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20 de agosto de 2025 0

Política o Religión

Política o Religión
(Por Manuel Gutiérrez Algaba – )
Es frecuente encontrar quien fiándolo todo a la Salvación de Nuestro Señor Jesuscristo se desentiende de los asuntos humanos, llevando a la exageración el «Nada me falta, nada me turba…». Es cierto que el Hecho Religioso de Jesucristo opaca cualquier cosa. Es cierto que Él ha vencido al mundo y los cristianos no somos del mundo, aunque Cristo pide que no nos saquen del mundo, más que Dios padre nos proteja del mal, Juan 17,17 ,»Santifícalos en la Verdad. Tu palabra es Verdad». Estamos en el mundo y en el mal, no sólo basta con tratar de seguir los mandamientos y santificarnos con los sacramentos, estamos sujetos a las inclemencias del mundo.

El mundo es la guerra, la política, la injusticia, las desigualdades, el mal, el Maligno. Ya lo he dicho muchas veces, y lo diré siempre, no me gusta hablar de temas teológicos, porque no es mi área de conocimiento, pero tengo que hacerlo. Está claro que si no existiera nada del mal y todo fuera buena, la libertad no sería posible entonces sólo se podría escoger entre el bien y el bien, y un ser humano sin libertad, pues sería algo mucho peor, no seríamos semejantes a Dios, que cuenta con la libertad creadora absoluta. Sin la serpiente no habría habido historia del mundo, ni reyes, ni guerras, todo habría sido una secuencia de tardes de verano en el Edén.

El mal, la injusticia y la política están ahí no para sustituir a la «Verdad» o al Camino de Salvación, sino para posibilitarlo. La política constituye un «juego alternativo» a las instrucciones, al quehacer de la «cristianización» personal, familiar y comunitaria. Las luchas de poder y de opresión sobre el ser humano siguen sus propias reglas. Por decirlo de algún modo, el camino de santidad es el juego de pimpón y la política es el fútbol; lo que ocurre es que, al mismo tiempo, sin separación, estamos jugando, queramos o no, a ambos juegos, a ambos conjuntos de reglas, a ambas realidades. Uno es nuestro juego verdadero, la salvación; el otro es el juego del mundo. Algunos dirán que «pasan» de jugar al fútbol, pero está claro que estamos en el mundo y tenemos que jugar a él, con protección divina, puesto que no es fácil, ni amigable, sino hostil. No es factible escaparse del mundo, o, al menos, no parece que esa sea la voluntad general de Dios : Jn 17, 15 » No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno». Estamos en el mundo y con todas sus reglas. Así que con la situación indeseada y que interfiere con nuestra misión real(nuestra salvación) , no tenemos más remedio que plantar cara al mundo, con protección divina y hasta que llegue la solución final de la Segunda Venida.

Las reglas del mundo son la violencia, la fuerza, la opresión, la mentira, sobre todo la mentira. Yo diría que la mentira es la fuente de todo y la principal ofensa a Dios, junto con el desprecio o la sublevación a Dios, la negación de Él. Luchar contra la mentira es luchar contra el mundo, y no sólo a niveles de salvación, sino a nivel de mundo. Las reglas de Salvación Personal (oración, sacramentos, caridad,… ) están diseñadas para eso, pero no son del mundo ni para el mundo. No obstante, son nuestras reglas supremas las que no debemos dejar de jugar mientras jugamos a otros juegos simultáneos.

La mentira del mundo se basa en la división, en la ocultación, en el miedo, en el egoísmo, en la falta de oposición. La mentira del mundo se extiende tanto a temas religiosos como de poder, aunque el meollo del asunto sea siempre el religioso.

Las reglas de la mentira son esas:
– deshumanización,
– repetición hasta la locura,
– negación de la verdad,
– parcialización de la verdad,
– acallar a quienes dicen la verdad,
– adular y estimular los instintos bajos que nos alejen de Dios.

