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3 de julio de 2026 0

Hacia la confesión católica de los Estados: ¿la “ruta de acción de gracias” en Colombia es un ejemplo?

(por José Fermín Garralda)-

Así es nuestra época, con iniciativas sorprendentes, lo que indica que lo «establecido» no tiene por qué mantenerse definitivamente, que la realidad es más rica de lo que parece, y que muchas veces el mal -que siempre es muy atrevido- nos hace creer que las cosas son como él declara.

Se asiste a un nuevo camino o tendencia hacia la religiosidad católica de Estados fallidos, del que iniciativas como la que recogemos hoy participa un poquito o más. Estamos en el caso de Colombia y del presidente electo Abelardo De la Espriella.

Resulta que el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella – que acaba de ganar las elecciones-, ha recorrido varios santuarios católicos para encomendar el país “a la protección de Dios”. Lo hace porque “cuando un pueblo pone su destino en las manos de Dios, siempre encuentra esperanza”. Ha empezado su mandato político con una Ruta espiritual y no en un palacio u hotel, y ésta Ruta la ha comenzado de rodillas ante Dios.

Lo que ha realizado De la Espriella, no es la primera “señal” de un nuevo modo de hacer las cosas, pues hace bastantes años la hubo en Perú –fué el 21-X-2016-, cuando su presidente Pedro Pablo Kuczynski consagró su país y pueblo a Sgdo. Corazón de Jesús, aunque en un lugar diferente a la mismas instituciones públicas, en el Acto del Desayuno Nacional de Oración.

Es “una ruta de acción de gracias” la del presidente electo Abelardo de la Espriella, que él ha llamado “Peregrinación de la Esperanza por la Patria Milagro”, donde consagrar y encomendar a Dios todo el país. Ya el pasado 15 abril firmó el Compromiso por la Vida y la Familia impulsado por la plataforma Unidos por la Vida.

De la Espriella ha visitado el Santuario del Morro (Tubará, departamento del Atlántico) donde consagra su vida, su vocación política, su servicio y todo el país “a la protección de la Santísima Virgen María”,  y la Catedral Santuario de Nuestra Señora de los Remedios (Riohacha, La Guajira) para rezar por el personal de salud y los enfermos. En el Santuario de San Pedro Claver (Cartagena), ha hecho su acción de gracias a Dios, al que sitúa en el centro de su misión de vida, y pidió por los más vulnerables.

En el Santuario o Basílica Menor del Señor de los Milagros (en San Benito Abad, Sucre), el presidente electo se ha arrodillado ante el Santísimo Sacramento y ha encomendado a Colombia y los colombianos “a la protección de Dios”, pidiendo “por la seguridad de Colombia, por la paz, por nuestra Fuerza Pública y por la protección de cada familia colombiana”.

Personalmente me parece más que ocioso, aunque es propio de nuestra época, que para evitar cualquier malinterpretación política, la Comunidad de los Misioneros Redentoristas que administra dicha basílica, “aclare” –todos lo tenemos claro- que el santuario –o sea, ellos mismos- no apoya a ningún candidato electoral, y que la visita de De la Espriella tiene un carácter personal “motivada por su oración y devoción, como la de cualquier otro peregrino o fiel que acude a encomendarse al Señor de los Milagros”. Primero, si éste es fuese el único candidato cristiano y los demás son anticristianos, no sería aberrante, sino que estarían en su legítimo derecho, de apoyar al primero. Y segundo, sobre este carácter exclusivamente personal se equivocan, porque el peregrino asistía por haber sido elegido para presidente del país, siendo virtualmente presidente de Colombia con capacidad para asumir la presidencia el 7 de agosto.

Así mismo, el 12 de junio el cardenal Rueda Aparicio renovaba la consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús, mientras el día 27 De la Espriella acudía al Santuario Ntra. Sra. de las Lajas (Nariño) para rezar el Santo Rosario, invocando “la protección de la Santísima Virgen María”.

