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Hungría: medidas provida y profamilia que dan resultado

Parlamento de Hungría junto al río Danubio, en Budapest.

Nadie hace todo bien, ni nadie hace todo mal. Y ese axioma es algo que se puede observar fácilmente en la política. Si somos capaces de sacudirnos nuestros prejuicios, y nuestras “vísceras”, nos daremos cuenta que hay políticos con los que no compartimos muchas ideas que, pese a ello, tienen decisiones acertadas. Y algunos, muy acertadas.

Viktor Orbán dirigió los designios de Hungría entre 1998 y 2002. Y volvió a ganar las elecciones en 2010, 2014 y 2018. Desde el inicio de su mandato, su férrea defensa de la familia y de la vida levantó las iras de las antenas mediáticas y políticas contrarias. Sin duda, seguro que Orbán tiene decisiones políticas cuestionables, pero los resultados de sus políticas pro familia y pro vida saltan a la vista:

En el periodo 2010 – 2017, los nacimientos han pasado de 90.335 a 91.600, los matrimonios de 35.520 a 50.600, el empleo femenino del 50,2% al 61,3%. El número de abortos ha caído de 40.449 a 28.500; el de divorcios de 23.800 a 18.600. La tasa media de natalidad ha pasado en siete años de 1,23 hijos por mujer a 1,50, lejos todavía de la tasa de reemplazo generacional que se encuentra en 2,1 hijos por mujer.

¿Cómo se logran estas cifras? Pues teniendo claro que el desarrollo social de un país a medio y largo plazo depende de un radical cambio en las tendencias demográficas. Idea que en esta vieja y envejecida Europa parece que sólo los húngaros quieren adoptar.

Hungría destinó el pasado año el 4,8% del PIB para las familias o medidas económicas relacionadas con ellas, mientras que la media de la OCDE es del 2,55% y en España es inferior al 2%. El Foro de la Familia pedía en sus medidas llegar al 2% muy lejos de ese casi 5%.

El gobierno concede una ayuda económica a la familia que ha tenido un hijo, además de tener una excedencia pagada durante tres años para el cuidado del bebé (en España acabamos de ampliar dos semanas ¡dos semanas! el permiso de paternidad y las empresas no perciben ninguna ayuda para conceder estos permisos).

Hungría ofrece, independientemente de la renta familiar, una asignación económica por cada hijo que se tiene, y además las familias se benefician de descuentos en las facturas del gas, de la electricidad, del agua o de recogida de basuras.

Entre 2010 y 2017, los ingresos netos medios de las familias húngaras han crecido un 63,8% gracias a la reducción de impuestos, y un padre con un hijo gana un 13% más de media que un padre sin un hijo (en España, mientras tanto, los pañales siguen teniendo el mismo IVA que el último modelo de Porsche). También se introdujo una reducción de los impuestos para aquellas parejas que se casaran por primera vez, incentivando así los matrimonios entre las parejas jóvenes.

El Gobierno húngaro favorece que se congelen los préstamos estudiantiles para aquellas mujeres que se encuentren en el primer trimestre de embarazo; si tiene un segundo hijo, la deuda del préstamo se reduce un 50% y si tiene tres, se cancela la deuda.

Habrá cosas de Orbán que nos gustarán más o menos, pero está claro que si nuestros políticos no apuestan por acciones como estas, probadas, testadas y con óptimos resultados, es porque no les da la gana. No cabe otra.

Carlos Andreu

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