13 de febrero de 2017 0 / / / /

Fe, un romántico homenaje juvenil del Pintor de Batallas al Tradicionalismo

(MUNDIARIO) Recientemente leíamos en MUNDIARIO Encuentro de Arturo Pérez Reverte y Augusto Ferrer -Dalmau: tandem de artistas en el Museo Reina Sofía. La expectación fue tal que semanas antes de celebrarse el evento se había reservado todo el aforo. Todos los asistentes afirmaron que la realidad superó con creces lo esperado y que resultó un encuentro único donde para el disfrute del público, se pudo contemplar una gran selección de los cuadros de Ferrer-Dalmau en pantalla megapanorámica. Una perspectiva distinta y espectacular.

Entre frases que pasarán a los anales de este tipo de periodismo, el artista catalán manifestó –valientemente para estos tiempos que corren– su empatía emocional con el tradicionalismo español debido a las vinculaciones históricas generacionales de su familia con el carlismo. De hecho, le ha dedicado una serie de sus lienzos más conocidos que combinan, como la mayoría de su obras, épica y romanticismo.

MUNDIARIO: Fotografía del encuentro entre Reverte y Dalmau

Pocos días después del exitoso evento, moría Domingo Fal Conde Macías (Sevilla, 1923-2017), jefe del tradicionalismo español que impulsó la labor de reconciliación entre las distintas facciones del carlismo de su tiempo. Hijo de Manuel Fal-Conde, (1894-1975) mito del carlismo, fue testigo de excepción de capítulos señalados de la Historia de España.

Domingo Fal mantuvo a lo largo de su vida una estrecha relación con Don Javier Borbón – Parma, pretendiente carlista al trono, del que fue secretario Melchor Ferrer – Dalmau (1888-1965), tío bisabuelo del artista.

El pintor Ferrer Dalmau se conmovió al saber que Domingo Fal Conde había declarado poco antes de morir lo mucho que admiraba sus cuadros. Y quiso rendirle un sencillo homenaje y aportar para su obituario una emotiva obra de juventud en la que las creencias cristianas del Tradicionalismo quedan en evidencia de una forma extraordinariamente lírica, pero problemas de edición impidieron que se publicara .

Dado que pensamos que dicha obra -pese a ser lo que humildemente el artista denomina “un boceto al óleo de sus comienzos”, y  por tanto, ser una obra temprana,  poseía  gran calidad, desde MUNDIARIO le propusimos al artista publicarla. De hecho, es la primera vez que esta imagen aparece en la prensa.

El pintor insistió en que no había más intención que un emotivo recuerdo a estos grandes carlistas desaparecidos; una de las últimas ideologías románticas.

Homenaje a Fal – Conde Macías, Lizarra y Melchor Ferrer Dalmau

Fue un homenaje a Fal – Conde Macías y también a su tío bisabuelo Melchor Ferrer – Dalmau), figura de interesantísima trayectoria, histórico del tradicionalismo y autor de uno de sus estudios más completos. Un homenaje también a Lizarra Inda, al que perteneció esta obra y recopilador del mejor archivo de los requetés en la guerra civil española.

Un fondo documental en el que se basaría Aróstegui para escribir su reconocida Historia del Carlismo y que prologó con esta emocionante frase “Lizarra supo guardar la memoria de los suyos que es también memoria de todos”.

Análisis de la escena

Ferrer – Dalmau narra la muerte del héroe, la grandeza del hombre que muere caído en combate por sus convicciones, un héroe anónimo extensible a la universalidad de todos aquellos que murieron en las guerras por un ideal.

La temática religiosa es muy poco habitual en el artista catalán y cuando lo aborda, aparece supeditada a la temática militar, como en el famoso “El Milagro de Empel”.

