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13 de julio de 2026 0

Niveles de Energía

Los niveles de energía ( 1 de 32)
El vigilante

Creemos en un mundo lineal y continuo, quizá porque es lo más fácil e intuitivo. Sin embargo, la física nos dice que tanto el espacio, como la materia, como la energía se distribuyen en pequeñas unidades irreductibles. En el espacio, por ejemplo, hay «huecos» inacesibles para nosotros, no existe la distancia 10 elevado a menos 50, no hay dos cosas que estén separadas a esa distancia. Vivimos en una especie de esponja.

A nivel sicológico tampoco somos lineales, no tenemos una especie de ruedecita que podamos girar para aumentar la intensidad de nuestras emociones, ya sean positivas o negativas. Tampoco reaccionamos de manera lineal ante los estimulos o experiencias. No, funcionamos «a saltos», o, mejor dicho, nuestra «sicología» o nuestra psique o nuestra configuración espiritual pareciera estar distribuida a saltos. Por ejemplo. ¿quién no conoce a esa persona muy tranquila, muy devota, que de repente es capaz de saltar y de ponerse hasta violenta ante alguna injusticia o amenaza a la Religión Católica? ¿O a aquella persona muy tranquila y paciente que cuando llega a cierto límite cambia y se convierte en un torbellino, del que es mejor alejarse?

Estamos rodeados de personas aparentemente indolentes y egoístas, que no reaccionan ante el dolor ajeno, ni ante la creciente situación de esclavitud y humillación: las «okupaciones» de casas, la delincuencia, la chulería de los políticos, las desgracias «naturales» provocadas, los saqueos, la incesante lluvia de nuevas prohibiciones y multas… Por otro lado, el poder establecido durante los últimos 80 años no ha parado de «estudiarnos», con estudios sociológicos y sicológicos en las universidades de USA y de Europa, siempre ha habido dinero para institutos de pensamiento y de análisis, para tomarnos la medida social y sicológica. Es más, la estrategia incremental y pausada a la hora de despojarnos de derechos, propiedades y dignidades, parece que se alinea muy bien con esta configuración por niveles. Tienen ir miedo de saltar varios niveles, prefieren, como mucho, llegar a cierto nivel y volver atrás si la reacción es violenta.

Por visualizar un poco esta «estructura» de niveles, me gustaría traer aquí el modelo electrónico de los elementos químicos, aquello de 1 s2, 2s2p6 , 3s2 p6 d10, 4 s2… No sé si lo recuerdan, ese modelo en «órbitas» de los electrones y su curiosa forma de distribuirse explicaba tanto el carácter oxidante como reductor, es decir, la tendencia a reaccionar. También explicaba cosas como los «colores», que no son otra cosa que «caídas» de los electrones excitados desde un nivel a otro más bajo. De manera parecida, parece que las personas tienen «en sus niveles» varias capacidades de reacción. Algo así ocurre cuando nos vemos «excitados» por alguna realidad o ficción, nuestros niveles, allí donde tenemos definida alguna reacción, saltamos.

La película nueva ésta del «Vigilante», aparte de los topicazos y de seguir la «máquina virtual» liberal, con sus operaciones de «violencia», «insensibilidad», «soledad», «acatamiento a la grandeza del estado» (cada vez que ustedes vean una operación policial de asalto no es otra cosa que el estado mostrando su grandeza y omnipotencia, frente al ciudadano aislado e inane) y otros lugares comunes de la modernidad, aparte de reforzar aproximaciones invalidas para salir del atolladero de la pocilga liberal, aparte de todo eso, es indudable que «juega» burdamente con nuestros niveles emotivos y religiosos. Gran parte de la educación liberal se ha dedicado a configurar un sistema de niveles, predecible, anglosajón, simplificado, un conjunto de disparadores ante los que, se supone, debemos saltar, mientras que otras muchas realidades deben darnos igual.