Eduardo Berdejo informa que, según el mismo De la Espriella, fue la muerte de un ser querido por el covid lo que le llevó a abrazar la fe católica, y que también ha tenido acercamientos con los cristianos de otras confesiones (Aciprensa).

Así comienza De la Espriella su andadura como gobernante: con un camino espiritual de Fe, silencio y oración.  No creo que don Abelardo utilice la religión por motivos políticos, y sólo pensarlo me parece una sospecha temeraria sólo gustosa a sus oponentes que no se comprometen con Dios porque aprueban, permiten o toleran lo que Dios rechaza.

Como estas consagraciones religiosas al estilo de las realizadas por De la Espriella en Colombia, no son algo estrictamente jurídico ni obligan per se al Estado como ente abstracto (liberal), lo que venga después en la práctica de gobierno pudiera ser desgraciadamente otra cosa. No obstante, también hoy lo político recoge virtualmente lo jurídico. La misericordia de Dios, la buena formación o consejo del gobernante, el aguantar chantajes y los mismos recursos de la democracia actual… no lo permitan, y que lo bueno que desea la sociedad sea realidad político-jurídica.

Con estas consagraciones religiosas en católico, el gobernante es quien se obliga a algo concreto ante el Estado liberal, respetando en último caso la garantía institucional de una posible “alternancia” en el poder, tan asumida hoy día. En realidad, De la Espriella se obliga a sí mismo, con la autoridad como presidente electo pero aún sin poder, ante el Estado “neutro” –Estado mecanismo o Estado eunuco- que quizás de alguna manera ya comienza a dejar de serlo. Pero por algo se empieza, sobre todo en nuestra época sumida en el Liberalismo.

Hoy somos así: declaraciones, imagen, conexión con el pueblo y la realidad sociológica. A muchos les basta que el gobernante in pectore en cuanto tal, haga declaraciones y compromisos, pero sin dar el salto jurídico para que la oposición no se “sienta” excluida, como si la confesión del Estado colombiano pudiese excluir a los demás de ser colombianos, truco “neutralista” que no responde a la verdad.

Ciertamente, habría que dar el salto jurídico a lo que hoy empieza como un compromiso práctico y personal del virtualmente gobernante en cuanto tal. Esto significa que es bueno y necesario que no sólo lo político, sino también lo jurídico en eso que llaman Estado, reconozca a Dios como Señor, le de culto por ser El quien es, y tome los diez mandamientos como norma. Así, el gobernante que quiera obligarse a sus compromisos, marcar camino, y presentar un Estado bien configurado, modificará la llamada “neutralidad” del estado por un Estado que haga lisa y llanamente su confesión religiosa al menos para autoobligarse y protegerse de presiones exteriores. Lo jurídico en el Estado define bien, protege y consolida las intenciones políticas.

Algún día vendrá con naturalidad el salto obligado y expreso de la declaración política a lo jurídico del Estado en una sociedad mejor organizada y consolidada que la nuestra. Siempre otro gobernante electo que venga después, puede tirar la lo jurídico del Estado y hasta su constitución por la borda.

Envidia de la patria colombiana tenemos los españoles, sumidos en el fango y la extorsión de su “gobernante, P.S.”, jefe o coordinador general de una mafia organizada.

Ya lo digo: los españoles estamos sufriendo el castigo de Dios por expulsarle de la Constitución de 1978. No se lo oigo decir a nadie, pero sé que muchos lo piensan. “P.S.” es un castigo de Dios, una plaga de Egipto. “- ¿No me queríais a Mí? Pues os dejaré a manos de los hombres, aunque sean una mafia.” Lo peor es que el recambio político de Feijóo nos inspira el mantenimiento de todo lo malo en las leyes y práctica de gobierno. Aquí nadie se arrodilla ante Dios Nuestro Señor, de modo que el mal va para rato, si Dios no se apiada de nosotros.

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