Velemos por Cristo

Carlismo ( 5 de 64 )
(Por Manuel Gutiérrez Algaba)–
Velemos por Cristo. Seamos carlistas de Carlos I, también.
Jesús en su agonía del Huerto de Getsemaní le pide a San Pedro que ore para no caer en la tentación y esté en vigilia mientras Él ora. San Pedro ya había sido nominado con ser el primer Papa, «sobre esta piedra edificaré mi Iglesia», la Iglesia es siempre de Cristo y Él se encuentra a la cabeza. San Pedro es incapaz de velar junto a Cristo. Este patrón de personajes santos e imperfectos como Moisés, el Rey David, el propio San Pedro es muy frecuente a lo largo de las Escrituras. Cristo no duda en reprocharle a San Pedro su actitud, sin embargo sigue siendo el primer Papa. Cristo ya cuenta con nuestras debilidades para sus Proyectos Divinos: hombres imperfectos para planes divinos, no hombres divinos para planes de hombre. Nosotros mismos tenemos obligaciones en su Proyecto Divino por muy pecadores e insignificantes que seamos.
Son curiosas las palabras que usa Jesús, siempre significativas y pertinentes: » velad y orad, para que no entréis en tentación». El momento estaba lleno de maldad por la traición de Judas. Nosotros, de igual modo, no podemos dormirnos, no podemos caer en la tentación, debemos orar — por cierto, orar incluye lectio, oratio, meditatio y actio, es decir, orar incluye actuar. Nosotros no podemos dejar de velar por Cristo, aunque San Pedro se durmiera, aunque alguno de sus sucesores no ore para no entrar en tentación.
El liberalismo nos ha inducido formas de pensamiento transaccionales, es decir, evaluaciones cortas, tanto de mente, como de fundamento, basadas en reglas farisaicas, puritanas, en vez de pensamientos orgánicos, es decir, pensamientos enraizados, con fundamentos profundos y coherentes con la Verdad, con pilares que descansan en la Fe y la Tradición. El liberalismo nos ha inducido tanto las papolatrías más recalcitrantes como el protestantismo antipapal pseudocatólico, los sedevacantismos y similares.
En otras épocas con formación más sólida y menos contaminación de lo moderno y transaccional en las almas, el Emperador Carlos V tenía claro que atacar a un papa, Clemente VII, que estaba favoreciendo al turco, al martillo de la cristiandad, por motivos políticos, para favorecer a Francia y perjudicar a España, atacar al Papa, digo, era algo que estaba en sus obligaciones como rey católico ( todavía faltaban dos años para ser coronado emperador) y consagrado a la defensa de la catolicidad. A nadie se le ocurriría tildarlo ni de anticatólico, ni protestante, ni hereje. Su deber de Rey Católico era poner en su sitio a un papa, muy humano y muy alejado del Proyecto de Dios, un papa rey, un papa dormido cuando debería estar velando por Cristo.
El simplicismo liberal puede decir: o contra el papa o a favor del papa. El organicismo católico dice: Cristo siempre, amar a Dios sobre todas las cosas y al próximo como a ti mismo. Todos somos hijos de Dios, aunque en distintas dignidades y cuitas. El organicismo católico no olvida a Cristo, no olvida a quien hay que velar, a quien hay que orar y para qué. El organicismo católico, el propio Cristo, no titubea en sacar los colores a quien se duerme y se arriesga a ser tentado. Somos católicos y no puritanos histéricos vigilantes de las reglas, olvidando a Cristo.
Velemos por Cristo. Imitemos el celo de los buenos católicos, de Carlos I y V de Alemania, de un carlista antes del carlismo. Seamos carlistas de Carlos I, también, de la buena catolicidad imperecedera, la que vela por Cristo, no por los hombres, la que ora y actúa por el Proyecto Divino y no por las ocurrencias humanas, como fue el Papa Clemente VII.
Viva Cristo Rey.
