanto como las de cualquiera de nosotros.

Nuestra embajada en Rabat o los servicios de inteligencia españoles en el país vecino, por lo visto, no se enteraron de nada. ¿Veremos destituciones?
Grupos de vecinos de Ceuta se han manifestado proclamando la españolidad de la ciudad autónoma, mientras que el presidente ceutí ha confesado que la situación es insostenible.

Las fuerzas fronterizas se declaran incapaces de contener la avalancha, y una sentencia del Tribunal Supremo impide las “devoluciones en caliente”, es decir, volver a poner al otro lado de la valla a los supuestos menores de edad que han entrado ilegalmente en nuestro país antes de que se les acabe de secar el traje de baño. Esta posición de nuestra ley vigente, junto las que protegen la okupación ilegal de viviendas, marca el grado de insensatez y suicidio colectivo en el que estamos empeñados desde hace años.

Pedro Sánchez ha culpado de la invasión a las mafias, y declarado que “las conversaciones con Marruecos son fluidas”, al tiempo que la ministra de Defensa se ha adelantado a expresar su solidaridad, no sé sabe muy bien con quién ni en qué medidas se concretará.

La sombra de la sospecha se abate sobre la causa última de los acontecimientos. El efecto llamada producido por la reciente regularización de ilegales parece evidente. Pero hay otros elementos que podrían haber intervenido en la ecuación. La invasión de Ceuta se ha producido muy pocos días después de la visita de Sánchez a Argelia para tratar de restaurar unas relaciones que fueron fuertemente dañadas tras el cambio radical de nuestra política respecto al Sahara occidental. ¿Ha sido una llamada de atención de Mohamed VI sobre nuestras amistades peligrosas?

Sánchez dio el 18 de marzo de 2022 un giro de 180 grados a lo que había sido la política tradicional de los sucesivos gobiernos españoles, de un signo u otro. Menos de dos meses después, el 2 de mayo de ese mismo año, se supo públicamente que el teléfono del presidente había sido hackeado, algo que se atribuyó a los servicios de inteligencia marroquís. El giro radical dictado por Sánchez se realizó sin conocimiento de sus propios ministros y partido, y sus motivos jamás han sido explicados. Especulaciones periodísticas han creído ver en ello una consecuencia del hackeo telefónico. Marruecos dispondría a su través de informaciones sensibles que podrían resultar peligrosas para la supervivencia de Sánchez en el poder (o incluso, para su libertad civil). El presidente estaría cogido por sus partes blandas.

Las autoridades marroquís lamentan la crisis abierta, pero lo cierto es que las imágenes que circulan por las redes evidencian su pasividad en el control de la frontera.

El presidente Sánchez y su gobierno han mantenido durante estos años una actitud ante Marruecos mezcla de condescendencia y de opacidad. Marruecos se ha venido arriba, y su crecimiento demográfico -que hará que su población pronto supere a la de España-, inversión en Defensa y amistad con Estados Unidos, está a punto de desnivelar la relación de fuerzas que tradicionalmente ha mantenido con España. A ello contribuye también la competencia marroquí en nuestro propio mercado interior con nuestros productos agrícolas y pesqueros, resultado de la nefasta política de la Unión Europea respecto al sector primario. Rabat está envalentonado, y ya se sabe lo que decía Franco -que conocía al personal de allí- sobre qué pasaba cuando dejabas a los magrebís que se te subieran a las barbas.

Entre 63.000 personas, hay mujeres y niños, aunque sean los menos. Han sido atraídos por este paraíso del ilegal en que Sánchez y su Gobierno han convertido a España. El hecho amenaza con el más absoluto descontrol a toda la Unión Europea. Tiene castañas que haya tenido que ser Italia o la Sra. von der Layen los que hayan puesto el grito en el Cielo ante la invasión de extracomunitarios en Ceuta.

De momento han empezado los asaltos a supermercados y comercios, porque estos marroquís -que son seres humanos y merecen ser tratados como tales-, tienen que comer y dormir, aunque sea en las calles o los parques, convirtiendo Ceuta en un gran campamento de refugiados, pero sin Cruz Roja entrando camiones de alimentos.
Ahora dicen que serán repatriados, excepto los menores (o sea, decenas de miles). Pero cómo lo conseguirán, ¿con grupos de azafatas señalándoles el camino de vuelta y regalándoles un souvenir de recuerdo? ¿Se pondrán todos en ordenadas filas, después de haberse jugado la vida para llegar, para volver a sus casas una vez que han pisado su ansiada Europa? ¿Serán perseguidos por las calles, como hace Trump, para que toda la progresía denuncie la violación de los derechos humanos?

La mayor parte de los marroquís que han entrado ilegalmente en Ceuta -y los que se disponían a hacer lo propio en Melilla- son, en su inmensa mayoría, jóvenes, de esos que llamaríamos “en edad militar”. No hay ninguna evidencia –“o si”, que diría Rajoy- de que su invasión responda a un astuto y taimado plan militar, y que esos jóvenes no puedan responder en un momento dado a una orden por esa vía. Alguien ha recordado que un millón de europeos tuvieron que abandonar Argelia en 1992. ¿Podrían los habitantes de Ceuta, y la escasísima presencia policial y militar de la plaza, impedir que al unísono esos miles de jóvenes tomaran el control de la ciudad?
Si la inteligencia militar marroquí no había pensado en un plan de ese tipo, quizás los propios acontecimientos le abran los ojos sobre su posibilidad. Mayores riesgos supuso la Marcha Verde y aun así, pasó.

Hemos empezado por decir que hace mucho tiempo que Sánchez debía haber sido inhabilitado por gafe. Hoy sostenemos, además, que debería ser procesado por delito de alta traición, por entregar, por acción y por omisión, una parte de nuestra integridad territorial a un país vecino, y por dejar abandonados a su suerte a decenas de miles de españoles, hoy de Ceuta, mañana de Melilla y, pasado mañana y si Dios no lo remedia, de las Islas Canarias.

El rey es el jefe de nuestras Fuerzas Armadas. A las que se señalan unas determinadas obligaciones en la Constitución. No abundo en esta línea, porque el lector ya entiende dónde iría a parar.

La soberanía de las españolísimas Ceuta y Melilla están en grave riesgo por responsabilidad imputable al actual Gobierno. Esto es lo que hay. Y todo lo demás que nos cuenten, son milongas y pan para sopas.

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