Junto con algunos niveles de energía, de vergüenza torera, naturales como la defensa de la familia, la defensa de lo sagrado, la defensa de tu dignidad para ganarte el pan, el sistema ha sabido incluir otros niveles, ficticios, que deforman o anulan a los básicos. La gente no salta, no reacciona por lo sagrado, sino por «lo televisivamente aceptado» , por los dogmas de telediarios( virus malos, vacunas malas, fachas malos, católicos carcas, curas pervertidos,… ) . La gente no salta por la familia, salta en un entierro de Lola Flores o cualquier personaje famoso, o hasta por algún político o asimilado. La gente no salta por haber sido convertidos en parias sin tierra, sin capacidad de pescar, cazar, pastorear,… por absolutamente ningún sitio, por haber sido enclaustrados por decenas de leyes, circulares y mandatos de la autoridad, la gente salta cuando se lo dice su sindicato o su «movilizador sectorial o local» y el tiempo suficiente para asegurarle al sindicato su porción de indemnización por cerrar la empresa o para arañar un beneficio pírrico. La gente no salta hasta que el profesor de colegio o de universidad, o la autoridad local o regional, se lo diga. La gente ha olvidado toda esencia de humanidad y de ley natural.

A falta de esos niveles naturales, salta cuando lo dice el sistema: contra ese que no lleva la mascarilla puesta, mañana contra el pobre y desarraigado cuando lo diga el Bukele de turno, o el Musk de turno, o más tristemente cuando lo diga el presidente de clush de jurgol.

Parecemos distintos, porque somos distintos, nosotros somos oxígeno o flúor o carbono, cuando ellos son hierro o molibdeno, o hasta algún gas noble inerte. Nuestra reactividad es distinta a la de ellos. Los han desconfigurado en sus capas de energía. De todos modos, y como ocurre como los elementos químicos, esa configuración de energía está alterada por una radiación continua de energía, de propaganda. Por ejemplo, «Wonderwoman» o, en general, cualquier película de superhéroes, altera el nivel de energía de la persona que lo ve, haciéndole bien creer que es una mujer con superpoderes, bien creer que sólo con superpoderes se pueden arreglar las cosas, bien creer que una mujer es más fuerte que un hombre y multitud de efectos. El problema es que estamos sometidos a una radiación permanente de muchas longitudes de onda distintas, de modo que no volvemos nunca a nuestro estado natural. Sólo cuando usamos nuestros niveles de energía en estructuras protectoras, como puede ser la familia, la pequeña comunidad de creyentes de una Iglesia, un grupo de amigos, la familia extendida, sólo entonces, nuestros niveles de energía están en su configuración natural. Entonces, formamos compuestos, constituimos una sociedad orgánica, que aprovecha la combinabilidad de nuestros enlaces de energía. Entonces, somos complementarios y suplementarios, según toque. Entonces, estamos perfecta y felizmente incardinados, imbricados los unos con los otros.

El único problema que tiene esta «energiticidad» natural es que no podemos ser esclavizados como átomos utilizables en estructuras artificiales, ajenas y empobrecedoras, en estructuras que sólo aprovechan algunos de nuestros niveles energéticos. Nos necesitan alterados, incombinables, anómalos, para poder ser reencuadrados en sus estructuras.

Resumiendo, sólo descubriendo nuestra estructura «energética», a saber, aquello que nos une, aquello que nos solivianta, aquello que nos define socialmente, podemos protegernos de manipulaciones antinaturales, de estructuras que nos hacen sufrir, que nos alejan del plan de Dios. Sólo «bloqueando» o minimizando la radiación de su propaganda y de sus estructuras de poder, podemos recuperar nuestro estado natural. Sólo restituyendo nuestras formas tradicionales de producción, de relación, de creencias, podemos blindarnos frente a su manipulación.

Este «marco conceptual» o esta herramienta de trabajo vamos a utilizarla para ahondar, de manera química, en la infraestructura del poder. Es una forma de poner de relieve: a) que somos distintos, b) que esa diferencia es fruto de un trabajo artificial, c) que existe una «configuración» natural y que es posible llegar a ella, d) que tenemos que identificar «disparadores» energéticos, «enlaces» energéticos, «catalizadores», e) que el «mundo de la química» proporciona patrones de «pensamiento» sugerentes para formular hipótesis y estrategias, f) que el «pensamiento político» debe ser pensamiento, debe ser elaboración, debe ser «especulación» y propuesta, g) que la «teoría» debe orientarse a la práctica( hallar técnicas de crecimiento y propuestas políticas) y arrinconar a derrotismos y quietismos, sí la «teoría» debe «cazar» a la tan abundante «mala teoría» y tan perniciosa.

Esperemos estar inspirados y guiados y al servicio de los planes de Dios.

¡Viva Cristo Rey!

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