16 de enero de 2016 0

Porqué creo que hay que mantener las magas republicanas

Del tripartito salido del llamado pomposamente “pacto del Botánico”, en Valencia ciudad quien lleva la voz cantante es la coalición Compromís, el mezcladillo de social-comunistas fugados de Esquerra Unida y los nacionalistas del Bloc nacionalista valencià (en tránsito de su siempre mal disimulado pancatalanismo a una fórmula pseudo-regionalista que les haga más aceptables), junto a algunos ecolologistas rojos despistados.

Estos son los que más proclamaron a los cuatro vientos que iban a “acabar con una etapa negra” (la de los chorizos del PP) a una en la que “la ciudadanía iba a ser la protagonista”. Naturalmente, porque estos no dejan de ser los de siempre, no era más que palabrería, pues apenas aupados al poder municipal demostraron que la imposición de su programa de gobierno pasaba por encima del sentir o el querer del pueblo. Imposición del valenciano fabriano a los redactores de los libretos de fallas sin consultar al mundo fallero, eliminación de la entrada de la Real Senyera al Te Deum de la catedral el Nou d´octubre sin consultar a las entidades cívicas que organizan la procesión cívica, depuración del callejero de cualquier nombre que pueda ser o tener alguna relación con el franquismo sin consultar a los vecinos, peatonalización por decreto de casi todo el centro de la ciudad sin consultar a los comerciantes, modificación arbitraria de las escenas de la tradicional cabalgata de los Reyes Magos (¡estos son los de la separación Iglesia-Estado!) sin consultar a todas las organizaciones locales que participan, y así un largo etcétera. Nuevos nombres para una política que no es vieja, sino arcaica. Unos modos estalinistas para unas ideas leninistas.

Nada extraño: el socialismo y el liberalismo progresista siempre han tenido muy claro que tenían programas con objetivos muy claros en los valores y principios de una sociedad… para machacar los tradicionales e imponer los revolucionarios. Los conservadores se encargan de conservar dichas aberraciones, y únicamente se preocupan por la economía, particularmente la suya propia.

Lo que más ha llamado la atención, no obstante, ha sido una innovación, la de las “magas de Enero” visitando el ayuntamiento el primer día del año. Como ya se ha explicado, el señor Ribó “resucitaba” cierto esperpento perpetrado en 1937 en nuestra ciudad, cuando en pleno Terror Rojo, y con todos los actos remotamente sugestivos de religiosos estaban prohibidos. Y no se les ocurrió a las autoridades republicanas que inventar para los niños el día de Reyes un desfile de tres “magas” que representaban a la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad.

Digamos entre paréntesis que esa ciudad y esa segunda república que tanta ansia tienen por rememorar los marxistas hodiernos eran aquella en la que funcionaban 35 checas (55 para el total del Reino de Valencia), con sus horrendos calabozos en los que se vejaba, se extorsionaba, se privaba de alimento y sueño, se torturaba y con no poca frecuencia se sacaba para asesinar a muchos valencianos, como bien saben las tapias del cementerio general y las arenas blancas de la playa de El Saler. Esa Valencia en la que tribunales populares formados por la peor ralea sacada de las cárceles y dirigida por despiadados comisarios políticos condenaba a muerte a cientos y miles de personas (se calcula unos 5.000 en la capital sólo entre julio y septiembre de 1936) por el “delito” de pertenecer a partidos que no eran del Frente Popular, por ser sacerdotes o religiosos, por tener un título nobiliario, por ser industriales o empresarios, o simplemente por ir a misa. Un vistazo a la obra capital “Checas de Valencia” de César Alcalá- amén de poner los pelos de punta- sirve para disipar cualquier duda al respecto a los más desinformados.

Pues bien, nuestro Joan Ribó quiere ser émulo del alcalde local de aquellos horrendos e infaustos días, un cobarde masón del partido Republicano Radical llamado José Cano Coloma. Aviso para los depuradores de placas callejeras: el indigno que permitió aquel terrorismo de estado tiene calle en nuestra ciudad, paralela a Serrería, al igual que el que le sucedió en el cargo hasta el final de la guerra, el anarquista Domingo Torres (una plaza en el barrio de Benimaclet), y que también permitió todos estos desmanes. Algo me dice que Compromís, tan compromés en la democracia y las libertades, no va a pedir que se eliminen dichos nombres (responsables directos del asesinato y la tortura institucionalizada en nuestra ciudad) en el callejero local. Hipócritas.

A falta de una Bastilla que tomar y que sacie sus ansias políticas (Ribó proviene más bien del sector comunista que del nacionalista en el partido, aunque obviamente no le hace ningunos ascos a este), y en espera de que a medio plazo pueda efectivamente prohibir las manifestaciones públicas religiosas, ha decidido ir abriendo boca con este revival de la patochada de la encarnación del trilema francés en el 37.

