Mucho más que Sánchez
(por José Fermín Garralda)-
Impulsa estas líneas lo que ocurre el Ceuta, y las paradojas que implica para algunos.
Pero sobre todo les impulsa el cinismo y chulería, el sentirse seguros (¿ante quién?), la prepotencia y soberbia, además de corrupción, del Gobierno socialista de Pedro Sánchez. No se corrompieron en el poder, sino que llegaron corruptos a él.
Por otra parte, las barbaridades y el estilo verdulero en el Congreso y el Senado, asustan a cualquiera. Su comportamiento es una infamia e insulto a la Nación.
No, el comunismo no ha muerto: se ha mimetizado, porque creemos que él es punto de llegada del liberalismo pleno por vía de medio.
He leído unas cosillas que me llaman mucho la atención. Se trata de un libro que tenía el capitán Carlos Etayo Elizondo, subrayado por él a lápiz rojo, que reeditó suficientemente en rústica en su editorial «Sancho en Fuerte», aunque con escasos medios. No digo qué librico es porque sería políticamente incorrecto.
Quien habla de lo que hará a la luz del día, lo hace antes ocultamente a través de los políticos de guiñol, de papel, irresponsables y comprados. «Haceros ricos» es el pago; «vuestra corrupción con la que os habéis hecho ricos» será vuestra tumba si no nos servís hasta el final.
DICEN ASÍ:
Capítulo A. I «Del mal que momentáneamente estamos causando y que nos vemos obligados a emplear, saldrá el bienestar de un Gobierno indestructible que restablecerá el mecanismo normal de la existencia que ha sido destruida por el liberalismo. El fin justifica los medios. (…)
Sólo un autócrata puede concebir vastos proyectos y asignar a cada cosa su papel particular en el mecanismo de la máquina gubernamental. Esta es la razón por la que sostenemos que, lo único útil para administrar un país es que su gobierno este en manos de una sola persona, responsable. Sin el despotismo absoluto es imposible la civilización, porque la civilización no puede avanzar más que bajo la protección de un jefe, cualquiera que sea, con tal de que nunca esté en las manos de las masas. (…)
Nuestra divisa debe ser «fuerza e hipocresía»; sólo la fuerza es la que da la victoria en política, sobre todo cuando se oculta con talento por los hombres que gobiernan un Estado. La violencia debe ser un principio, el engaño y la hipocresía una regla para los Gobiernos (…). Este mal, es el único medio de conseguir su objeto, que es el bien. No nos detengamos, si es necesario, ante la corrupción, compra de conciencias, la impostura y la traición, pues con ellas servimos a nuestra causa.
En política, no dudemos en confiscar la propiedad, si de ese modo podemos conseguir sumisión y poder.
Nuestro Estado, siguiendo el camino de las conquistas pacíficas, tiene el derecho de sustituir a los horrores de la guerra, ejecuciones menos aparentes y más expeditivas, que son necesarias para mantener el terror y producir una ciega sumisión. (…)
Capítulo A. III «Bien pronto el desorden y la bancarrota se notarán en todas partes. Incorregibles charlatanes, embarullan las asambleas parlamentarias y administrativas. Periodistas pretensiosos y libelistas desvergonzados atacan continuamente los poderes administrativos. Los abusos del poder preparan definitivamente el derrumbamiento de todas las instituciones que sucumbirán bajo los atropellos del populacho enfurecido / Los pueblos estarán esclavizados y todo lo ganarán con el sudor de su frente, la miseria en ellos será mucho más formidable que en los tiempos de sus antiguos señores (…)»
Capítulo A.X: «El reconocimiento de nuestra autocracia puede llegar antes de la supresión de la Constitución (Not: política de cada pueblo), si los pueblos, cansados de los desórdenes y de la frivolidad de sus gobernantes, gritan a voces: ¡Echadlos, y dadnos un rey universal, que pueda destruir las causas de nuestras discordias, las fronteras de las naciones, las religiones, los cálculos de Estado: un rey que nos dé esa paz y ese reposo que no podemos obtener con nuestros Gobiernos y representantes! / Vosotros sabéis muy bien que para hacer posibles estos deseos, es necesario en todos los países tratar de poner constantemente en pugna al pueblo con el Gobierno, con el fin de cansar a todos por la desunión, la enemistad, el odio, y hasta el martirio, el hambre, la inoculación de enfermedades y la miseria; para que los cristianos no vean otro remedio a sus males que recurrir a nuestra soberanía plena. / Si damos a los pueblos tiempo de respirar, el momento favorable no llegará tal vez jamás».
* * *
En estas líneas y en todo el libro se observa el menosprecio hacia el pueblo, esto es, hacia la gente que se subleva contra el caos y ruina provocada por los gobernantes que, sin darse mucha cuenta, dicho pueblo ha elegido. El monstruo opresor que gracias al sistema sociopolítico se ha creado para arruinar lo existente -y ya lo ha arruinado-, daría paso a un «monstruo» liberador.
La primera fase fue la del absolutismo de la mayoría y el estatismo, que es el error del Liberalismo y la inepcia de los liberales: los moderados se quedan a mitad del camino y los radicales se deslizan hacia el socialismo. La segunda fase fueron los ejércitos políticos de ideas socialistas, anarquistas y comunistas, y su triunfo dentro del sistema liberal debido a unos activistas (asalariados), muñidores electorales y políticos socialistas, anarquistas (añado: hoy los nihilistas en Podemos…) y comunistas, o simplemente corruptos, muy hábiles, y para los que el fin justifica los medios (mentira, demagogia, corrupción… ¿y asesinato?).
La tercera fase es la del dominio de la sociedad y el Estado por las viejas oligarquías mundialistas. Son éstas oligarquías las que sustituirán finalmente a dichos políticos triunfantes y corruptos de los ejércitos sociales, a las que siempre estos se subordinaron y de quienes dependieron. (Recuérdese la visita de Soros a Sánchez nada más ser nombrado, y la posterior de Gates…).
Se utilizó a las masas teledirigidas para destruir lo existente. Se utilizó el embrutecimiento de la juventud, la intemperancia prematura, el alcohol (no dicen la droga), hasta se cita a las prostitutas y «femmes du monde», se utilizó el poder de la prensa, el dinero, los sobornos, el lavado de cerebro (trasbordo ideológico inadvertido, la ventana de Overton…) para elevar al autócrata de guiñol o de papel, irresponsable, colocado para laminar todo y ser herramienta del verdadero autócrata que está en la sombra…. ¿Hasta cuándo?. Hasta que poco a poco el que gobierna tras bambalinas se deje ver y sustituya al anterior. El autócrata irresponsable está preparando a la sociedad para recibir con satisfacción el autócrata «responsable» que con su gran poder económico, y de orden, de pan y circo (no tendréis nada y seréis felices) a cambio de sumisión.