En Fe no quiso hacer alardes de  técnica, sino enraizar con la iconografía decimonónica religiosa tan presente en la vida del carlista. El artista joven hace un claro guiño inspirándose en las ilustraciones de los libros piadosos de entonces. Pese a ser una obra temprana, sus grandes valores como pintor refulgen en una escena aparentemente tan sencilla y tan alejada de sus cuadros de batallas

En esta imagen, el combatiente carlista yace muerto tras la contienda bélica y Cristo desciende de los cielos y viene a recoger su alma para llevarle al más alla. Un hermosísimo Jesucristo hebreo de túnica blanca y corona de espinas,que  tiende su mano para acompañar al carlista en su tránsito. Es una imagen muy dramática, pero a la vez, tremendamente plácida. Una imagen que simboliza el fin del camino de la vida y la apertura de la senda hacia lo infinito y a la paz eterna.

Ferrer-Dalmau apuesta por una puesta en escena muy atípica en sus composiciones: una arriesgada composición articulada por una vertiginosa diagonal trazada del ángulo superior derecho al ángulo inferior izquierdo. Divide la obra en dos espacios: cielo y tierra. La dicotomía cielo-tierra es una de las constantes de su obra, pero esta vez, el cielo, no forma parte del paisaje, es otra dimensión, la esfera de la divinidad y el sentido divino.

La diagonal es un recurso compositivo, pero responde a un claro sentido argumental. Con la horizontalidad hubiera compartimentado los dos espacios, pero él lo que pretende mostrar es el acceso, el acercamiento, el merecido paso natural del uno a otro, de lo terrenal a lo celestial. La figura de Jesús articula una segunda diagonal  que marcaria un aspa y la mano es el nudo de la composición  y se convierte en el enlace natural de los dos mundos.El aspa es una alusión a la Cruz de Borgoña, representación de la Cruz de San Andrés, vincuada al carlismo, pero que fue.seña de identidad de todos los españoles durante más de 300 años.

Hay un drástico contraste cromático entre los dos espacios, muy poco usual también en Dalmau, pero contra natura, se integra en la escena de una manera fluída y se convierte en elemento narrativo.

De factura impecable, como nos tiene acostumbrados, gran lirismo y delicadeza de matices en la difícil gama de blancos, grises  que rozan los rosáceos, – el tratamiento casi arquitectónico de la túnica es magistral pese a la poca definición del trazo. Los tonos pálidos y áureos iluminan la parte celestial configurando una deliciosa luz sobrenatural  irreal que contrasta con el cromatismo duro y terroso de lo real. Destaca la uniformidad del carlista y la gran organicidad del cuerpo tendido, así como la calidad de los detalles del primer término,  naturalezas vivas y muertas: el arma, las maderas, ramas y pertrechos muy logrados pese a ser una obra juvenil y quizás el apartado que más ha desarrollado en su reciente trayectoria.

La boina roja

La boina roja destaca cromáticamente en toda la composición.  Es el punto más intenso y  no es algo baladí. De nuevo, Dalmau convierte un recurso estético en argumental, y narra con sus pinceles.: simboliza no sólo quien es el soldado, sino la sangre derramada por su Patria Fueros y Rey.

Porque esta escena -y esto es un mensaje para iniciados- recoge la Ordenanza del Requeté,  código al cual todo requeté debía amoldar su conducta, su pensamiento y sus obras.”Boina Roja: Tú eres soldado de la Fe y de la Santa Causa Tradicional. La Fe refuerza tu espíritu. Muere por Dios, que morir así, es vivir eternamente… La Tradición, te acerca a Dios y habrás de tener un puesto en su Reino. Ante Él, nunca serás héroe anónimo”.

Ferrer Dalmau, el pintor de Batallas y el artista más internacionalmente reconocido de este país, vuelve a sorprender y demuestra esta vez sin armaduras, multitudes exacerbadas, ni caballerías refulgentes, sólo con un pequeño boceto al óleo cargado de romanticismo, valores, sentimientos y un código de conducta que es capaz de emocionar hasta el límite. Eso es un artista. Grande Ferrer Dalmau.

Firma:

María Fidalgo Casares

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