11 de septiembre de 2020 0

Nos vemos en Puerta del Sol

José Fermín Garralda

HOY sábado, día 12 de septiembre, nos vemos en la manifestación. Yo voy a ir. Es en Puerta del Sol, plaza que bien bonita es. Sí, allí, en Madrid. Iremos para estar antes de las 7 de la tarde.

Esta será nuestra pancarta: “Nada sin Dios. Política sin partidos”. Sin Dios, ya sabemos qué hay. Lo estamos viviendo y ya nos roen las carnes: el hastío y sinsentido de la pérdida de lo cristiano, la promoción del ateísmo y la impiedad, no pocos vicios desatados, corrupción en el poder, paro laboral, pobreza social, inseguridad, indefensión y ocultamiento, y un dominio contrario a las libertades… ¿Dominio de quién? Dominio de la partitocracia sobre la sociedad, y dominio, al fin, del mundialismo sobre los mecanismos estatales.

Ante esto, la mucha gente buena que aún queda es la sociedad -aunque Bueno sólo es Dios-, mira asombrada y atónita. Por eso yo voy a Puerta del Sol. Y me sumaré a vuestra pancarta: “Nada sin Dios. Política sin partidos”.

No insistiremos mucho en explicaciones. La sociedad española es anterior al Estado, del que sufre tanto, y a cualquier partido e ideología. También son anteriores a ellos la persona, la familia e Iglesia católica, y las instituciones que formaliza el pueblo. España es anterior a la nueva organización mundial que buscan imponer. Y debe oponerse al NOM. Más: las ideologías y las pasiones desatadas conspiran contra los partidos políticos para corromperlos. Y es el mundialismo el que, una vez bien corrompidos dichos partidos o sus jefes, que son okupas de la política, títeres y hasta ignorantes -supongo que habrá excepciones-, los utiliza para paralizar y controlar definitivamente la sociedad.

Poderoso caballero es Don Dinero, decía Quevedo. Y como este señor es tan poderoso -pues el dinero todo lo infiltra para multiplicarse…-, la gran concentración de dinero en pocas manos de personajes y organismos conocidos por todos… es un enorme peligro social y global. Más todavía, si al afán por el dinero se une el afán por el  poder político -la sinarquía-, y se vincula o promueve la corrupción de las costumbres -los libertinos-, deviene lo peor.

Sobre todo ello es así, si… quienes van a ser dominados, optan por una falsa RESIGNACIÓN -que es cobardía y falta de responsabilidad-, por una parálisis espiritual y por olvidar sus intereses, su libertad y hasta su dignidad, olvido que hoy raya en lo enfermizo. Por eso y por más, nos hemos de movilizar. MOVILIZAR no con las bayonetas doradas con el emblema orlado de Napoleón, ni con cierto tipo de inspectores como si el Estado fuese un ladrón… sino un MOVILIZARSE de los españoles en su amplitud, variedad y color.

Nuestros momentos son muy singulares en la historia. Han sido meticulosamente preparados. La preparación está en consonancia con lo que vaticinó Alexis Tocqueville en sus dos tomos de Democracia en América, allá en 1835-1839, sobre la placentera sumisión y desidia de la sociedad ante la reglamentación meticulosa y paternalista del Estado revolucionario. Nos reímos del cesarismo de Napoleón III, de Bismarck, de los zares, de la república francesa de entonces… por flojos. Las ideologías asociales (liberal o socialista), el estatismo y los totalitarismos, han hecho durante tiempo su trabajo de desmantelamiento social y laicismo anticristiano y ateizante. La Constitución de 1978 lo manifiesta. En el llamado período democrático español y en junio de 1994, Francisco Nieva escribía en “ABC” sobre la tragedia de una sociedad que se está convirtiendo en el reino de nadie, y José María García Escudero recordaba ampliamente a Tocqueville (ABC, 3-VII-1994). ¿Qué no dirían en 2020?

En sí mismo, el sistema liberal-socialista promueve la corrupción de la clase política presente en las instituciones, para finalmente arrinconar a la sociedad en un callejón sin salida. Nada de bien común. Nada de verdadera representación. La partitocracia se traga a los honrados. Muchos políticos defraudan al elector, cobran en exceso, dan al botón verde o rojo… y a vivir que son dos días.

Ahora está llegando a galope el gran despotismo, fundado en el MIEDO social, las SUBVENCIONES, la POBREZA y el CONTROL de la persona gracias a los nuevos medios tecnológicos. Se dirige y se crea la opinión como nunca se hizo. Se utiliza la debilidad psicológica de la sociedad ante las encuestas electorales del CIS u otras. No se cuentan los votos como está establecido (expertos dicen que no pueden saberse ni contarse los votos la misma noche electoral).

El nuevo despotismo compra voluntades de políticos y de partidos enteros, y marca un programa y agenda mundialista. Se manipulan las mayorías parlamentarias gracias a pactos “contra”, a beneficio del reparto del poder realizado entre los lacayos que dan coba al mundialismo, reparto poder que realmente es lo que cuenta… La partitocracia miente sobre la situación global y sobre ella misma, se presenta como indispensable -aunque haya sobrantes-, y corrompe con un  total descaro.

