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Rajoy y Sánchez no quieren aplicar el 155 porque se les acaba el cuento de la “tolerancia”

ANÁLISISLa aplicación del artículo 155 de la Constitución pone muy nerviosos a los constitucionalistas. PP y PSOE quieren agotar todo el tiempo posible antes de poner en marcha esta medida. El jueves 19 se acaba a las 10 de la mañana el plazo para que Puigdemont aclare si ha proclamado o no la independencia de Cataluña. Si no contesta con claridad, lo que es presumible que ocurra después de las cartas confusas dirigidas al Gobierno, se considerara que sí se ha declarado la independencia y se tramitará en el Senado – ¡sí! ¡para algo sirve!– la aplicación del 155. Se está utilizando por tanto la lenta tramitación del 155 para seducir a Puigdemont a una solución intermedia. Puigdemont deberá en este tiempo renunciar a la independencia y convocar elecciones lo antes posible para que se midan fuerzas entre independentistas y constitucionalistas.

¿Por qué esa lentitud? Lo que dicen algunos medios es que Mariano Rajoy y Pedro Sánchez saben muy bien que la aplicación del 155 se hará por la fuerza ya que no hay otra opción. Tomar el control de la administración catalana supondrá una resistencia muy fuerte de parte del sector separatista, que ya en las últimas semanas ha hecho alarde de violencia contra las fuerzas del orden. Un 155 daría imágenes jugosas al sector separatista, que podría vender al exterior la represión policial del Gobierno de España contra el pueblo libre de Cataluña. Para no verse en esa encerrona previsible, Mariano Rajoy quiere presionar a PDeCAT y ERC la convocatoria de elecciones. Es la única salida cobarde que le queda al Presidente del Gobierno.

Sin duda lo que falta ahora mismo en la gestión del problema separatista es valentía política. Hace falta rescatar a los catalanes que sufren la represión de un catalanismo manipulador de consciencias y que discrimina a todo aquel que no piensa como separatista. No se puede dejar en manos de independentistas los poderes de la autonomía, ya que quiere diluir la Patria. Quizá eso suponga tener que hacer frente a la intromisión internacional en los asuntos de España. Quizá se tenga que usar la fuerza contra la violencia injustificada de manifestantes antisistema venidos de toda Europa para dinamitar la paz. Quizá se tenga que tomar medidas políticamente incorrectas contra una Generalidad traidora. Lo que no se puede permitir es que sigan ejerciendo el poder autonómico y se considere normal que estén trabajando desde lo público, que es de todos, para separarse de España.

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