11 de septiembre de 2017 0

España en su lugar

Se cumplen veinticinco años de mi primer camino de Santiago. Era 1992. En aquella ocasión recorrí casi todo el camino francés con un peregrino inglés de nombre Emmanuel. Suena todo muy internacional, así es el camino. Algún día de aquellos, en algún lugar, nos encontramos con un viajero nipón que había comenzado su recorrido en la tumba del apóstol y pretendía llegar a Francia. Con mi sagacidad habitual, comenté lo insólito de su propósito. Mi amigo razonó que todos los peregrinos del pasado habían desandado sus huellas para volver a sus tierras, por lo que seguro hubo tantos peregrinos en un sentido como en el otro. En fin, una ocasión más para descubrir mis limitaciones.

En aquel encuentro, a Emmanuel se le ocurrió solicitar al oriental que tradujera su nombre al japonés. “God with us” no parece muy difícil de decir en cualquier lengua, pensaba uno. Sin embargo, nuestro amigo apretaba sus ojos (más) en un gesto de dificultad. La conversación continuaba y el rehuía contestar. No parecía dar con un término que lo satisficiera. Tras recordarle (varias veces) el encargo, se aventuró a responder, y algo así como “tamitotonomí” salió de su boca. O algo así recuerdo. Feliz con el hallazgo, Emmanuel pidió más aclaraciones y resultó que “tamito” significa Dios,”to” es con y “nomí” -¿lo adivinan?-, nosotros. Mi amigo, algo perplejo, salvando sus exquisitas maneras – insólito para un británico educado- preguntó dónde se encontraba la dificultad.

El amigo japonés, abriendo mucho los ojos (bueno, no tanto) explicó: lo puedo traducir pero no entiendo esa frase, porque si Dios está en todas partes y en todas las cosas, ¿cómo puede estar “conmigo”?

Me he acordado de esta anécdota acercando de mi memoria sucesos de aquel primer camino pero también por varias referencias oídas durante el Foro de la Hispanidad que se ha mantenido estos días en Madrid. La excepción de Filipinas en Oriente que citó el profesor Barraycoa, esas cuentas de un rosario de María que son islas en el mar. Esa cercana figura de la que los indígenas del Nuevo Mundo no se cansaban de oír – contó la Sra. Wilhelmsen. Veo – uno piensa en imágenes- a los inditos rogando al franciscano “padresito, no entendemos bien pero háblenos de esa madre nuestra del cielo y de su amor por su hijo”.

Sin ella  [María] – afirma Benedicto XVIel ingreso de Dios en la historia de la humanidad no habría llegado a su fin ni habría tenido lugar aquello que es central en nuestra Profesión de fe: Dios es un Dios con nosotros”. La gracia de Dios decidió que fueran españoles quienes portaran a todas esas tierras la fe de la Iglesia prendida en el manto de María. Y allí quedó para siempre, como España prendida en la Hispanidad.

(Visited 95 times, 1 visits today)

Deja tu comentario

Ahora Información agradece su participación en la sección de comentarios del presente artículo, ya que así se fomentan el debate y la crítica analítica e intelectual.


No obstante, el equipo de Redacción se reserva el derecho de moderar los comentarios, sometiéndolos a una revisión previa a su autorización.


Aquellos comentarios que lesionen el honor de terceros o incluyan expresiones soeces, malsonantes y ofensivas no serán publicados.


Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*