El voto católico ha sido pulverizado y traicionado por los máximos responsables del PP, PNV, CIU… -por ejemplo-, por querer separar política y religión. Rechazaron los partidos confesionales con Dios y católicos… y ahora se legisla la eutanasia. Este no es el servicio clerical que San Isidoro prestó al poder civil. No diré más, pues en todos conocen lo que hay en todas las direcciones. Ahora, las medidas públicas ante el coronavirus rayan en la exageración por lo que respecta a la gente responsable.

Pues bien, ante esto hay personas que realizan su HUIDA IDEOLÓGICA hacia adelante. Es el caso de Michel Hardt y Antonio Negri cuando escriben cientos de páginas creyendo que ha llegado la posibilidad de un modelo de democracia sin precedentes. Se ríen de Fukuyama cuando éste predijo el fin de la historia, pero no de sí mismos. Cualquiera puede sonreírse de ellos, porque Hardt y Negri quieren sintetizar dos elementos que creen contrapuestos: la unidad general como expresión de la conexión de todas las realidades sabiendo que algunos las dominan férreamente, conexión que ellos llaman Imperio, con las singularidades que para contrapesar llaman Multitud.

Pues aquí estamos:  esto… ¿cómo se hace? En realidad Hardt y Negri, un poco pedantes, sólo lograrán que se multiplique la opresión de aquellas silenciosas masas que tengan sus propias singularidades, logrando así que a los males actuales se les sumen otros nuevos, una vez que han intentado parchear hipócritamente la realidad con sus pláticas.

Nuestra MOVILIZACIÓN no acepta el Imperio que nos quieren imponer, ni funciona como una mini-multitud manipulable a su vez por el verdadero Imperio que están imponiendo, que es mucho más que infinidad de conexiones… ¿neuronales?

Lo repetimos. La creación de redes de resistencia fluida -así llamarían a nuestra MOVILIZACIÓN- es posible en la mente ante la unidad del nuevo Imperio o conexión de toda la realidad, pero no lo es en la práctica. No lo es cuando se trata de luchar a favor de una singularidad tal que no abarca necesariamente una masa o amplia porción del todo, sino, en última instancia, al ser individual y concreto. No es posible ante la impotencia práctica del ciudadano, que es sinónimo de aislamiento radical. No lo es ante las dimensiones macro que incluso se exige a la defensa de cada singularidad real, ante el control de la realidad social por un poder sin rostro y on line. (¡Ay de aquel que tiene que acceder on line a una oficina pública, porque no hay cola visible, ni número, de modo que quien espera,  desespera).  No es posible ante el dominio de la mentira desde la TV y la prensa mercenaria… Tampoco se puede estar siempre en lucha de activistas, ni buscando artificialmente energías para la evolución continua como si de un laboratorio se tratase. La persona está hecha para vivir y construir en paz, y no “en lucha”.

Hardt y Negri, que son un aburrimiento para leer si es que Vd. puede lograrlo por su aridez y alambicamiento (Imperio, 2002; Multitud, 2004), hacen un gran servicio a los grandes poderes mundialistas que manejan la situación creada. Quieren reescribir el Manifiesto comunista (1848) y justificar la situación actual (2020) desde la izquierda letrada y aburrida, muerta por su ingenuo y manipulado racionalismo así como por separarse de la realidad y la vida. Quieren justificar a los que mandan al Gobierno del PSOE-Podemos (ayer al PP de Rajoy…), utilizando en su justificación unas dimensiones planetarias, muchas palabras sin vida, y reduciendo la realidad a teleología y además muy peculiar. Quieren justificar el Nuevo Orden Mundial desde la izquierda ideológica afirmando que el actual Imperio sustituye para el bien, al Estado y al “imperialismo” que son el mal. Dicen atacar al capitalismo cuando éste cada vez es mayor, más salvaje, esclaviza el mundo laboral y nos hace cada vez más pobres. Creen que la diferencias de pequeñas “multitudes” pueden ser expresadas con éxito dentro de la gran Multitud  y formando parte del Imperio. Pues va a ser que no. Si afirmasen la verdadera subsidiariedad, que la sociedad se construye de abajo hacia arriba, y a partir de realidades ajenas a la voluntad inmediata, otro gallo cantaría.

Quienes nos manifestemos mañana día 12 de septiembre, nos acordamos del ejemplo del último bando dado en la “Casa de la Ciutat resident en lo portalá de Sant Antoni“… “per son honor, per la patria y per la llibertat de tota Espanya” en la Barcelona del 11-IX-1714… pero con una proyección más amplia y actualizadora.

La tradición española, que armoniza la autoridad, la sociedad y una verdadera representación social, da mil vueltas a Tocqueville, que no obstante tuvo la honradez de, siendo liberal, predecir las peores consecuencias del Liberalismo en el ámbito social y en la relación individuo-poder. No habló del fin de la historia, sino del fin de la sociedad y del hombre en libertad y responsabilidad. Y si encima hoy nos mostramos poco o nada católicos y hasta ateizantes, peor que peor.

La vida conlleva movimiento, y éste se demuestra andando: nos MOVILIZAMOS. Esta será nuestra pancarta: “Nada sin Dios. Política sin partidos”.

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