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1 de mayo de 2024 0

IMPRUDENTIUM HOMINUM IGNORANTIAM

LA ESPAÑA ROTA POR NOSOTROS MISMOS.

(Por Javier Manzano Franco)

El tercer Domingo de Pascua amaneció con las elecciones al Parlamento vasco, que ahora mismo es separatista en un 72% y en el que el partido ultraizquierdista y filoterrorista EH Bildu, que ha crecido en 80.000 votos, ha llegado a empatar con el PNV. Queda aún un mes para asistir también al suicidio de Cataluña, azotada por la sequía (acuciada porque los fondos destinados a infraestructuras acuíferas se desvían al proceso de independencia) y por una galopante epidemia de tiña y de sarna de la que ya alertan los dermatólogos pero de la que no os hablará ningún periodista, provocada por la inmigración masiva (mientras que 35.000 jóvenes, la mitad con estudios superiores, huye cada mes de España). En la víspera de este domingo supimos que Núñez Feijoo había exigido al Partido Popular Europeo que votase a favor de la inclusión del aborto en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, para vergüenza de los obispos que desde sus radios y televisiones siguen apoyando a este deleznable partido. Como no hay semana que este Gobierno criminal y sus no menos criminales socios no nos horroricen, hoy nos toca comentar una lectura que seguramente, hace dos domingos, nos dejó estupefactos… pero porque no supimos entenderla.

San Pedro nos hace ver en su Primera Epístola que el cristiano es un homo viator, un “peregrino advenedizo” (I Pe 2, 11) que está de paso en este mundo y no pertenece a él, por lo que no hay que dejarse seducir por sus vanidades y tratar de guardar ante los paganos “una conducta ejemplar” (I Pe 2, 12) para que sus obras hablen por ellos. ¿Qué obras han de ser esas? “Honrad a todos, temed a Dios y honrad al Emperador” (I Pe 2, 17) y que incluso los siervos “estén con todo temor sujetos a sus amos, no solo a los bondadosos y humanos, sino también a los rigurosos” (I Pe 2, 18). Al oír esta lectura, un sudor frío nos recorre la espalda: ¿acaso nos está diciendo San Pedro que honremos a Pedro Sánchez, que contemplaba, en el caso de dimitir, proponer como presidente del Gobierno a Óscar Puente para radicalizar a la sociedad y así justificar medidas políticas contra medios y periodistas independientes? ¿Que se encuentra preparando un comité de “expertos independientes” contra la “desinformación” que propondrá elaborar una ley para retirar fondos públicos y cerrar todos los medios que no cuenten con la licencia previa de “verificadoras” como Newtral? ¿O a Zapatero, que cobra de Maduro mediante acciones en empresas y testaferros y que llenó de oro de sus minas las maletas de Delcy Rodríguez para su comercialización europea? ¿Que estemos sujetos a jueces como los de la Audiencia Provincial de Málaga, que por sobornos y presiones liberaron a Karim Bouyakhrichan, líder de la Mocro Maffia y enemigo público número uno en Holanda, ahora mismo en paradero desconocido? Realicemos una lectura atenta del fragmento.

𝐉𝐮𝐚𝐧 𝐉𝐨𝐬𝐞 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐁. on X: "@jaimeraulmolina Obey... Versión Pedro Sánchez. https://t.co/GZD4oBCLWx" / X

San Pedro nos pide estar sujetos al Emperador y a los gobernantes “como delegados Suyos [de Dios] para castigo de los malhechores y elogio de los buenos” (I Pe 2, 14); es decir, si y solo si ejercen su función legítima de gobernar con justicia. Inmediatamente después, nos dice San Pedro cómo tenemos que actuar ante los gobernantes injustos: “Pues la voluntad de Dios es que, obrando el bien, amordacemos la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, y no como quien tiene la libertad cual cobertura de la maldad, sino como siervos de Dios” (I Pe 2, 15-16). Con ello quiere decir nuestro primer Papa que obrar el bien no es actuar como un esclavo de los tiranos, sino sujetarse libremente, como siervos de Dios y solo de Dios que somos, a aquel que cumple la ley natural y divina, pues como el mismo San Pedro dijo al sumo sacerdote del Templo, “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5, 29). Por ello a los gobernantes injustos, insensatos, ignorantes de las leyes divinas y aun naturales, hay que hacerlos callar y no usar la libertad “como cobertura de la maldad”, como hacen esos miembros del PSOE que han atacado a la hija del juez Juan Carlos Peinado y han filtrado su número de teléfono por abrir diligencias contra Begoña Gómez. O como hacen todas esas mujeres que cada vez ponen más denuncias falsas de violencia de pareja (la mayoría “psicológica”), de las cuales el 76% no llega a sentencia condenatoria y que se usan para penalizar procedimientos civiles o para cobrar extorsiones económicas.

Con posterioridad a San Pedro, la Iglesia desarrolló la idea de que la sociedad precede al poder político y por ello le es lícito recuperar sus derechos cuando el gobernante olvida el bien común, se centra en sus propios intereses y abusa de su poder. Así lo hallamos en Santo Tomás de Aquino y sobre todo en Juan de Mariana, que recomienda ardientemente el tiranicidio y fija límites al poder político. Es esta, y no el pestífero pacifismo a ultranza y sin matices que desde los años 60 lleva corrompiendo los oídos de los que desean ser fieles, la verdadera doctrina de la Santa Iglesia Católica.

En el tercer Domingo de Pascua, tan solo quedaban dos semanas y media para que los apóstoles dejasen de ver nuevamente a Jesús. Es por ello que en este día volvemos a recordar aquel episodio de la Sagrada Cena en que Jesús les anuncia Su Muerte y posterior Resurrección (Jn 16, 16-22). Del mismo modo que los apóstoles lloraron pero al tercer día se alegraron, nosotros gemimos en este valle de lágrimas desde que el Señor ascendió a los Cielos porque “la creación entera hasta hasta ahora gime y siente dolores de parto” (Rom 8, 22). Pero por la gracia de la fe y, sobre todo, por la de esperanza, estamos preparados con nuestras lámparas encendidas para cuando Jesús regrese, y ese día (si no nos hemos dormido) reinará la alegría.

El pasado jueves 25 de abril se celebraba la fiesta de San Marcos Evangelista. El Catecismo de San Pío X (1905) señala claramente que en este día debe la Iglesia hacer “procesiones y rogativas solemnes”, cosa que hoy día no solo no se lleva a cabo en casi ninguna parroquia, sino que se procura no hablar a los fieles de esta tradición para que se olvide. La finalidad de esta procesión, a la que se solía acudir con los pies descalzos, era pedir perdón a Dios por los pecados propios y de toda la comunidad (cosa que vendría muy bien en España), rogar por las necesidades espirituales y materiales y atraer la bendición divina sobre los frutos de la tierra que empiezan a crecer. Es recomendable recuperar en todos los barrios esta procesión, encabezada por la Cruz y en la que se canta la Letanía de los santos. Si el párroco se niega a celebrarla porque tiene cosas más importantes que hacer que pedir a Dios por su rebaño hacedla vosotros sin necesidad de su permiso ni beneplácito, pues recordad: hay que obedecer a Dios antes que a los hombres y es la voluntad de Dios que, obrando el bien, amordacéis la ignorancia de los hombres insensatos.

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