Ante estas reglas de la mentira, en el juego del mundo, solo cabe aplicar las reglas contrarias:
– humanización, aceptación. Aquí podemos aplicar las reglas de la Salvación Divina y Los Mandamientos y amar al prójimo,
– repetición de la Verdad, tanto profana como divina,
– restauración de toda la verdad, tanto profana como divina,
– dejar que cualquier persona tenga la propiedad de hablar – lo contrario que la censura liberal-,
– educar a las almas para que detecten cuando son manipuladas, aduladas, convertidos en seguidores de sectas, partidos políticos y otros entes alienantes ( ¡gooool!).

Estas reglas de la defensa de la verdad, estas reglas políticas no son las reglas de la Salvación, no son mejores, no están por encima, pero si se juegan en el mismo partido de la vida, al mismo tiempo. También son reglas que están sujetas a las Reglas de Salvación ( a los Sacramentos y la Oración), aunque son de otro juego. Y son reglas y jugadas que también manan de la Salvación.

En efecto la política es una realidad de la comunidad y, casualmente, una de las reglas de la Salvación indica que tenemos que amar al prójimo como a nosotros mismos, tenemos, al menos, que intentar salvar a quienes están errados. La ejemplificación, la vida personal como ejemplo para convertir, como causa de salvación comunitaria se ha visto muchas veces complementada por la evangelización e incluso por maniobras estatales, políticas masivas:
– Constantino, y su conversión, la de su ejercito y pueblo,
– Teodosio, obligando a los paganos a dejar de ser católicos,
– las conversiones de los godos, dentro de su pueblo,
– las conversiones de los pueblos germánicos ( francos, nórdicos, …) ,
– la conversión masiva del príncipe Vladimir del Rus,
– las conversiones de la conquista española, en América,
– las evangelizaciones apoyadas en los estados coloniales de África.

Parece que el mundo se ha ido cristianizando a golpe de decreto imperial o real. Muchos dirán que esas «conversiones» no fueron reales, no fueron profundas, que quizá ahora es todo más puro, pero las catedrales, las ordenes monásticas, los santos, … y todo lo que entendemos por cristiandad ortodoxa o católica avanzó de esta forma «mundana», acompañada, por supuesto, de apariciones y de vidas ejemplares. Incluso nuestra descristianización también ha avanzado de forma estatal, a golpe de «constitución», todas ellas socavaban, coartaban, erosionaban el poder de la Iglesia, la libertad de los cristianos y su prestigio dentro de la sociedad. Es la política mundana, con las reglas mundanas, la que incide directisimamente en las Reglas de Salvación, personalísimas. Y cada vez más la «estatalización» anticristiana atentará contra la salvación personal, cada vez más se interpondrá en los procesos ejemplificantes tanto familiares, como comunitarios, como personales. No por nada el estado se ha inmiscuido en la familia haciendo que una familia cristiana sea un milagro, que esté mal vista dentro de la hegemonía cultural vigente. Es el fútbol quien se mete en el juego personal de pinpón. Llega y nos pega un balonazo en la cara, mientras miramos nuestra pellotita y nuestra pala.

Por todo ello, las actividades de propaganda «mundana», de política mundana, las conferencias, los vídeos, no es que sean el sustitutivo de la Oración, de la Fé, de la Esperanza o de la Caridad- aunque las actividades mundanas si están teñidas e imbuidas de estas virtudes-, sino que son herramientas, jugadas, en el juego del mundo, para la consecución de objetivos políticos, aunque no colaboren en el gran objetivo. El carlismo no es otra cosa que este intento de estar en el mundo y vencer la mentira.  La verdadera justicia social de Cristo se cumplirá en plenitud cuando él vuelva, pero nosotros tenemos la obligación de resistirnos a la maldad del mundo y luchar aquí y ahora contra la injusticia del mundo, aunque no seamos del mundo.

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