La virtud se forja con el tiempo

Por Javier Manzano Franco—
La historia nos lo demuestra: nada firme ni verdadero se edifica sin esfuerzo prolongado. Los grandes sabios, los santos, los héroes del deber y de la fe no improvisaron su destino. Como el joven que entra en la milicia o en un noviciado o el campesino que trabaja la tierra con paciencia, todo militante carlista debe someter su alma a un proceso de formación largo y exigente.
Durante años, los que han querido servir al bien común han necesitado cultivar la disciplina, la lectura, el pensamiento claro, la oración profunda y la acción perseverante sin buscar gloria ni reconocimiento inmediato. Quien aspira a comprender y restaurar el orden católico y legítimo en medio del caos del mundo moderno ha de hacerlo con largas horas de meditación sobre los principios del orden natural.
El deseo de “atajos”, de logros inmediatos y de revolución sin raíz y doctrina sin fundamento es una tentación propia del espíritu moderno. Quien busca la verdad, y no el brillo vacío del éxito, ha de amar el proceso y el sacrificio. Sólo así se adquiere la maestría interior y la verdadera libertad de juicio, que es condición de todo liderazgo y de toda acción fecunda.
Acepta con humildad la fase de aprendizaje. Rechaza los atajos y fórmate con rigor, porque la victoria se construye sobre la fidelidad, no sobre la prisa.