Inciso: el argumento que Ribó dio para eliminar el Te Deum de la procesión cívica fue que era un acto que no se había celebrado siempre, sino discontinuamente en la historia, siendo su última reposición de principios de los años 90 del pasado siglo. No sé que es peor, si la demagogia tan absoluta de esta gente, o su absoluta desvergüenza. Malo es que ataquen las creencias y la libertad del pueblo, pero que nos tomen por idiotas es más hiriente.

Dicho y hecho: el ayuntamiento contrató a tres actrices del grupo de teatro polítcamente afín El Micalet (¿cómo era aquello, Mónica, “empleo de caudales públicos para favorecer a amigos”?), bien entradas en años, y las disfrazó de algo entre cabareteras obesas y furcias jubiladas, paseándolas con grandes sonrisas y saludos ante el escaso fervoroso público formado por militantes del partido avisados a toda prisa y sus atónitos retoños, a las puertas de la casa consistorial, que cada lustro que pasa va siendo vejada más. Y con más desenvoltura.

No faltó la alocución del maestro de ceremonias, evocando el significado del acto y esperando que “sea el inicio de una nueva forma de celebrar el comienzo de año”. Los organizadores habían apuntado que se intentaba “recuperar la fiesta del solsticio de invierno alejando el dogmatismo de las religiones” (para comprender el sentido nótese que donde dice religiones, debe decir Iglesia católica). Naturalmente, la fiesta del solsticio de invierno sólo ha existido en la mente de los anticatólicos que desde hace tres siglos han intentado acabar con la Esposa de Cristo de todas las maneras posibles, y para los cuales los cultos paganos, que les importan un bledo, sólo son una remota excusa. Por ejemplo, la celebración de la fiesta del equinoccio de otoño no se espera.

Faltaron, eso sí, las carrozas con la hoz y el martillo, las banderas de la Unón soviética y los retratos de Stalin presentes en la del 37. Todo llegará. Lo importante es que el espíritu ha vuelto.

La carnavalada ha levantado un importante revuelo, sobre todo en las redes sociales, donde el alcalde Joan Ribó se mueve como pez en el agua defendiendo sus chorradas particulares, y acusando a los demás de buscar la confrontación violenta, con el victimismo nauseabundo al que nos han acostumbrado los nuevos totalitarios mientras nos imponen sus delirios particulares. Don´t piss down my back and tell me its raining. Please.

Ribó ha recibido muchas críticas, e incluso insultos, que desapruebo completamente. Los mismos faranduleros pesebristas que se rasgan las vestiduras ante esto, han aceptado durante muchos años que a este pueblo se le robara su alma y sus costumbres en la escuela, en los medios de comunicación y en la cultura. Esto es síntoma, no causa. Y todos en esta ciudad han levantado tronos a las causas.

No me preocupa en absoluto la tontería de las magas del trilema masónico. Cuando cambie el viento electoral desaparecerán y nadie las echará de menos (los niños, desde luego, no). Habrán sido simplemente una anécdota. Ribó y Compromís van demasiado rápido. Por eso se les ve venir. Por eso no son peligrosos. Mucho más peligrosos me parecen los portavoces del PP y de Ciudadanos en el ayuntamiento, que han aprovechado el tema para ponerse unas medallitas sin atacar el fondo totalitario del asunto, porque mantienen el deletéreo axioma liberal de que únicamente a través de los partidos y de las instituciones se puede ejercer acción política.

A las aberraciones de la revolución se les frena por la fuerza, y con la actuación directa de los cuerpos intermedios de la sociedad, como bien ha demostrado la Junta Central Fallera, cuando se ha plantado y ha dicho que ningún alcalde mete las narices en sus libretos. Y el señor Ribó se la ha tenido que envainar, y sentarse a negociar lo que pueda negociar. Esa es la acción social defensiva realmente eficaz. Esa es la verdadera política, y no los compadreos de los partidos, siempre pendientes de sus propios intereses, siempre tan ajenos a los del pueblo.

La parida de las magas de la liberté, la egalité y la fraternité no me molesta. Es más, creo que hay que conservarla por su importante función social. Cuando regrese el rey legítimo y se establezca por fin una monarquía católica, social, foralista y verderamente representativa en las Españas, me parece necesario mantener esta fantochada para formación y advertencia de las jóvenes generaciones. Simplemente, cambiaría la fecha al 14 de abril, que es donde le corresponde. Será bueno para los niños valencianos poder ver con sus propios ojos el verdadero rostro de las mentiras que se erigen en pseudo-principios liberales: unas viejas gordas y pintarrajeadas, que parecen furcias retiradas, y que invitan a apartar la mirada y alejarse lo máximo posible.

Y cuanto más horripilantes se representen, mejor.

Artículo originalmente publicado en el Portal Avant! de los carlistas valencianos

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